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El pueblo más bonito de Burgos no es Frías: es una villa declarada Conjunto Histórico-Artístico donde está enterrada una princesa noruega del siglo XIII

Pocos pueblos reúnen tantas leyendas, belleza y episodios medievales como esta villa de Burgos que se sitúa a casi 3.000 kilómetros de los fiordos noruegos, desde donde cada año cientos de turistas viajan para peregrinar la tumba de una princesa del siglo XIII.

La villa declarada de Burgos declarada Conjunto Histórico-Artístico donde está enterrada una princesa noruega

La villa declarada de Burgos declarada Conjunto Histórico-Artístico donde está enterrada una princesa noruega / Istock / Felipe Rodriguez

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La historia de este pueblo se remonta mucho más atrás de la Edad Media. Existen vestigios de ocupación desde la Prehistoria y el territorio también estuvo habitado durante época romana. De aquellos siglos queda, entre otros testimonios, un antiguo puente sobre el río Arlanza. Después llegaron los visigodos y, según la tradición histórica de la villa, se impulsó en el siglo VII una primera reorganización del enclave, levantando una iglesia en el lugar donde posteriormente se construiría la Colegiata de San Cosme y San Damián. ¿Te suena de algo?

Se llama Covarrubias, y aunque Frías suele llevarse buena parte de la fama turística de la provincia con su castillo colgado sobre el pueblo, hay quien defiende que la auténtica joya escondida de Burgos es esta villa amurallada, conocida como la Cuna de Castilla. Y curiosamente, la razón de tanta bandera nórdica tiene nombre propio: Kristina de Noruega, una princesa vikinga que llegó hasta aquí en el siglo XIII y que nunca más se marchó, ni siquiera después de muerta.

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Fue durante la Edad Media cuando el pueblo adquirió un protagonismo extraordinario. El conde Fernán González convirtió la localidad en uno de los puntos estratégicos y mandó levantar un torreón defensivo que todavía hoy es uno de los grandes símbolos del pueblo. Covarrubias fue declarada Conjunto Histórico-Artístico Nacional en 1965. Pero la auténtica joya es la anteriormente mencionada Colegiata de San Cosme y San Damián: un templo que conserva elementos románicos y un importante patrimonio artístico, con obras atribuidas a artistas y talleres de distintas épocas. En su interior descansan miembros de la familia de Fernán González y destaca el sepulcro gótico de Kristina de Noruega, la princesa llegada a Castilla para casarse con el infante Felipe, hermano de Alfonso X el Sabio.

El casto histórico de Covarrubias (Burgos)

El casto histórico de Covarrubias (Burgos) / Istock / Miguel Habano

La princesa que vino de los fiordos

Kristina Håkonsdatter nació en Bergen, Noruega, en 1234, hija del rey Haakon IV. Su historia empieza con una negociación de estado en toda regla: fue el propio Alfonso X el Sabio quien pactó su matrimonio con uno de sus hermanos solteros, buscando estrechar lazos entre Castilla y el reino noruego. Entonces, con solo 23 años, Kristina zarpó desde el puerto de Tønsberg en 1257 cargada de oro, plata y pieles, y cruzó el Mar del Norte, el Canal de la Mancha y parte de Francia antes de entrar en España por Girona.

El elegido fue el infante Felipe, que había sido abad de la Colegiata de Covarrubias antes de que Alfonso X le dispensara de sus votos religiosos para poder casarse. La boda se celebró el 31 de marzo de 1258. La pareja se instaló en Sevilla, pero el destierro de Kristina de su tierra natal tuvo un final amargo: murió pocos años después, sin descendencia por motivos desconocidos. Su marido decidió entonces enterrarla en Covarrubias.

La Colegiata de Covarrubias (Burgos)

La Colegiata de Covarrubias (Burgos) / Istock / Juan Miguel Cervera Merlo

¡Pero todavía hay más! Lo más fascinante de esta historia es lo que ocurrió después. El sarcófago de Kristina quedó relegado al olvido en un rincón del claustro de la Colegiata durante siglos, sin que nadie le prestara demasiada atención. No fue hasta 1958 cuando el párroco local identificó oficialmente el sepulcro y colocó una lápida conmemorativa en homenaje a la difunta. Lejos de quedar en una simple anécdota histórica, la memoria de Kristina se ha convertido en parte esencial de la identidad del pueblo.

Un lugar de peregrinación

En 1978 se colocó frente a la Colegiata una estatua en bronce de la princesa, donada por la ciudad noruega de Tønsberg. Siete siglos después de su muerte, en 1992 se creó la Fundación Princesa Cristina de Noruega, con el objetivo de mantener vivo el vínculo entre ambos países y cumplir, siglos después, un deseo que la propia princesa había expresado en vida: según recoge la Saga de Haakon Haakonarson, Kristina pidió que se construyera una iglesia en honor a San Olav, patrón de Noruega, y el infante Felipe se lo prometió.

La estatua de la princesa Kristina de Noruega en Covarrubias (Burgos)

La estatua de la princesa Kristina de Noruega en Covarrubias (Burgos) / Istock / Juan Miguel Cervera Merlo

Ese deseo se cumplió finalmente en pleno siglo XXI, con la construcción de la Ermita de San Olav a tres kilómetros de la Colegiata, un templo de estética nórdica, con madera y metal, que contrasta con la piedra castellana del resto del pueblo. A día de hoy, cada año, cientos de turistas y peregrinos noruegos siguen llegando hasta aquí para honrar la memoria de su princesa perdida.

Más allá de la leyenda: descubre la Cuna de Castilla

El otro gran protagonista de Covarrubias es el Torreón de Fernán González, también conocido como Torreón de Doña Urraca. Se trata de una construcción mozárabe del siglo X, considerada la primera edificación defensiva castellana, con una altura de 22 metros y una característica forma de pirámide truncada. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico y la leyenda popular asegura que en su interior fue encerrada Urraca, hija del propio Fernán González, castigada por enamorarse de un pastor en lugar de aceptar el matrimonio que su padre había pactado para ella.

La puerta de Doña Urraca

La puerta de Doña Urraca / Istock / JanoCalvo

También merece una parada el edificio que albergó el Archivo del Adelantamiento de Castilla, construido por orden de Felipe II y situado sobre una de las antiguas puertas de la muralla. Fuera del casco histórico, el paisaje invita a alargar la escapada por el río Arlanza, por donde aparecen lugares como Santo Domingo de Silos, el monasterio de San Pedro de Arlanza o Lerma.