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El pueblo más bonito de Castilla-La Mancha no es Almagro, es la tumba de Quevedo: con menos de 5.000 habitantes, es Conjunto Histórico y el "lugar de la Mancha" del Quijote

Con menos de 4.800 habitantes, este municipio de Ciudad Real reúne un Conjunto Histórico completo, la tumba redescubierta de uno de los genios del Siglo de Oro y una hipótesis literaria que los filólogos llevan décadas discutiendo.

Pocos lo conocen, pero es una de las grandes joyas de Castilla-La Mancha.

Pocos lo conocen, pero es una de las grandes joyas de Castilla-La Mancha. / Istock

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Hay un lugar en el centro de España donde un escritor llegó a morir hace casi cuatro siglos y donde, durante más de trescientos años, nadie supo dónde habían quedado sus restos. Se dieron por perdidos, mezclados en una fosa común, hasta que en 2007 aparecieron de nuevo. Hoy pueden visitarse, igual que la celda del convento donde falleció, con su cama, su escritorio y un poema que escribió cuando ya sabía que no saldría de allí.

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Adriana Fernández

Ese mismo lugar aparece, además, en el otro gran expediente abierto de la literatura española: el de identificar el pueblo exacto de cuyo nombre Cervantes "no quiso acordarse" al abrir el Quijote. La Universidad Complutense de Madrid lo señaló entre los candidatos con más peso, aunque la cuestión sigue sin resolverse y probablemente no se resuelva nunca del todo. El municipio es Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real, capital histórica del Campo de Montiel y uno de los puntos centrales de la Ruta del Quijote. Con 4.733 habitantes según el último padrón del INE, fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1974, y conserva un patrimonio del Siglo de Oro -casonas blasonadas, patios renacentistas, urbanismo barroco manchego- que resulta desproporcionado para su tamaño actual. La explicación está en su pasado: durante los siglos XVI y XVII fue la villa más importante de la comarca, y ese esplendor quedó fosilizado en cada esquina.

Soportales de la Plaza Mayor de la localidad de Villanueva de los Infantes

Soportales de la Plaza Mayor de la localidad de Villanueva de los Infantes / Istock

La celda donde murió un genio que estuvo perdido durante siglos

Francisco de Quevedo y Villegas llegó a Villanueva de los Infantes en abril de 1645, ya gravemente enfermo, desde su señorío de Torre de Juan Abad, a unos 20 kilómetros. Buscaba cuidados médicos que no llegó a tiempo de recibir del todo: murió en el Convento de Santo Domingo el 8 de septiembre de 1645.

La celda donde falleció está abierta al público. Se conserva el lecho, el escritorio y un poema enmarcado que el propio Quevedo escribió allí cuando presentía el final. Las antiguas dependencias del convento albergan hoy una hostería, desde la que se accede a la estancia. En el refectorio, la exposición de la Fundación Francisco de Quevedo reúne manuscritos y firmas del autor, el documento que lo acreditaba como Señor de Torre de Juan Abad, litografías de Dalí inspiradas en su figura, sellos y monedas, billetes de 25, 50 y 100 pesetas con su efigie, un cómic sobre su vida y un retrato pintado por Cipriana Álvarez, abuela paterna de los hermanos Machado.

Arco de la plaza mayor de Villanueva de los Infantes

Arco de la plaza mayor de Villanueva de los Infantes / Istock

El dato que distingue a Villanueva de los Infantes de cualquier otra ruta literaria es este: la tumba de Quevedo se dio por perdida durante siglos. Sus restos acabaron mezclados en una fosa común de la iglesia de San Andrés y no fueron identificados de nuevo hasta 2007. Hoy pueden visitarse en ese mismo templo. Desde 1981, el claustro de ladrillo mudéjar del convento acoge cada año, en el marco de la Feria y Fiestas de finales de agosto, el Certamen Poético Internacional "Francisco de Quevedo", organizado por la Orden Literaria homónima -en 2026 llega a su XLIV edición-, con una ceremonia de investidura que reproduce el ceremonial del siglo XVII.

Detalles arquitectónicos del interior de la iglesia de San Andrés en la localidad de Villanueva de Los Infantes

Detalles arquitectónicos del interior de la iglesia de San Andrés en la localidad de Villanueva de Los Infantes / Istock

El propio convento tiene su historia: se fundó en 1526 bajo el mecenazgo de Juan López Garci-Fernández y quedó bajo la orden de los dominicos. Con la desamortización de Mendizábal, en 1844 fue clausurado y vendido al Estado -salvo la iglesia y la sacristía-, que lo convirtió en escuela pública hasta 1979. Su claustro conserva arcos de medio punto sobre pilares con pilastras toscanas, y la iglesia, del siglo XVII, tiene planta de cruz latina con tres capillas laterales, retablo barroco y frescos.

Un conjunto monumental tejido con el Quijote

Más allá de Quevedo, Villanueva de los Infantes es, en sí misma, un museo urbano al aire libre. La Plaza Mayor, rectangular y porticada, con soportales de piedra neoclásicos, sigue siendo el centro de la vida del pueblo. La iglesia de San Andrés -donde hoy descansa Quevedo- tiene tres portadas: dos platerescas y la principal, de estilo clasicista, flanqueada por columnas dóricas y con el escudo de los Austrias. Su interior guarda bóvedas de crucería y varias capillas.

Columnas antiguas en la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes

Columnas antiguas en la Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes / Istock

La iglesia de las dominicas de la Encarnación conserva una portada considerada un antecedente relevante de las portadas-retablo del Barroco español. A eso se suman la Alhóndiga -antigua casa de contratación y cárcel-, la Casa de los Estudios, el Palacio de Rebuelta -casona renacentista de la familia García del Busto- y la Casa del Caballero del Verde Gabán, que toma su nombre de un personaje del Quijote. La calle Cervantes, que arranca en la Plaza Mayor, es el eje principal de la villa.

Villanueva de los Infantes, Ciudad Real

Villanueva de los Infantes, Ciudad Real / Wikicommons / Rafael Tello

Y ahí entra la otra gran cuestión: la de si este es el famoso "lugar de la Mancha" del que Cervantes no quiso acordarse. No es un hecho probado -no hay documento ni consenso académico definitivo-, sino una hipótesis que numerosos estudios, entre ellos uno impulsado desde la Universidad Complutense de Madrid, sitúan entre las más sólidas. Existen otras candidaturas defendidas por otros investigadores, y el debate sigue abierto. Lo que sí es verificable es que por sus calles pasaron Quevedo, Cervantes y Lope de Vega, y que pocos lugares de España concentran tanto patrimonio del Siglo de Oro en un núcleo de menos de cinco mil habitantes.

Cómo llegar, visitar y qué comer en el Campo de Montiel

Villanueva de los Infantes está a 92 kilómetros de Ciudad Real capital y a 220 kilómetros de Madrid, con buena conexión por carretera desde la A-4 y la N-430. No cuenta con estación de tren propia, así que la opción más práctica es el coche.

El Convento de Santo Domingo, con la celda de Quevedo y la exposición de la Fundación, abre según el horario de la oficina de turismo municipal: lunes de 11:00 a 14:00h, martes cerrado, y de miércoles a domingo de 11:00 a 14:00h y de 16:00 a 19:00h. La entrada es gratuita o de coste simbólico según la temporada. La tumba de Quevedo, en la iglesia de San Andrés, puede visitarse dentro del recorrido habitual del templo.

Detalles arquitectónicos de la portada de la iglesia de San Andrés, de estilo plateresco, en la localidad de Villanueva de Los Infantes

Detalles arquitectónicos de la portada de la iglesia de San Andrés, de estilo plateresco, en la localidad de Villanueva de Los Infantes / Istock

Quien quiera prolongar la ruta quevediana puede acercarse a Torre de Juan Abad, el antiguo señorío del escritor, a 20 kilómetros, y combinar la visita con otras paradas de la Ruta del Quijote por el Campo de Montiel. Para comer, Restaurante La Plaza 40, en pleno corazón de la Plaza Mayor, ofrece cocina manchega tradicional: perdiz en escabeche, pisto manchego, asadillo de pimientos, gachas manchegas y duelos y quebrantos, además de queso manchego con D.O.P. y aceite del Campo de Montiel, también con denominación de origen.