El pueblo amurallado más pequeño de España está en Álava: fue premiado como la mejor villa fortificada del mundo, mantiene sus viviendas integradas en la propia muralla y conserva un pasadizo secreto de escape
En este pequeño enclave del País Vasco existe una muralla en la que menos de 120 habitantes hacen su vida diaria. Historia, reconocimientos y curiosidades que todo viajero debe conocer sobre este lugar.

La mejor villa fortificada del mundo se esconde en un pueblo de menos de 120 habitantes del País Vasco: viviendas integradas en la muralla y un pasadizo secreto / Istock
La villa más diminuta de las poblaciones fortificadas del País Vasco luce un prestigio que trasciende su tamaño: su muralla habitada considerada una de las mejor conservadas de Europa. Allí sus vecinos (los de toda la vida) viven totalmente alejados de las tecnologías, disfrutando del privilegio de la escasa cobertura de la zona: paseos, charlas cotidianas por la calle y paisajes de ensueño que rodean este lugar lleno de tranquilidad y cuyo aire, limpio y fresco, desciende desde la Sierra de Cantabria.
Situada a 677 metros sobre un cerro que domina la cuenca del Ebro, es la población fortificada más pequeña del País Vasco y una de las mejor conservadas del planeta. Su recinto defensivo, de unos escasos 80 metros de perímetro, constituye una joya medieval que en 2008 fue reconocida con el Premio Mundial de Ciudades Amuralladas. Este es un galardón reservado a proyectos ejemplares en la gestión y conservación de fortificaciones históricas. El jurado valoró la singularidad de su muralla habitada y la estrategia de preservación impulsada por la Diputación Foral de Álava.

Adriana Fernández
El espíritu militar que late en Labraza no es casual. Su asentamiento en lo alto de un espolón rocoso y la robustez de su complejo defensivo hablan de siglos en los que la protección era una necesidad vital. A pesar de su reducido tamaño y de su escasa población, la villa logró articularse como un núcleo político diferenciado gracias a su función estratégica. Esa vocación de fortaleza queda patente en la historia del municipio: el Fuero otorgado por Sancho VII en 1196 consolidó su centralidad frente a las aldeas vecinas, y su integración en la Hermandad de Álava no llegaría hasta comienzos del siglo XVI.

Labraza desde la plaza del Frontón / WikiMedia Commons
Una muralla habitada y sorprendentemente conservada tras el paso de los siglos
El casco histórico, prácticamente intacto, conserva la esencia de sus orígenes. Las primeras menciones datan del siglo XII, cuando Labraza obtuvo el fuero que la convirtió en villa y en un bastión decisivo en la frontera sur del antiguo reino de Navarra. Su posición elevada, además de estratégica, ofrecía una visión panorámica que todavía impacta al viajero actual. Incluso tras su incorporación a la Corona de Castilla, la localidad mantuvo su estructura fortificada, ajena a las transformaciones territoriales que remodelaron el entorno.
La muralla, impecablemente conservada, rodea toda la zona excepto su acceso principal y sigue abrazando este nido de piedra convertido en un museo vivo, declarado Bien Cultural como Conjunto Monumental, donde pasado y presente conviven sin estridencias. El resto del entorno organiza en tres calles estrechas, salpicadas de pasadizos y pequeñas plazas que conservan el ritmo urbano heredado del medievo. Muchas de las casas (renacentistas en su mayoría y datadas en el siglo XVI) conservan bodegas excavadas en el subsuelo, y algunas incluso reutilizan los antiguos cubos defensivos como vivienda.

Casas en la piedra de Labraza / Wikimedia Commons
Un pasadizo que sirve como vía de escape: una joya del siglo XIV
Más abajo, la Fuente del Moro, una joya del siglo XIV, revela un rostro gótico en su caño y el acceso a un antiguo pasadizo secreto que comunicaba con el interior de la villa. Este pasadizo funcionaba como una vía de escape o acceso secreto que permitía entrar o salir de la localidad en tiempos de asedio. Y para completar la experiencia, basta con alejarse unos metros hasta el Pinar de Dueñas, donde se encuentra el bosque de pino carrasco más occidental de Europa.
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