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El pueblo amurallado más bonito de Ávila no es su capital: tiene un castillo de cuento, calles empedradas y fue escenario de grandes batallas medievales

Declarado Bien de Interés Cultural, su casco antiguo conserva excelentes ejemplos de arquitectura mudéjar.

El pueblo amurallado con calles empedradas y un casco antiguo declarado Bien de Interés Cultural

El pueblo amurallado con calles empedradas y un casco antiguo declarado Bien de Interés Cultural / Istock / AndresGarciaM

Aunque de dimensiones no demasiado grandes, pues cuenta con una población de unos 7.800 habitantes, el municipio de Arévalo, ubicado a menos de una hora de la ciudad de Segovia, es una de las poblaciones más importantes de la historia de España; no solo cuenta con vestigios arquitectónicos perfectamente conservados de la Edad Media, sino que fue también el lugar donde la reina Isabel I de Castilla pasó sus años de infancia, época en la que empezó a demostrar su devoción por el catolicismo.

Arévalo es la localidad donde Isabel I de Castilla pasó sus primeros años de vida

Arévalo es la localidad donde Isabel I de Castilla pasó sus primeros años de vida / Luis Rogelio HM

Además de hogar de Isabel la Católica, Arévalo fue, durante la segunda mitad del siglo XII, frontera entre los reinos de León y Castilla, por lo que constituyó una plaza fortificada y un centro de comunicaciones de suma importancia entre los concejos de los alrededores, haciendo que la villa aumentara sus dimensiones rápidamente.

El pueblo de Ávila que parece sacado de La Bella y la Bestia: sus calles son como pasear por un cuento

Adriana Fernández

Una de las paradas de la Ruta Isabelina, itinerario que sigue los pasos de Isabel la Católica a lo largo de su vida, Arévalo supone uno de esos pueblos imprescindibles de Castilla y León, así como de toda España.

El hogar de una reina

La única de las cinco puertas con las que contaba la antigua muralla que rodeaba la villa, el Arco del Alcocer sirve como entrada al casco histórico de Arévalo. Construido alrededor del siglo XII, junto al resto de la muralla, actualmente alberga la oficina de turismo, y frente a él se sitúa una escultura en memoria de Isabel la Católica, quién nombraba a la población como “La «mi villa» de Arévalo”. Una vez cruzado, el arco da paso a la Plaza del Real, donde se emplaza el edificio del Ayuntamiento.

Las dos "torres gemelas" de la Iglesia de San Martín marcan el perfil de Arévalo

Las dos "torres gemelas" de la Iglesia de San Martín marcan el perfil de Arévalo / Istock / AndresGarciaM

Subiendo un poco por las calles del casco antiguo se llega a la Plaza de la Villa, en uno de los lados de la cual se erige una iglesia con sus dos propias torres gemelas. Se trata de la Iglesia de San Martín, construida entre los siglos XII y XVIII y declarada Monumento Nacional en 1931. A pesar de que estuvo abandonada durante gran parte del siglo XX, actualmente acoge la sala de exposiciones Centro Cultural de la Iglesia de San Martín. En el otro lado de la plaza se halla la iglesia de estilo románico mudéjar de Santa María la Mayor, cuyo interior alberga un mural en el que se representa un Pantocrátor, y debajo del cual se muestran 32 caras barbadas, el significado de las cuales no está del todo claro.

Subiendo un poco más, en el lado occidental del pueblo, se encuentran el Arco y el Puente de Medina, ambos de estilo mudéjar. Pero es en la parte más septentrional del pueblo donde se encuentra la verdadera joya de la corona. Construido a mediados del siglo XV por don Álvaro de Zúñiga y Guzmán, el Castillo de Arévalo está considerado como la primera construcción de estilo mudéjar de toda Castilla. Durante siglos sirvió como residencia de nobles, prisión e incluso cementerio, pero con el paso del tiempo fue cayendo en el olvido y su estructura se fue deteriorando. Su destino cambió en 1952, cuando se decidió instalar en él un granero, que estuvo en funcionamiento como almacén de cereales hasta 1977. Así, actualmente el castillo acoge un importante museo del cereal, con la exposición titulada “Castillo y silo. Un lugar único en el mundo.”

El Castillo de Arévalo

El Castillo de Arévalo / Borjaanimal

Una gastronomía única

Una vez visitado el casco histórico del pueblo, y para reponer fuerzas para posteriormente descubrir el entorno natural en el que se enclava Arévalo, la mejor opción es disfrutar de una buena comida en alguno de los restaurantes y asadores que hay en el pueblo, muchos de ellos concentrados en la Plaza del Arrabal, junto al Arco del Alcocer. Aparte de los platos más tradicionales de la cocina castellana, aquí podrás degustar el plato típico de Arévalo: el tostón, un plato de cochinillo asado que está para chuparse los dedos. Para darle un toque dulce a la comida, lo mejor es deleitarse con unas torrijas o unos rozneques, un dulce típico de la zona.