El pueblo de Andalucía que tiene una de las piscinas naturales más espectaculares del mundo: tiene arena dorada y cuevas de esparto
¿Eres de piscinas naturales o prefieres la pura costa? En Andalucía hay de todo y para todos los gustos, así que estate atento de este pequeño pueblo de la provincia de Almería: te va a enamorar.

Hay lugares que parecen diseñados para reconciliarte con el verano; para suspirar y decir: "bueno, no todo es pasar calor y hacer cola hasta por ir al baño...". Y es que, en el extremo oriental de Almería, en la pedanía costera de San Juan de los Terreros, la Cala de los Cocedores (también llamada Cala Cerrada) es una piscina natural a cielo abierto, donde encontrarás aguas quietas y transparentes, una orilla de arena fina en forma de herradura y paredes de roca blanda modeladas por siglos de viento y sal. Su fama de “piscina natural” no es una licencia poética, pues la caleta está tan resguardada que el Mediterráneo aquí se vuelve mansito, casi de espejo.
Un límite entre dos regiones… y un mismo paisaje asombroso
La postal tiene una curiosidad geográfica, la cala se sienta justo en el límite entre Andalucía (Pulpí, Almería) y la Región de Murcia (Águilas). En la práctica, las fotos y los paseos no entienden de fronteras; a un lado se la conoce como Cala Cerrada y al otro como Playa de los Cocedores, pero es el mismo anfiteatro natural de roca vainilla y agua turquesa. Ese abrazo de la costa explica su carácter; fondo arenoso, entrada muy progresiva y oleaje mínimo, ideal para darse un baño sin prisas, hacer snorkel sencillo y comprobar cómo el color del mar cambia con cada nube.

Memoria de esparto en la roca
El nombre tiene historia. En las paredes de la cala verás cuevas excavadas en la toba (roca arenosa) que no son capricho del azar. Durante décadas sirvieron para “cocer” esparto, es decir, para ablandar y preparar esta fibra vegetal antes de trenzarla. También hicieron de cobijo de artesanos y pescadores. Ese pasado se lee aún en las oquedades y en las marcas de un oficio que fue motor económico en todo este litoral. No es solo una playa bonita; es patrimonio etnográfico a pie de mar.

Aguas que invitan a quedarse
La forma cerrada de la cala y el relieve liso de sus paredes (que parecen talladas a espátula) crean un microclima marino muy particular. Te encontrarás poca corriente, casi nada de viento dentro del arco, y visibilidad alta. Es habitual ver praderas de posidonia cercanas y pequeños peces junto a las rocas laterales. En la orilla, la arena es fina y dorada; en los flancos, la roca ofrece rincones con sombra a primera y última hora del día. Si te gusta la fotografía, los amaneceres aquí son de nota, pues el sol asoma por el Mediterráneo justo frente a la abertura de la cala.

Un triángulo de “musts” a pocos minutos
Si te apetece estirar la jornada, alrededor hay tres visitas que redondean el día. La primera, el Castillo de San Juan de los Terreros (s. XVIII), restaurado y con vistas abiertas a la costa y a los islotes cercanos; al atardecer, es un balcón privilegiado. La segunda, el Monumento Natural Isla de Terreros e Isla Negra, dos islotes volcánicos muy próximos a la costa andaluza con interés geológico y marino; desde los miradores se entiende la paleta de colores que pinta esta franja del litoral. Y la tercera, tierra adentro pero en el mismo municipio de Pulpí, la Geoda de Pulpí (Pilar de Jaravía), una cavidad tapizada de cristales de yeso gigantes, visitable con reserva previa y conocida internacionalmente desde su apertura al público en 2019. Es un contraste delicioso: cristales de montaña por la mañana y baño de sal por la tarde.

Llámalas como quieras: Cala Cerrada en Pulpí o Los Cocedores en Águilas, pero guarda este nombre. Este rincón es una de las piscinas naturales más singulares del Mediterráneo español: arena dorada, agua limpia, historia escrita en la roca y un paisaje que no necesita artificio. Si buscabas un lugar donde el verano sea fácil y el recuerdo dure, aquí lo has encontrado.
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