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El pueblo más bonito de Madrid no es Chinchón: es uno de arquitectura negra de pizarra al que solo se puede subir andando o en bus

Sus calles estrechas, sus antiguas viviendas y el paisaje de la sierra explican por qué se ha convertido en una de las escapadas más conocidas de Madrid.

El pueblo de Madrid que mantiene intacta su arquitectura tradicional de pizarra

El pueblo de Madrid que mantiene intacta su arquitectura tradicional de pizarra / Istock

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La imagen que tengas en mente de Madrid probablemente no se parezca en nada a este rincón de la región a pocos kilómetros de la capital. En Patones de Arriba las casas se agrupan sobre la ladera, construidas con pizarra, piedra y madera, y las calles estrechas hacen que todo se recorra a pie.

Patones de Arriba destaca por sus calles empedradas y estrechas que nos transportan a otra época

Patones de Arriba destaca por sus calles empedradas y estrechas que nos transportan a otra época / Jose Miguel Sanchez / ISTOCK

Piensa en una excursión a un pueblo de la sierra más que en una escapada madrileña, porque aquí la primera pista de lo que te espera aparece antes de llegar a sus casas: el coche se queda abajo y el acceso está restringido a vehículos autorizados. Desde Patones de Abajo hay que continuar andando por la Senda del Barranco o utilizar el transporte público habilitado. El paseo hasta el núcleo histórico apenas alcanza el kilómetro.

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Adriana Fernández

Una arquitectura hecha para la montaña

La pizarra hace que la postal sea ideal por formar un conjunto de casas oscuras, de pequeñas ventanas y tejados inclinados, adaptadas a un terreno escarpado. Todo ello ha hecho que el pueblo fuese declarado en 1999 Bien de Interés Cultural en la Categoría de Conjunto Histórico.

Pero no es un simple elemento decorativo, sino que forma parte de la propia construcción tradicional de Patones de Arriba. Las viviendas históricas utilizan lajas de pizarra tanto en los muros como en las cubiertas, combinadas con madera y otros materiales.

Las viviendas históricas utilizan lajas de pizarra tanto en los muros como en las cubierta

Las viviendas históricas utilizan lajas de pizarra tanto en los muros como en las cubierta / Istock

La disposición del pueblo tampoco está pensada para el tráfico. Las construcciones se fueron acomodando a la pendiente y alrededor de una vía principal. Las viviendas ocupaban la parte inferior; por encima se situaban las construcciones relacionadas con el ganado y, más arriba, las eras.

Por ello, la restricción de acceso en coche no es una peculiaridad pensada únicamente para el visitante. El Ayuntamiento mantiene controlado mediante cámara el acceso de vehículos y las plazas de aparcamiento dentro de Patones de Arriba están reservadas a vecinos y residentes autorizados. Para quienes llegan de fuera, la recomendación oficial es estacionar en Patones de Abajo.

El aparcamiento dentro de Patones de Arriba están reservadas a vecinos y residentes autorizados

El aparcamiento dentro de Patones de Arriba están reservadas a vecinos y residentes autorizados / Istock

Desde allí comienza la subida a pie por la Senda del Barranco por un terreno irregular que combina la piedra caliza del camino con la calzada de pizarra que espera arriba, por lo que el propio municipio aconseja llevar calzado cómodo.

También hay una alternativa para quienes prefieran no hacer la subida caminando. Las líneas de autobús de la zona conectan Patones con otros municipios y la información turística municipal señala el minibús de la línea 913 como opción para llegar a Patones de Arriba.

El origen del pueblo está ligado a una comunidad rural y ganadera

El origen del pueblo está ligado a una comunidad rural y ganadera / Istock

De pueblo ganadero a conjunto histórico

El origen de Patones de Arriba está ligado a una comunidad rural y ganadera que vivía en este enclave de montaña. Con el tiempo, buena parte de los habitantes se trasladó hacia Patones de Abajo, situado en la vega del Jarama. La propia Comunidad de Madrid señala que la mayoría del vecindario del núcleo superior se trasladó allí después de la Guerra Civil y que el abandono del asentamiento original fue prácticamente total durante los años 60.

Ese proceso cambió por completo la función del pueblo. A partir de los años 70 comenzó la llegada de visitantes y la rehabilitación de antiguas viviendas como segundas residencias y establecimientos de hostelería. Patones de Arriba pasó así de ser un pequeño núcleo rural a convertirse en uno de los destinos más conocidos de la Sierra Norte madrileña.