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El pueblo más bonito de la Costa Brava no es Calella: es un enclave en Girona con dólmenes prehistóricos, un antiguo poblado ibero y una importante villa romana

Puede parecer un pueblo marinero más, pero con solo un kilómetro de costa, esta villa es el mejor resumen de la historia del Mediterráneo y sus civilizaciones, hasta el día de hoy.

Llafranc, el pueblo más excluviso y con más historia de la Costa Brava.

Llafranc, el pueblo más excluviso y con más historia de la Costa Brava. / Istock

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Desde fuera, este pueblo costero puede parecer simplemente otro pequeño enclave elegante más de todos los que salpican la Costa Brava, pero si nos fijamos un poco más y nos detenemos en los detalles, descubrimos un lugar lleno de historia que se remonta miles de años atrás: dólmenes prehistóricos, un poblado ibero, una importante villa romana, piratas, pescadores, fareros y, ya en el siglo XX, escritores y artistas.

Llafranc, el pueblo más excluviso y con más historia de la Costa Brava

Llafranc, el pueblo más exclusivo y con más historia de la Costa Brava / Istock

Con todos esos antecedentes, cualquiera podría pensar que se trata de un pueblo que vive anclado en el pasado (motivos no le faltan, sin duda). Sin embargo, la realidad de Llafranc es otra muy distinta: hoy, en pleno siglo XXI, es el pueblo que presume de tener el turismo sofisticado de la Costa Brava. El más exclusivo y el más caro, también.

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Adriana Fernández

El pueblo más elegante y sofisticado de la Costa Brava

Llafranc pertenece al municipio de Palafrugell, en el Baix Empordà, y forma junto con Calella de Palafrugell y Tamariu uno de los tramos más bellos de la Costa Brava. Su imagen actual es muy mediterránea: una bahía bastante recogida, playa de arena, casas blancas, paseo marítimo y el promontorio de Sant Sebastià elevándose al norte. Pero lo fascinante es que este paisaje lleva siendo habitado desde hace miles de años.

Forma parte de uno de los tramos más bonitos de la Costa Brava

Forma parte de uno de los tramos más bonitos de la Costa Brava / Istock

Mucho (muchísimo) antes de que llegaran los turistas, fue descubierto por aquellos que habitaron la zona en el Neolítico, hace unos 4500 años aproximadamente. De aquella presencia humana han llegado restos hasta nuestros días como el dolmen de Can Mina dels Torrents.

Después llegarían los íberos, que se asentaron en el promontorio de Sant Sebastiá de la Guarda, ese que está sobre Llafranc, zona que ocuparon entre los siglos V y I a.C. como muestra el yacimiento arqueológico que ha llegado hasta nuestros días. Fuero los romanos, que llegaron después, quienes convirtieron esta zona de la Costa Brava en un centro de producción de vino y de cerámica.

Zona muy deseada incluso para los piratas de la época

Durante siglos, la costa catalana estuvo expuesta a ataques de piratas y corsarios. Por eso, en lo alto de Sant Sebastià se construyó una torre de vigilancia, fechada en el siglo XV. Aunque fue en el siglo XIX cuando se construyó el gran icono de Llafranc: el faro de Sant Sebastià, inaugurado en 1857 y situado a casi 170 metros sobre el nivel del mar.

Es el gran símbolo de Llafranc-

Es el gran símbolo de Llafranc- / Istock

Es uno de los faros más emblemáticos de la Costa Brava y, sobre todo, uno de los lugares desde donde se entiende realmente la geografía de Llafranc: abajo queda la pequeña bahía y hacia el horizonte se despliega el Mediterráneo. De hecho, el camino de ronda que parte de Llafranc permite enlazar el paisaje de la bahía con Sant Sebastià y continuar hacia Tamariu, otro de los pueblos más bonitos de la zona, junto con Calella de Palafrugell, el gran símbolo de la costa.

La llegada del turismo de lujo

La transformación definitiva del destino se produjo en el siglo XX. Los primeros turistas empezaron a llegar aproximadamente en los años 30, pero el gran cambio se produjo a partir de los años 50 y 60. Al mismo tiempo que Palafrugell experimentaba el boom turístico y la costa comenzaba a llenarse de segundas residencias, Llafranc adquirió entonces una fama de destino sofisticado y cosmopolita, convirtiéndose en lugar de referencia para la alta sociedad catalana y el famoseo de la época.

Encanto y sofisticación en estado puro.

Encanto y sofisticación en estado puro. / Istock / PAWEL KAZMIERCZAK

Sophia Loren, Rock Hudson, Kirk Douglas, Elizabeth Taylor, Joan Manuel Serrat, Paco de Lucía o Antonio Gades fueron algunos de los personajes que se dejaron caer por allí. Casi un siglo después, la fama del destino lejos de decaer no ha hecho más que seguir creciendo, hasta el punto de convertirse en el destino más exclusivo de la costa. No es de extrañar que a Llafranc se le conozca como el Saint Tropez español.