El pueblo más bonito de Lugo no es Ribadeo: es uno que se trasladó piedra a piedra montaña arriba cuando un embalse ahogó el original
Un pueblo de Galicia tuvo que ser trasladado piedra a piedra para no desaparecer bajo las aguas de un embalse: sus vecinos numeraron 16.000 piedras de su iglesia medieval y las trasladaron una a una hasta salvarla.

El pueblo más bonito de Lugo fue trasladado piedra a piedra antes de quedar sepultado por un embalse / Istock / diego_cervo
Ribadeo suele llevarse todo el protagonismo turístico de Lugo, con su ría y su cercanía a la Playa de las Catedrales. Pero tierra adentro, en un punto donde el río Miño serpentea entre colinas, existe un pueblo con una historia tan insólita que ni siquiera necesita competir por la fama: directamente la ha construido desde cero, dos veces. Cuando comenzaron las obras del embalse, el destino de la localidad parecía decidido. Sin embargo, en lugar de abandonar su patrimonio a merced del agua, se optó por desmontar algunos de sus edificios más importantes y reconstruirlos en la nueva ubicación.
Portomarín se sitúa en un rincón donde el Miño dibuja meandros entre las colinas, y aunque su aspecto medieval hace pensar que lleva siglos exactamente igual, la realidad es mucho más extraordinaria: gran parte del pueblo que hoy se visita fue reconstruido, piedra a piedra, en los años sesenta del siglo pasado, después de que el pueblo original quedara sepultado bajo las aguas del embalse de Belesar. La relación del pueblo con los viajeros, además, viene de mucho antes de la construcción de la presa.

Sara Fernández García

El camino francés a la altura de Portomarín (Lugo) / Istock / leodaphne
La localidad continúa siendo una parada destacada del Camino Francés, y los peregrinos atraviesan su término municipal antes de continuar hacia Santiago. El recorrido ofrece una combinación muy particular de paisaje, arquitectura y memoria histórica. Tiene ese ambiente especial que acompaña a las localidades del Camino: peregrinos con la mochila al hombro, plazas donde descansar después de una etapa y una gastronomía que invita a recuperar fuerzas.
Un pueblo sepultado bajo el agua
A mediados de 1957 comenzaron los trabajos para construir el salto de Belesar, una presa pensada para regular el curso del Miño con un muro de hormigón de 136 metros de altura. El proyecto significaba, lisa y llanamente, la desaparición bajo el agua de la villa histórica de Portomarín, formada por dos barrios asentados a ambos lados del río. La antigua villa había sido declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1946, lo que convertía su inminente inundación en una pérdida patrimonial de primer orden.

Portomarín (Lugo) / Istock / Juan-Enrique
Ante ese dilema, el Ministerio de Educación tomó una decisión poco habitual para la época: encargó a la Dirección General de Bellas Artes el traslado de sus edificios más valiosos antes de que las aguas los cubrieran para siempre.El protagonista absoluto de aquel rescate fue un templo con vocación de fortaleza. La Iglesia de San Nicolás, también conocida como de San Juan, fue construida entre finales del siglo XII y principios del XIII por la Orden de San Juan de Jerusalén, y combinaba función religiosa con función defensiva, vigilando desde su posición original el puente que cruzaba el Miño y dando cobijo a los peregrinos del Camino de Santiago que atravesaban la zona.
La reconstrucción de una iglesia medieval
Declarada Monumento Nacional desde 1931, la iglesia había sido testigo de la visita de los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II a lo largo de los siglos. Ante la amenaza de perder para siempre semejante joya, los vecinos decidieron desmontarla piedra por piedra. Se numeraron 16.000 piedras, que fueron recubiertas de escayola y cera para protegerlas durante el traslado; los trabajos duraron dos años, entre 1960 y 1962. ¡Pero hubo más!
La proeza no se limitó a este único edificio: también se desmontaron y reconstruyeron parcialmente la Iglesia de San Pedro (de la que se conservó especialmente la fachada de granito con su portada de arcos de medio punto) y varios pazos señoriales de la villa. El sacrificio de los más de 1.300 habitantes de la antigua villa fue mayúsculo. Hoy, cuando el nivel del embalse baja lo suficiente por sequía o labores de mantenimiento, todavía pueden verse las ruinas de la antigua villa sumergida bajo las aguas.

Iglesia de San Pedro en Portomarín / Wikimedia Commons
Uno de los lugares desde los que mejor se aprecia el entorno es el Miradoiro de San Pedro, con vistas abiertas hacia el embalse de Belesar y las montañas que rodean el municipio. Es entonces cuando la historia se vuelve especialmente visible. Bajo las aguas permanecen las huellas de aquella villa que tuvo que dejar paso al embalse, mientras en lo alto de la colina continúa en pie una versión reconstruida del pueblo que consiguió conservar parte de su patrimonio.
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