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El pueblo más bonito de Toledo no es Consuegra: tiene una plaza porticada Bien de Interés Cultural, una ermita convertida en biblioteca y tres molinos de viento como los de Don Quijote

Al viajar por la Mancha toledana encontramos a nuestro paso los paisajes de Don Quijote, como en este precioso pueblo.

Este pueblo de Toledo es uno de los más bonitos de Castilla-La Mancha

Este pueblo de Toledo es uno de los más bonitos de Castilla-La Mancha / Istock / JJFarquitectos

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Cuando imaginamos a Don Quijote patear las tierras de La Mancha, aparecen en nuestra mente imágenes de lugares como Consuegra, el pueblo de Toledo gobernado por molinos. Al pisar estos lares nos sentimos como el ingenioso hidalgo a lomos de su fiel corcel. Es uno de los rincones más famosos de la provincia y casi de toda Castilla-La Mancha, pero hay otro lugar que lo iguala en belleza y que es mucho más desconocido: Tembleque.

A unos 60 kilómetros de la capital, este pueblo de menos de dos mil habitantes, está declarado Bien de Interés Cultural gracias a su plaza mayor. El centro neurálgico de la villa es una singular muestra de arquitectura castellana que respeta la estructura de los antiguos corrales de comedias, como sucede también en Almagro (Ciudad Real). Es una auténtica joya del barroco popular del siglo XVII, que fue concebida como centro social y plaza de toros.

El pueblo de Toledo que parece sacado de una película Disney

Redacción Viajar

Se inauguró en 1624, en un evento al que acudieron el rey Felipe IV y Francisco de Quevedo. Es de planta rectangular y destaca por las galerías porticadas en tres alturas, así como las columnas toscanas de granito y los antepechos ornamentados por la cruz de San Juan. En la plaza se ubican el torreón-palco para autoridades, la Oficina de Turismo que alberga el Museo Etnográfico y el Ayuntamiento. Aunque quizá lo más llamativo es el pórtico de madera.

La plaza mayor de Tembleque

La plaza mayor de Tembleque / Istock / Antonio Lopez Velasco

Huella de la religiosidad del pueblo

Cuando atraviesas la estructura porticada te encuentras con la plaza de la Orden, un recuerdo de que Tembleque fue territorio controlado por la Orden de San Juan de Jerusalén. Allí mismo y en sus inmediaciones se encontraban los edificios administrativos o residenciales de la Orden, de ahí su nombre. Además, funciona como punto de enlace entre la plaza Mayor y la iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, templo del siglo XVI que combina gótico y renacimiento.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Tembleque

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Tembleque / Istock / Jonathan William Cohen

Su construcción ha de agradecerse al cardenal Cisneros, que quiso agradecer a Tembleque su ayuda en la campaña de Orán en 1509. Cuenta con una bóveda de crucería y una impresionante torre de tres cuerpos coronada por un chapitel. Aunque perdió su monumental retablo durante la Guerra Civil, todavía conserva en su interior las capillas góticas y barrocas. En la línea religiosa también destaca la Biblioteca Pública Municipal, erigida sobre una antigua ermita.

La ermita de la Veracruz, que hoy es Biblioteca y Archivo Municipal

La ermita de la Veracruz, que hoy es Biblioteca y Archivo Municipal / Istock / Antonio Lopez Velasco

Antes que la biblioteca, ahí se ubicaba la ermita de la Veracruz, un edificio muy peculiar del siglo XVI que parece más una torre defensiva que un templo cristiano. Cuando su función religiosa cesó, se convirtió en biblioteca y Archivo Municipal. Su interior moderno no tiene nada que ver con el exterior, que se conserva prácticamente intacto. Y, de nuevo de carácter religioso, continuamos con la ermita de la Purísima Concepción, del siglo XVII.

Un palacio indiano y tres molinos de viento

Algo más alejado del centro está la Casa-Palacio de las Torres, también conocida como palacio de los Fernández Alejo. Al regresar de las Américas en el siglo XVIII con una gran fortuna, Antonio Fernández Alejo decidió levantar una residencia en Tembleque que reflejara su estatus social. Así, la mandó construir siguiendo los modelos de las casas de cargadores a Indias de Cádiz y El Puerto de Santa María, pero adaptado al contexto manchego.

Los molinos de viento de Tembleque

Los molinos de viento de Tembleque / Istock / Rolandocb_efectodron

El último punto de la ruta por Tembleque, como no puede ser de otra manera en uno de los pueblos quijotescos por excelencia, son los molinos de viento. Esos gigantes a los que se enfrentó Don Quijote están ubicados en un cerro cercano. Hoy solo hay tres, pero en el siglo XIX había hasta seis molinos harineros. En el año 2000 se recuperaron sus aspas después de décadas en ruinas. Tal vez porque el hidalgo cervantino las había destrozado en un enfrentamiento.