El pueblo de Burgos que lo tiene todo: bodegas subterráneas, un impresionante castillo y una de las farmacias más antiguas de España
El pueblo de Burgos perfecto para disfrutar de historia, leyendas y un castillo imponente, todo ello con sabor a vino.

Burgos está repleto de ciudades, pueblos y paisajes maravillosos, eso lo sabemos todos. Pero hoy venimos a hablar de uno muy especial, una combinación perfecta de historia, piedra y una tradición vinícola de escándalo. Efectivamente, hablamos de Peñaranda de Duero. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1931, esta localidad ofrece al viajero un recorrido por siglos de esplendor, nobleza y tradiciones que no se olvidan con el primer sorbo de vino.
Testigo histórico de Peñaranda
España cuenta con un fuerte patrimonio en torno a los castillos, especialmente en aquellos lugares que fueron Corona de Castilla. Hoy hablamos de esta imponente fortificación burgalesa. Y es que, como buen vigía de la localidad, el Castillo de Peñaranda se alza sobre un cerro dominando el paisaje, como diciendo “aquí estoy yo”. Sus orígenes se remontan al siglo X, cuando se erigió como bastión defensivo durante la Reconquista. Aunque el castillo que hoy contemplamos es fruto de remodelaciones del siglo XV, aún conserva el aura de fortaleza inexpugnable. La Torre del Homenaje, con sus vistas de infarto, guarda un pequeño centro de interpretación que cuenta las gestas medievales de la zona.

Y como en todo castillo que se precie, no falta una leyenda, la cual cuenta la historia de la Cantamora, una princesa mora que fue traída al castillo por un caballero castellano. Como era de esperar, la Cantamora sufría de melancolía por su amada tierra y acabó muriendo de pena. Desde entonces, se dice que todavía se escucha la voz de la Cantamora desde la Torre del Homenaje… Que cada uno crea lo que quiera, lo que está claro es que el sitio impone.

Un conjunto histórico
Pero Peñaranda no es solo su castillo. Más bien es un conjunto de historias que han dejado su legado en las calles del pueblo, como buen pueblo castellano. De hecho, en plena Plaza Mayor se encuentra el Palacio de Avellaneda, residencia de los Condes de Miranda, una de las joyas arquitectónicas del Renacimiento castellano. Construido en el siglo XVI, este palacio es un derroche de arte plateresco y poderío señorial. La fachada ya deja con la boca abierta, pero el interior no se queda corto; patios de doble arquería, techos artesonados, escaleras monumentales… Un despliegue de piedra que demuestra que aquí se vivía a lo grande. Como quien dice, era la finca de lujo del siglo XVI.

Justo enfrente del palacio, como queriendo hacerle sombra, se levanta la Excolegiata de Santa Ana, templo monumental que comenzó a construirse en 1540. Su fachada es un muestrario de escultura religiosa renacentista, y su interior guarda un retablo diseñado por Ventura Rodríguez que es una auténtica maravilla. Si en la época uno quería rezar a lo grande, este era el sitio.

La Plaza Mayor de Peñaranda es un ejemplo de plaza castellana con todas las letras. Porticada, sobria y armoniosa, en su centro se alza el Rollo Jurisdiccional, símbolo del poder que tenía la villa para impartir justicia, hoy considerado como Bien de Interés Cultural en la Categoría de Monumento. Este monumento, del siglo XVI, es uno de los mejor conservados de Castilla y León y un recordatorio de que aquí las decisiones no las tomaban otros, sino los de casa. Si es que ya os avisé que la historia se contaba sola en Peñaranda…

Donde la medicina olía a romero
Entre tantas piedras nobles, también hay lugar para la ciencia. En una calle que lleva su nombre se encuentra la Botica de Peñaranda, una de las farmacias más antiguas de España. Abierta desde el siglo XVIII y gestionada por la misma familia durante ocho generaciones, este local parece un decorado de época. Tarros de cerámica, balanzas, instrumentos de cristal… Aquí la medicina se preparaba con calma, buena mano y un poco de intuición. Hoy se puede visitar como museo, y es una de esas paradas que no te esperas y acaban siendo inolvidables.
Un pueblo con sabor a tinto
Sería pecado hablar de Peñaranda y no mencionar el vino. Bajo las casas del pueblo se extiende una red de bodegas subterráneas que durante siglos se utilizaron para fermentar y conservar los caldos de la Ribera del Duero. Algunas se pueden visitar, como la emblemática bodega La Cárcel, que combina arquitectura popular, historia y degustaciones. Aquí el vino se sirve con cuento y el cuento con vino.
Peñaranda no vive solo de recuerdos. Cada verano acoge el ciclo “Música en el castillo”, que convierte la fortaleza en escenario de conciertos que van del folk al hard rock. También se celebran jornadas históricas, ferias y procesiones que hacen que el pueblo, aunque pequeño, tenga más vida que un avispero en agosto.
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