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El pueblo de 67 habitantes de Burgos con un teatro romano para 9.000 personas: es Bien de Interés Cultural y tiene 70 esculturas que nadie visita

Un teatro que llenaba a 9.000 personas y un pueblo que hoy no reúne ni siquiera setenta vecinos censados: ese es el contraste que sostiene, más de 2.000 años después, uno de los yacimientos más importantes del norte de la antigua Hispania.

Un pequeño pueblo de Burgos que oculta uno de los teatros romanos más fascinantes de España.

Un pequeño pueblo de Burgos que oculta uno de los teatros romanos más fascinantes de España. / Istock

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El cerro se llama Alto del Castro y se alza a más de mil metros sobre la Ribera del Duero burgalesa. Bajo esa superficie hay bastante más que piedra: una galería subterránea donde se conservan más de setenta pequeñas esculturas de barro que ningún visitante puede contemplar, sencillamente porque el espacio está cerrado al público. Arriba, entre los términos de Peñalba de Castro y Coruña del Conde, se extienden unas 130 hectáreas que hace siglos acogieron a decenas de miles de personas, además de un foro, termas, viviendas de varias plantas y un teatro que llegó a estrenar un hombre antes incluso de convertirse en emperador.

Ruinas del Teatro Romano en Clunia Sulpicia

Ruinas del Teatro Romano en Clunia Sulpicia / Istock

Aquel lugar era Colonia Clunia Sulpicia. Hoy, Peñalba de Castro, la pedanía de Huerta de Rey que sirve de puerta de entrada al yacimiento, apenas cuenta con unas decenas de vecinos.

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Un teatro pensado para una ciudad que ya no existe

El teatro de Clunia fue excavado directamente en la ladera del cerro y está considerado uno de los mayores de toda la Hispania romana. En origen podía acoger a unos 9.000 espectadores, aunque algunas fuentes elevan la cifra hasta los 10.000. La diferencia importa poco: cualquiera de las dos cifras basta para hacerse una idea de sus dimensiones. Hoy, cuando vuelve a utilizarse para espectáculos, el aforo ronda apenas el millar de localidades.

Teatro romano de Clunia Sulpicia

Teatro romano de Clunia Sulpicia / Istock / Farutxo

Cada verano, el Festival de Verano de Clunia devuelve durante unos días el bullicio a un graderío que hace siglos estuvo abarrotado. El contraste es difícil de pasar por alto: donde antes se reunían miles de personas, hoy apenas viven unas cuantas familias. Y probablemente sea esa desproporción, más que una ruina concreta, lo que más sorprende al llegar hasta aquí.

Galba, el emperador que nació en Clunia

La historia de Clunia comenzó antes de la llegada de Roma, con un asentamiento arévaco anterior a la conquista. Pero fue durante el reinado de Tiberio, en el siglo I después de Cristo, cuando la ciudad empezó a monumentalizarse y adquirió buena parte de la fisonomía que hoy sacan a la luz los arqueólogos. Las estimaciones más habituales hablan de hasta 30.000 habitantes, lo que la convirtió en una de las grandes ciudades del norte de la península. Su gran momento político llegó en el año 68. Servio Sulpicio Galba, entonces gobernador y refugiado en Clunia, fue proclamado emperador tras conocerse la muerte de Nerón.

Ruinas de la antigua colonia romana de Clunia Sulpicia en Burgos

Ruinas de la antigua colonia romana de Clunia Sulpicia en Burgos / Istock

La ciudad incorporó después el nombre de «Sulpicia» y, ya bajo Vespasiano, alcanzó el rango de colonia. El declive comenzó unos tres siglos más tarde y, hacia el año 712, las tropas de Táriq ibn Ziyad arrasaron lo que aún quedaba del núcleo urbano durante la conquista musulmana. La repoblación cristiana de la zona no llegaría hasta el 912. Desde 1931, todo este legado está protegido como Bien de Interés Cultural, una figura que conviene no confundir con la de Patrimonio de la Humanidad y que ampara el yacimiento desde hace casi un siglo.

Ruinas de la antigua colonia romana de Clunia Sulpicia en Burgos

Ruinas de la antigua colonia romana de Clunia Sulpicia en Burgos / Istock / t

Un santuario bajo tierra repleto de esculturas

Bajo la ciudad se encuentra la Cueva Román, una red de galerías excavadas en el propio cerro y vinculadas al antiguo sistema de pozos que abastecía de agua a Clunia. De hecho, todo apunta a que la presencia de esas reservas subterráneas fue una de las razones por las que los romanos eligieron este lugar para levantar la ciudad. En una zona apartada de la cueva aparecieron más de setenta pequeñas esculturas romanas de barro, interpretadas como los restos de un posible santuario de carácter priápico. No es un hallazgo menor: junto con el teatro, constituye una de las singularidades más llamativas de todo el conjunto. Sin embargo, fuera de los ámbitos especializados apenas se habla de él. No porque carezca de interés, sino porque la cueva no está acondicionada para recibir visitantes.

Ese santuario oculto se ha convertido así en uno de los grandes secretos de una ciudad que, en superficie, ya ha mostrado buena parte de sus tesoros. Junto al yacimiento, el centro de interpretación expone algunos de los materiales recuperados, entre ellos una estatua de la diosa Fortuna hallada en el teatro. Otras piezas destacadas, como una representación de Isis o un torso de Dioniso, se conservan en el Museo de Burgos y en el Museo Arqueológico Nacional.