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El pueblo más bonito de Zamora no es Puebla de Sanabria: es uno colgado sobre los Arribes con cientos de bodegas excavadas en la roca

Este pueblo de Zamora es conocido como el "pueblo de las 1.000 bodegas", y bajo sus calles hay otro pueblo entero tallado a mano en la roca.

El pueblo más bonito de Zamora es uno colgado sobre los Arribes con cientos de bodegas excavadas en la roca

El pueblo más bonito de Zamora es uno colgado sobre los Arribes con cientos de bodegas excavadas en la roca / Istock / Miguel Habano

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Puebla de Sanabria suele acaparar todo el protagonismo cuando se habla de los pueblos más bonitos de Zamora, con su castillo y su casco medieval asomado al lago. Pero al otro extremo de la provincia, pegado casi a la frontera con Portugal, existe otro pueblo que muchos viajeros y guías especializadas consideran incluso más espectacular. Esta villa, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1974, se asoma a los espectaculares cañones del Duero desde una posición privilegiada dentro del Parque Natural de Arribes del Duero, pero su patrimonio más singular se encuentra bajo las calles de su casco antiguo.

Fermoselle tiene más de dos mil años de historia, vinculada tradicionalmente a la elaboración de aceite y vino gracias al microclima propio de la zona, el llamado arribanzo, y en su día llegó a ser uno de los centros neurálgicos del comercio de todo el oeste peninsular. La localidad zamorana estuvo habitada ya en tiempos remotos y por aquí pasaron vetones, visigodos y mozárabes, hasta que en el siglo XI fue reconquistada por tropas leonesas.

La catedral más bonita del mundo está en un lugar olvidado de Zamora: tiene un cimborrio único, un románico de transición y siglos de historia mirando al Duero

Adriana Fernández

El pueblo de las mil bodegas

Con poco más de un millar de habitantes, Fermoselle es conocido como el pueblo de las 1.000 bodegas. La cifra da una idea de la dimensión de un patrimonio que durante siglos estuvo estrechamente ligado a la elaboración y conservación del vino. Muchas de estas galerías fueron excavadas directamente en la roca y algunas se remontan a varios siglos atrás. El origen exacto de esta red sigue siendo, en parte, un misterio.

Fermoselle (Zamora)

Fermoselle (Zamora) / Istock / Miguel Habano

Se desconoce con precisión cuándo empezaron a excavarse las bodegas, aunque existe un documento del siglo XIII que ya deja constancia de su existencia. La temperatura en su interior se mantiene constante entre 12 y 14 grados durante todo el año, el entorno perfecto para la fermentación y la crianza de variedades autóctonas como la Juan García o la Bruñal, que se siguen elaborando hoy en día en algunas de estas cuevas centenarias.

No todas siguen activas. Algunas han quedado abandonadas, otras pertenecen a particulares y un buen número han sido recuperadas para mostrar al visitante cómo era la vida alrededor del vino. Existen distintas visitas guiadas a las bodegas subterráneas, algunas acompañadas de degustaciones de vinos y productos de la zona. Es una de las mejores maneras de comprender hasta qué punto la viticultura ha formado parte de la identidad de la localidad, que forma parte de la Denominación de Origen Arribes.

Fermoselle (Zamora)

Fermoselle (Zamora) / Istock / David Daguerro

Los encantos del pueblo más allá de la vida bajo tierra

Su casco antiguo conserva calles empedradas, viviendas tradicionales y edificios históricos que reflejan su pasado como enclave fronterizo entre España y Portugal. La proximidad de Miranda do Douro ha favorecido durante siglos el intercambio entre ambos territorios, algo que todavía se percibe en las costumbres y la gastronomía local. En el centro del pueblo se encuentra la Plaza Mayor, presidida por la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. También merece una visita el entorno del castillo de Doña Urraca, del que se conservan restos vinculados al pasado medieval de la villa.

Y después llega uno de los grandes motivos para viajar hasta aquí: el paisaje. La localidad se encuentra en uno de los puntos más impresionantes de los Arribes del Duero, donde el río ha excavado durante miles de años profundos cañones en la roca. Los miradores del Torojón y del Castillo permiten contemplar desde las alturas un paisaje de paredes vertiginosas, vegetación y agua. El Mirador de Las Escaleras completa el trío de puntos panorámicos más frecuentados por quienes visitan la villa al atardecer.

Parque Natural de Arribes del Duero

Parque Natural de Arribes del Duero / Istock / Jramosmi

Además, para entender el ecosistema que rodea toda esta impresionante panorámica, el pueblo cuenta con el Centro de Interpretación del Parque Natural de Arribes del Duero, un buen punto de partida antes de perderse por las calles.