El pueblo amurallado más bonito de España está declarado Conjunto Histórico-Artístico: frente al mar, con murallas medievales del siglo XIII y calles empedradas
A solo 20 kilómetros de San Sebastián, su recinto amurallado y su Barrio de la Marina resumen siglos de historia frente al Cantábrico.

El olor a salitre del Cantábrico es solo la puerta de entrada a esta villa histórica situada a tan solo unos pasos de la frontera francesa. Pocas localidades medievales pueden presumir de murallas que miran al mar y de ofrecer, desde su paseo marítimo, vistas directas a la ciudad vasco-francesa de Hendaya.

Hondarribia ha sobrevivido a siglos de historia con el privilegio poco común de asomarse al azul del Cantábrico. Sus murallas medievales del siglo XIII, sus calles empedradas y su identidad fronteriza dan a este pintoresco lugar del País Vasco una combinación difícil de igualar.
Su estratégica ubicación, en la desembocadura del río Bidasoa y frente a Francia, la convirtió en el pasado en plaza militar clave, de ahí que sus murallas no sean decorativas, sino auténticas estructuras defensivas que a día de hoy definen el perfil de la villa.
Una fortaleza medieval con carácter marinero
El alma marinera de Fuenterrabía, como se conoce a la localidad en castellano, se hace especialmente visible en el Barrio de La Marina, lleno de color y vitalidad. Situado junto al puerto, este antiguo barrio de pescadores despliega fachadas y balcones pintados en tonos verdes, azules y rojos que acompañan a las terrazas llenas de flores. Sin duda, un contraste frente a la sobriedad medieval de su casco histórico completamente amurallado y declarado Conjunto Histórico-Artístico.

A diferencia de otras ciudades amuralladas del interior, como puede ser Ávila, donde la muralla domina un paisaje mesetario, en Hondarribia el horizonte es azul y salino, y ahí está la clave de su magnetismo y su encanto.
Ideal para una escapada desde San Sebastián
Aunque bien merece un viaje propio, Hondarribia es también una escapada perfecta desde San Sebastián, situada a tan solo 20 kilómetros al oeste. También debería formar parte de tu lista de paradas imprescindibles si estás planeando una ruta en coche por el País Vasco.

En una visita de un día conviene recorrer el perímetro de las murallas, caminar por las calles empedradas del casco histórico (en la Calle Mayor, la principal arteria del casco viejo, se encuentran algunos de los edificios más destacados), asomarse a la plaza de Armas donde se sitúa el Castillo de Carlos V (hoy convertido en Parador), pasear por el Barrio de la Marina y terminar el día contemplando el atardecer frente a la bahía de Txingudi.
El viaje continúa en la mesa
Y estando donde estás, la gastronomía es parte inseparable de este viaje que no termina en las murallas: continúa en el plato. La proximidad al puerto marca la cocina local, por lo que la merluza del Cantábrico, el rodaballo y el besugo a la parrilla o el txangurro y los mariscos frescos protagonizan las cartas. Donde seguro no te equivocarás es en la Hermandad de Pescadores. Aquí, el protagonista absoluto es el producto.
Y una escapada al País Vasco no está completa sin el ritual de ir de pintxos: no es solo un aperitivo, es cultura gastronómica. El lugar por excelencia para degustarlos es el restaurante Gran Sol. Entra, pide una copa de txakoli y déjate guiar por la barra.
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