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El pueblo más bonito de Guadalajara no es Sigüenza: es la villa ducal donde vivió encerrada una princesa y se custodian los tapices que ha admirado medio mundo

Esta villa alcarreña, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1966, alberga el Palacio Ducal inconcluso y tesoros textiles flamencos del siglo XV.

Este pequeño pueblo esconde una de las historias más espectuaculares de Guadalajara.

Este pequeño pueblo esconde una de las historias más espectuaculares de Guadalajara. / Istock

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Durante once años hubo una ventana que funcionó como frontera. Al otro lado estaba el mundo; dentro, Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli. Por mandato del rey, un guardia abría aquella ventana una sola vez al día y durante exactamente una hora. Ni el frío, ni la lluvia, ni la nieve alteraban la rutina. Cumplido el tiempo, volvía a cerrarla. Poco importaba que tras las rejas viviera una mujer emparentada con algunas de las familias más poderosas de Castilla, aquel breve permiso cotidiano terminó siendo tan célebre que dio nombre al espacio que se extiende ante el palacio: la Plaza de la Hora.

Paseo por el Casco Antiguo de Pastrana

Paseo por el Casco Antiguo de Pastrana / Istock

Muy cerca, en la que fue sacristía mayor de la colegiata, cuatro tapices monumentales despliegan otra historia. Cada paño ronda los once metros de longitud y fue tejido en Flandes durante el último cuarto del siglo XV con lana y seda de una calidad excepcional. En su tiempo, una pieza semejante podía alcanzar un precio comparable al de tres carabelas. Antes de regresar definitivamente a Pastrana viajaron por ciudades de Europa y Estados Unidos, desde Bruselas y Lisboa hasta Washington o Dallas. Desde hace más de una década vuelven a colgar en el lugar al que pertenecen.

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Adriana Fernández

Ese lugar, donde conviven una prisión principesca, un palacio inconcluso y algunas de las mejores piezas del arte textil flamenco conservadas en España, es Pastrana.

De un asentamiento celtíbero al encierro de la princesa de Éboli

En la comarca de La Alcarria, Pastrana se encuentra a unos 45 kilómetros al sureste de Guadalajara y a menos de cien de Madrid. Desde 1966 está declarada Conjunto Histórico-Artístico, aunque para entonces la villa llevaba ya muchos siglos reuniendo episodios suficientes como para llenar varios capítulos de la historia de Castilla.

Convento de La Concepción

Convento de La Concepción / Istock

Sus orígenes conocidos se remontan a un asentamiento celtíbero que fue sometido en el año 180 a. C. por el pretor romano Tiberio Sempronio Graco, y aproximadamente un siglo más tarde, el cónsul Paterniano reconstruyó el enclave y lo bautizó como Paternita, un nombre que, transformado con el paso de los siglos, acabaría derivando en el actual Pastrana. La villa medieval tomó forma ya en el siglo XIII, bajo la influencia de la Orden de Calatrava, que administraba buena parte del territorio desde la fortaleza de Zorita, pero su gran cambio llegó en el siglo XVI, cuando Ana de la Cerda compró la villa y encargó a Alonso de Covarrubias la construcción del Palacio Ducal. Más tarde, Felipe II convirtió Pastrana en ducado y lo concedió a Ruy Gómez de Silva y Ana de Mendoza, la princesa de Éboli.

Detalle de un balcón metálico del Palacio Ducal de la princesa Eboli

Detalle de un balcón metálico del Palacio Ducal de la princesa Eboli / Istock

Un palacio renacentista detenido a mitad de obra

El Palacio Ducal es uno de los edificios más emblemáticos de Pastrana. Diseñado por Alonso de Covarrubias en el siglo XVI, presenta una arquitectura renacentista sobria y monumental, con planta cuadrada, cuatro torres en las esquinas y una fachada de piedra casi sin decoración.

Palacio Ducal

Palacio Ducal / Wikicommons / Luis Rogelio HM

En su interior todavía se conservan elementos originales de gran valor, como los artesonados platerescos y los zócalos de azulejos toledanos de tradición mudéjar. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a completarse debido a problemas legales y económicos, por lo que el palacio permaneció inacabado durante varios siglos.

Muy cerca se encuentra la colegiata de Nuestra Señora de la Asunción, otro de los grandes monumentos de Pastrana. Su origen se remonta al siglo XIV, aunque fue ampliada posteriormente durante los siglos XV y XVII. Desde 1569 tiene categoría de colegiata.

Vista de la colegiata de Nuestra Señora de la Asunción en Pastrana.

Vista de la colegiata de Nuestra Señora de la Asunción en Pastrana. / Istock

En su antigua sacristía se encuentra actualmente el Museo Parroquial de Tapices. Su principal tesoro son cuatro grandes tapices flamencos del siglo XV que representan las campañas militares del rey portugués Alfonso V en el norte de África, con escenas de desembarcos, asedios y batallas representadas con enorme detalle.

Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y una princesa convertida en monja

Pastrana mantiene una fuerte vinculación con la reforma carmelita. En 1569, Santa Teresa de Jesús fundó dos conventos con el apoyo de los príncipes de Éboli: el del Carmen, para hombres, donde San Juan de la Cruz fue maestro de novicios, y el de San José, destinado a mujeres.

Convento de La Concepción-Pastrana

Convento de La Concepción-Pastrana / Istock

Tras enviudar, la princesa de Éboli ingresó en el convento de San José, pero sus enfrentamientos con Teresa de Jesús y con la comunidad fueron tan intensos que las religiosas terminaron abandonando Pastrana y trasladándose a Segovia. Hoy, parte de aquel convento alberga el Cenador de las Monjas, un restaurante de cocina alcarreña que reabrió tras un cierre temporal en 2024.

Ermita del Sagrado Corazón, Pastrana

Ermita del Sagrado Corazón, Pastrana / Istock / Enrique Arche Laguna 630.277131

El casco histórico conserva numerosas casas señoriales, como la Casa del Caballero Calatravo, el Palacio de los Burgos o la Casa de la Inquisición. Entre sus espacios más destacados está la Plaza de los Cuatro Caños, con una fuente de 1588, además del Palacio Viejo, antigua hospedería de la Orden de Calatrava.

Fuente de los Cuatro Caigulos iluminada al atardecer

Fuente de los Cuatro Caigulos iluminada al atardecer / Istock

Pastrana también tiene una notable huella cultural. Leandro Fernández de Moratín pasó temporadas en la villa, mientras que Camilo José Cela recorrió la comarca para su Viaje a la Alcarria. Además, aquí nació el pintor Juan Bautista Maíno, cuyas obras forman parte de la colección del Museo del Prado.

Miel, cabrito y migas entre calles de piedra

La gastronomía completa la visita a Pastrana con algunos de los sabores más característicos de La Alcarria. Destaca especialmente su miel con Denominación de Origen, junto a platos tradicionales como el cabrito asado, las migas alcarreñas y las yemas de Santa Teresa.

Entre calles estrechas, conventos y edificios de piedra, el pueblo conserva una atmósfera pausada que invita a recorrerlo sin prisas y a detenerse en sus pequeños comercios y restaurantes.

Antes de marcharse, el Palacio Ducal vuelve a convertirse en una parada imprescindible. Allí permanece la habitación donde Ana de Mendoza pasó sus últimos años de reclusión, marcada por una ventana enrejada que resume buena parte de su historia.