El pueblo más bonito y barato al que viajar en noviembre está en Teruel: rodeado por una muralla del siglo X, en su centro se erige un castillo de origen musulmán
Con estrechas calles empedradas rodeadas de antiguas casas pintorescas, desde 1996 posee la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes.

Una de las ventajas de vivir en el país que vivimos es que, repartidos a lo largo y ancho del territorio español, podemos encontrar incontables pueblos repletos de belleza, y los que, además, podemos visitar por un precio muy económico.

A poco más de media hora en coche de la ciudad de Teruel, a orillas del río Guadalaviar, se halla uno de los pueblos más bonitos de España (es miembro, desde su creación, de la asociación de los Pueblos más Bonitos de España), y que desde 1961 está declarado Monumento Nacional.
Ocupada primero por los romanos, y más tarde por los musulmanes, la localidad medieval de Albarracín es el destino ideal para disfrutar de una escapada este noviembre.
Los imprescindibles de Albarracín
Con una población ligeramente superior a los 1.000 habitantes, el pueblo de Albarracín goza de una cantidad inmensa de sitios de interés que merecen mucho la pena ser descubiertos, desde sus callejuelas empinadas rodeadas de casas rojizas construidas con pino rodeno, hasta monumentos de inmensurable valor artístico e histórico, como la alcazaba o la catedral.

Dando un paseo por sus encantadoras calles llegarás hasta la Plaza Mayor, asentada sobre un primitivo foso de la muralla que se rellenó en el siglo XI. Considerada como centro neurálgico de la ciudad, en la plaza se hallan la Casa Consistorial, cuya referencia documental de mayor antigüedad es del siglo XIV, y la casa del balcón esquinero, conocida desde principios del siglo XVII.
Un rincón con mucho encanto escondido en el pueblo es la Plaza de la Comunidad, conocido también como el Rincón del Abanico. Con un impresionante juego de volúmenes generado por el entrecruzamiento de las casas que asoman en busca de luz, debe su nombre a la casa de la Comunidad de Albarracín, cuya puerta de sillería en la calle del Portal del Agua permite su acceso.
A unos 50 metros de distancia se erige el Portal de Molina, una de las cuatro puertas que en su momento cerraban la ciudad. Constituye la fotografía por antonomasia si se visita Albarracín, pues dentro del arco del portal queda enmarcada la pintoresca casa de la Julianeta.

Otras casas de aspecto muy pintoresco que podrás encontrar en Albarracín son la Casa Torcida, situada en la calle de El Chorro y cuya peculiar fachada hace que no pase inadvertida, o la Casa Azul, que destaca por el color de su fachada.
En cuanto al patrimonio monumental del pueblo son muchos los ejemplos de espectacular belleza que se encuentran repartidos por sus calles:
Castillo de Albarracín
Erigida sobre un peñasco triangular, la antigua Alcazaba constituía el núcleo defensivo más importante de la ciudad. Datado del siglo X, la visita al castillo permite descubrir las excavaciones arqueológicas que han dejado al descubierto los restos de la época musulmana más importantes de Albarracín. Destaca la vivienda principal, que contaba con un hipocausto que calentaba un baño.

Las visitas al castillo están disponibles todos los días de la semana, con una entrada general de 4€ para los mayores de 10 años.
Catedral de Albarracín
Construida sobre la anterior mezquita musulmana, fue construida a lo largo del siglo XII, siendo restaurada a partir del siglo XVI. Destacan sus numerosas capillas, las cuales pertenecieron a las familias más importantes del pueblo, y entre las que encontramos la capilla de la Virgen del Pilar (cuyo elemento más atractivo es su altar mayor con una imagen de la Inmaculada en el centro), o la capilla de San Juan Bautista (con un retablo del siglo XVIII donde se representa a San Juan junto a Santiago y San Pedro).
Hay varios horarios disponibles para visitar la catedral, con una entrada general de 5€ para los mayores de 10 años.

Iglesia de Santiago Apóstol
Ubicada cerca del Portal de Molina, se cree que esta iglesia se construyó sobre una antigua mezquita y estuvo vinculada a la Orden religiosa y militar de Santiago. Su planta está distribuida en una sola nave con cubierta de crucería estrellada, y su retablo mayor está dedicado al Apóstol. También destaca el retablo de la Epístola, dedicado a San Sebastián y rematado por una Santísima Trinidad.

La Muralla
El sistema defensivo de la localidad se remonta al siglo X, cuando la zona todavía estaba dominada por los musulmanes. Su formidable recinto es fruto de varias ampliaciones (dejando así dos recintos distintos), y rodea por completo el centro histórico del pueblo. Además del castillo, la muralla estaba coronada por la Torre del Andador, con un foso de 10 metros de anchura y profundidad excavado en la roca delante suyo, y la Torre de Doña Blanca, que servía como atalaya de vigilancia y se puede visitar los fines de semana con una entrada de 1,70€ por persona.
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