El pueblo amurallado de España que fue capital de un reino y hoy no llega a 200 habitantes: de origen medieval, con una espectacular iglesia y enclavado en lo alto de una colina
Uno de los pueblos más bonitos de España, su origen está ligado a una leyenda sobre una paloma.

A lo largo de la historia hemos visto como diferentes culturas y civilizaciones han ido aumentando su poder e influencia, mientras que otras lo iban perdiendo; hay incluso ejemplos de civilizaciones que llegaron a dominar grandes regiones pero que, inevitablemente, acabaron siendo reducidas a un mero recuerdo de lo que fueron en su día.

En la Edad Media, además, las fronteras de los reinos y países estaba en constante mutación, ya fuera mediante conquistas, o por la unión de dos territorios en uno tras el matrimonio de sus respectivos regentes. De esta manera, ciudades que en su momento fueron importantes centros urbanos, incluso capitales, pasaron a ser una más de las ciudades y poblaciones del reino.
Por influencia de una paloma
A unos 50 kilómetros de Pamplona se encuentra la villa de Ujué, un pequeño municipio de menos de 200 habitantes y cuyo nombre en euskera es Uxue. De un característico ambiente medieval, el pueblo se extiende en lo alto de una de las cumbres de la sierra de Ujué a más de 800 metros sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en un enclave defensivo perfecto. La primera constancia escrita que se tiene del pueblo es de finales del siglo VIII, cuando el considerado primer rey de Pamplona Íñigo Arista erigió una fortaleza como avanzadilla de su reino para sus cruzadas contra los reinos musulmanes.
Sus casas se amontonan alrededor de estrechas calles, las cuales conforman un complejo laberinto empedrado que se extiende alrededor de la Iglesia-Fortaleza de Santa María, templo datado del siglo XI y declarado Monumento Nacional en 1936. Cuenta la leyenda que el origen de la iglesia radica en un acontecimiento que sucedió en el lugar en el que posteriormente se elevaría el templo: un pastor vio como una paloma entraba y salía de manera constante a un agujero que había en la peña. Guiado por la curiosidad, el pastor entró en el agujero, donde descubrió una imagen de la Virgen.

Fue a raíz de esta leyenda que se construyó esta impresionante iglesia, sin duda alguna el mayor emblema de todo Ujué. Levantada sobre los cimientos de una antigua iglesia románica por orden de Sancho Ramírez, primer rey de Pamplona y Aragón, la iglesia (junto con el pueblo) fue siempre de gran importancia para Carlos II el Malo, quien dejó más que clara su predilección por el santuario de Ujué. Esto se hace evidente tanto por los edificios públicos que mandó construir en la localidad, como por su preocupación por el estado de la iglesia y la Virgen, mandando forrar esta última en plata para una mejor conservación. El amor que Carlos II sentía por Ujué fue tal, que en su testamento indicó que, al morir, su corazón debía descansar junto a la Virgen de Santa María.
Por su parte, Ujué demostró el aprecio que sentía de vuelta hacia Carlos II con la inauguración de la Universidad de Carlos II, los restos de la cual se pueden observar en los terrenos que se extienden en la parte trasera de la iglesia. Junto a estos se han encontrado también un aljibe en lo que pudo haber sido un patio de armas, y los cimientos del torreón del homenaje del castillo que hubo.

El tesoro secreto de Navarra
Uno de los dos únicos pueblos de Navarra incluidos en la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España (siendo Roncal el otro), en Ujué también se pueden visitar los restos de la Iglesia de san Miguel, de la que se conserva una fachada románica del siglo XIII y una nave gótica, y la ermita de la Virgen Blanca, un pequeño templo del siglo XIII en la carretera que une el pueblo con Murillo el Fruto.
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