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El pueblo más bonito de España, según Jesús Calleja, está repleto de cascadas que bajan entre las casas: "Hay que visitarlo una vez en la vida"

Un aventurero que ha subido al Everest y que ha viajado por los lugares más inhóspitos y espectaculares del planeta cuenta, sin matices, que un pueblo de 50 habitantes es uno de los lugares que no pueden faltar en los viajes de nadie. Un rincón de Burgos donde el agua manda desde hace siglos.

Este pueblo de Burgos ha enamorado al famoso aventurero Jesús Calleja.

Este pueblo de Burgos ha enamorado al famoso aventurero Jesús Calleja. / Istock / MEDIASET

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Ha volado sobre glaciares, ha subido hasta lo más alto de la Antártida y está reconocido como uno de los grandes viajeros y aventureros de España. Y, aun así, se ha detenido varias veces a hablar de este lugar concreto enclavado en Burgos. Tal es su fascinación por el lugar que llegó a reconocer en redes que este pequeño pueblo de apenas 50 habitantes era un lugar "que había que visitar al menos una vez en la vida". Un pueblo que hasta hace unos años vivía casi de espaldas al turismo y que, ahora, se ha convertido en uno de los lugares soñados para cualquier viajero que se precie. El nombre de este pueblo ya te sonará, y no es para menos: Orbaneja del Castillo.

En este pueblo de Burgos mandan las cascadas.

En este pueblo de Burgos mandan las cascadas. / Istock / Miguel Angel Redondo Galvan

El pueblo en el que manda el agua

La escena que ha hecho famoso a este pueblo no es un edificio, ni una plaza, ni un gran monumento. Es el agua cayendo y corriendo entre las casas. Una particularidad que le debe al arroyo que nace en la Cueva del Agua y que baja hasta el Ebro salvando varios escalones de piedra caliza. Uno de ellos llega a medir hasta 20 metros de altura y es visible desde la parte baja del pueblo. Un único curso de agua que se desempeña en varios saltos de agua y que hace una cosa mágica en este pueblo: parece que todo está construido para dejar que el agua fluya sin complicaciones por los alrededores de sus casas.

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Calleja ha hablado de este lugar en más de una ocasión, pero uno de sus momentos favoritos para revisitarlo es el invierno, cuando las lluvias hinchan su caudal. Lo dijo con las siguientes palabras: "A mí me parece espectacular la cascada de Orbaneja del Castillo". Y no lo dijo como una frase suelta: la enmarcó en una reflexión sobre el propio fenómeno atmosférico que alimenta la cascada. "La lluvia siempre es vida. Yo soy feliz cuando llueve", explicó antes de señalar a Burgos como la provincia donde ver algunas de las cascadas más bonitas de España. En otro vídeo grabado frente a las cascadas, y que el mismo publicó en sus redes sociales dijo las palabras que definen a la perfección lo que se siente al viajar a este pueblo: "Os recomiendo que hagáis lo mismo [que lo visitéis], porque vais a flipar".

Vista del pintoresco pueblo de Orbaneja del Castillo.

Vista del pintoresco pueblo de Orbaneja del Castillo. / Istock / @jjfarquitectos

Uno de los mejores momentos para visitar la cascada, sin embargo, es en primavera. El deshielo y las lluvias recientes hacen que el caudal se multiplique exponencialmente convirtiendo este espectáculo visual en, también, un espectáculo sonoro: el fluir del agua se convierte en la banda sonora permanente del pueblo. Aun así... si estás pensando en una escapada para septiembre también estarás acertando con la época debido a su particular orografía: la Cueva del Agua, la que nutre estas cascadas, mantiene un caudal constante durante todo el año que permite disfrutar del espectáculo vayas cuando vayas.

Lo que no se ve: 25 kilómetros de cuevas bajo el pueblo

Orbaneja del Castillo es, además, mucho más que sus fotografiadas cascadas: la Cueva del Agua no es un simple nacimiento de manantial. Este forma parte de un sistema kárstico de más de 25 kilómetros de longitud, uno de los más extensos de Castilla y León con cinco cavidades principales: la Cueva del Agua, Barbancho, Socueto, Níspero y el sumidero del Aguanal. Lo que el visitante ve al llegar el pueblo, esa lámina de agua cayendo entre las casas, es apenas la salida de una red que los espeleólogos llevan décadas cartografiando.

Orbaneja del Castillo en la provincia de Burgos

Orbaneja del Castillo en la provincia de Burgos / Istock

El pueblo, dividido en dos barrios por el propio curso del arroyo (llamados Villa y Puebla), se levanta con piedra caliza y toba, con solanas de madera que se asoman al cañón del Ebro. Y el cañón, a su vez, cuenta una historia mucho más larga que la del caserío actual: en la cueva del Níspero hay restos de ocupación del Paleolítico y en la cueva del Azar, por ejemplo, se conservan pintar rupestres. Durante la Edad Media convivieron aquí población musulmana, cristiana y judía, y un ramal del Camino de Santiago cruzaba la zona bajo la protección, según la tradición local, de los caballeros templarios.

La cascada de Orbaneja del Castillo, con mucho caudal.

La cascada de Orbaneja del Castillo, con mucho caudal. / Istock / Oskar Calero

Los Reyes Católicos acabarían concediendo a Orbaneja del Castillo el título de villa. Todo ese recorrido, del Paleolítico al medievo, terminó reconocido en 1993, cuando la localidad fue declarada Conjunto Histórico-Artístico por su arquitectura popular y su encaje singular en el paisaje kárstico.

Alrededores, senderos y una mesa con vistas al cañón

A quince minutos de Orbaneja, en Covanera, el agua vuelve a ser protagonista, aunque de una forma mucho menos accesible. Allí está el Pozo Azul, considerada la cueva subacuática más larga del mundo por recorrido lineal sumergido, con más de catorce kilómetros explorados y un récord mundial de espeleobuceo vigente desde 2010; entre los especialistas se la conoce como "el Everest del espeleobuceo".

Calle de Orbaneja del Castillo.

Calle de Orbaneja del Castillo. / Istock / I.Iba#ez

El acceso a pie hasta la surgencia fácil, pero no hay que confundir esa facilidad con la del interior: el tramo sumergido es exclusivo para buceadores expertos y entraña riesgos serios para cualquiera que se aventure sin la preparación adecuada. Quien quiera hacer algo más que fotografiar la superficie turquesa desde la orilla tiene, eso sí, opciones más amables: la Senda de los Chozos, un recorrido de unos cinco kilómetros sin apenas dificultad entre construcciones pastoriles de piedra seca, o la ruta circular que enlaza el mirador conocido como el Beso del Camello con la propia cascada y las ruinas del castillo que da nombre al pueblo, algo menos de seis kilómetros con un desnivel moderado. Quien prefiera un paseo más largo puede engancharse al Camino Natural GR-99 en dirección a Turzo, siguiendo el trazado del cañón.

Después de caminar, el pueblo tiene su propia recompensa gastronómica. En un edificio de 1789 que fue corral de ganado y más tarde hornera de pan, la Taberna El Risco sirve, con vistas directas al tajo del Ebro, una cocina de morcilla de Burgos, queso de oveja de Sasamón, chorizo de Villarcayo y chuletón a la piedra que muchos visitantes reservan como cierre casi obligado de la jornada.