El pueblo de 800 habitantes en Asturias ideal para huir del calor extremo: conocido por su tradición quesera, conserva una iglesia de origen románico y sirve como puerta de entrada a los Picos de Europa
Entre montañas, queserías tradicionales y paisajes de alta montaña, este pueblo se ha convertido en una de las mejores bases para descubrir los Picos de Europa.

Zona de los Picos de Europa cerca de Las Arenas de Cabrales en Asturias / Istock / Michael Major
Siempre es buen momento para acercarse a este punto de nuestra geografía, pero cuando el calor aprieta en buena parte de España, muchos cambian las playas por la montaña y marchan a rincones del norte como Arenas de Cabrales.

Puentes en la villa de Las Arenas en el municipio de Cabrales / Istock / Aidart
Este pequeño núcleo asturiano de apenas 800 vecinos disfruta de temperaturas más agradables durante el verano y de una de las tradiciones queseras más reconocidas de España. El entorno, lleno de montañas cubiertas de verde, vacas pastando junto a los caminos y carreteras que suben hacia algunos de los paisajes más espectaculares del norte de España, invita a pasar varios días sin prisas para recorrer distintas zonas de los Picos de Europa.

Adriana Fernández
La capital del queso Cabrales y un pueblo con siglos de historia
Hablar de Arenas de Cabrales es hacerlo inevitablemente del queso Cabrales, pues buena parte de la vida del concejo sigue girando alrededor de su producción.
Elaborado con leche de vaca cruda o con mezcla de vaca, oveja y cabra (siguiendo las normas de la Denominación de Origen Protegida Cabrales), este queso azul madura de forma tradicional en cuevas naturales de los Picos de Europa, donde la humedad y la temperatura permanecen prácticamente constantes durante todo el año. El queso permanece allí varias semanas o incluso meses, dependiendo del tipo de elaboración, mientras va desarrollando su textura cremosa y ese sabor potente e inconfundible.

Aquí el gran protagonista es el queso Cabrales / Wikimedia Commons / Robot8A
La localidad cuenta con el Cueva Exposición del Queso Cabrales, un espacio que explica el proceso de elaboración y la importancia que esta actividad ha tenido durante generaciones para la economía del concejo.
El Cabrales forma parte de la identidad de todo el valle, por lo que es frecuente encontrar menús donde el queso aparece servido con patatas, croquetas, cachopo o incluso fundido sobre carne roja. Además, el certamen del queso Cabrales, celebrado cada último domingo de agosto en el concejo, sigue siendo uno de los eventos gastronómicos más conocidos de Asturias.
Un templo de origen románico rodeado de montaña
Uno de sus edificios más representativos es la iglesia de Santa María de Llas, un templo de origen románico declarado Bien de Interés Cultural que fue profundamente transformado en siglos posteriores, pero que todavía conserva elementos que recuerdan su origen medieval y constituye uno de los principales testimonios históricos de la localidad.

La villa está en plenos Picos de Europa / Falk Arnhold
Pero la localidad destaca por ser de las pocas que ofrecen un acceso tan cómodo a algunos de los lugares más emblemáticos del Parque Nacional de los Picos de Europa.
Muy cerca discurre el río Cares, que da nombre a uno de los lugares más visitados de la zona, la cercana ruta del Cares, considerada una de las rutas senderistas más famosas de España. Es más popular por llamarse "la Garganta Divina" por estar en medio de un desfiladero de 300 metros y conecta el pueblo asturiano de Poncebos con el leonés Caín en un total de 22 kilómetros.

Sotres en verano / Istock / elgol
Además, desde Arenas de Cabrales parten carreteras y senderos que conducen a destinos tan conocidos como Bulnes, al que puedes acceder mediante funicular (los billetes vuelan, así que te conviene madrugar) o por un relativamente corto e histórico camino de montaña con vistas espectaculares. Destaca también Sotres, considerado uno de los pueblos habitados a mayor altitud del Principado.
Pero si lo tuyo no es el senderismo, no es problema. En Arenas de Cabrales puedes disfrutar de la zona sin calzarte las botas de montaña. Merece la pena simplemente recorrer el casco urbano, visitar alguna quesería artesanal, probar la gastronomía local (¿cómo te vas a marchar sin haberte comido un plato de fabada?) o pararte en los numerosos miradores con vistas sobre los valles y las montañas de los Picos de Europa.
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