Parece un pueblo blanco andaluz, pero está en Madrid: el misterioso destino de la Alcarria madrileña conocido por ser refugio de artistas

Con poco más de 400 habitantes, hay una localidad en la Comunidad de Madrid donde las casitas encaladas nos trasladan a la alpujarra granadina.

Este pueblo blanco no está en Cádiz, sino en Madrid, y es refugio de artistas
Este pueblo blanco no está en Cádiz, sino en Madrid, y es refugio de artistas / Istock / José Miguel Sánchez

A tiro de piedra de Alcalá de Henares se esconde un rincón que parece sacado de Cádiz o de las Alpujarras granadinas, pero está en la Comunidad de Madrid. Cuando empieces a vislumbrar casitas encaladas y rodeadas de verde que trepan por una ladera, habrás llegado. Hoy nos adentramos en Olmeda de las Fuentes, el hermano huido de los pueblos blancos andaluces en Madrid.

Adriana Fernández

La historia de Olmeda de las Fuentes, el pueblo blanco de Madrid

Los orígenes de la zona se remontan a la Edad del Bronce (1.700 a.C.), cuando ya existía un poblado fortificado y varias granjas, pero la primera referencia escrita a Olmeda aparece en documentos de Alcalá de Henares en 1135, donde se menciona la aldea en el llamado fuero viejo. Su nombre original era El Alameda.

La vieja iglesia de san Pedro en Olmeda de las Fuentes

La vieja iglesia de san Pedro en Olmeda de las Fuentes

/ Istock / José Miguel Sánchez

Desde el siglo XVI, cuando se independizó de Alcalá, fue pasando de señor en señor hasta llegar al siglo XVIII, cuando el empresario Juan de Goyeneche impulsó la industria textil y abrió una etapa de prosperidad económica y demográfica en el pueblo que aún se recuerda en su arquitectura.

En esta época se empezó a cultivar la estética actual. En el pueblo destacan la Iglesia de San Pedro Apóstol, las callejuelas empinadas y los detalles cuidados por sus vecinos. Los habitantes de Olmeda cuidan con esmero sus casas, encalándolas con frecuencia y adornando cada puerta de forma diferente. No es raro, tampoco, ver flores colgando de las ventanas o adornando las calles. Combinando este entorno con la vegetación a su alrededor, entendemos las palabras de uno de los pintores que la habitó: “Tiene el verdor de los municipios del norte y la blancura de los andaluces”.

Olmeda de las Fuentes está rodeado de verde

Olmeda de las Fuentes está rodeado de verde

/ Istock / Israel Hervás Bengochea

Cómo Olmeda pasó a ser el pueblo de los artistas

El segundo renacer llegó en la década de 1950 y 1960. Fue entonces cuando un grupo de pintores descubrió la belleza pintoresca del lugar. Nombres como Francisco San José, Pilar Aranda o Eugenio Granell siguieron la estela de Álvaro Delgado, el primero en quedar cautivado por sus laderas de tomillo y la forma en que la luz rebota en sus paredes blancas.

Muchos se instalaron aquí y sus casas forman hoy parte de la Ruta de los Pintores, un itinerario que va de casa en casa contemplando en cada una de sus residencias el recuerdo que el pueblo guarda de ellos: en todas sus pertas descansa una placa con su rostro, nombre y una de sus obras.

Además, en la Casa de la Cultura se puede visitar una exposición permanente con piezas de estos artistas, miembros en su mayoría de la Escuela de Vallecas y algunos de ellos de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando.

Las callejuelas y la vieja iglesia de Olmeda de las Fuentes

Las callejuelas y la vieja iglesia de Olmeda de las Fuentes

/ Istock / José Miguel Sánchez

Rutas de senderismo desde Olmeda de las Fuentes

Los andarines encontrarán multitud de opciones de senderismo que no solo exploran su riqueza natural, sino cuyos destinos vale la pena visitar.

Otra caminata conduce a las ruinas de Valmores, una aldea despoblada desde el siglo XV. Según cuenta la leyenda, sus habitantes huyeron después de que se cometiera un asesinato dentro de la iglesia, haciendo que cayera sobre el pueblo una maldición. Si hacemos caso a la historia, sus pobladores huyeron del mal de ojo traslandándose a Olmeda y fundando el núcleo que conocemos hoy.

Donde un día estuvo Valmores aún se distinguen los restos de la iglesia Nuestra Señora de Valmores, un molino y de la ermita de San Blas, la cual se cree que en origen fue una torre de defensa templaria. Como curiosidad, los edificios religiosos dedicados a san Blas suelen vincularse a villas en las que azotó la peste, lo cual puede ser una explicación más prosaica al abandono del pueblo.

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