El primer pueblo declarado Monumento Histórico Nacional de España: tiene tres ermitas medievales y un cerdo que se pasea por sus calles casi todo el año
Está considerado uno de los más bonitos de toda España, con sus callejuelas empedradas y sus curiosas tradiciones.

Obtener un reconocimiento como el de Monumento Histórico-Artístico Nacional en España es un gran honor para quien lo recibe. Suele ser una construcción o un lugar de gran valor histórico artístico o patrimonial que el Estado protege debido a su relevancia para el legado del país o de una comunidad. Dentro de este reconocimiento existen varias categorías como Conjunto Histórico, Sitio Etnológico, Zona Arqueológica o Paleontológica o Itinerario Cultural, entre otras.
Sobre el primero de España, en Salamanca, el escritor y profesor Miguel de Unamuno escribió: "Cerrando los ojos veo las negras calles de La Alberca, los balconajes de madera, los alteros voladizos de sus casas, las mujeres sentadas en el umbral de las puertas y los niños jugando en la calle, y allí, en la fuente, una moza llenando el cántaro. Y corre la vida, como el agua de un arroyo que baja de la cumbre entre guijallares. Y a las veces, el agua se enturbia, y otras, como en este verano, casi se extingue por la sequía".
Aquello se publicó en el libro 'Brianzuelo de la Sierra' en el año 1900 y muy poco ha cambiado este precioso pueblo salmantino desde entonces. Se declaró Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1940, pero para aquel momento ya había enamorado a miles de personas, entre ellos el mismo Unamuno, el cineasta Luis Buñuel o el pintor Joaquín Sorolla. Y no es para menos, porque lo que se respira en La Alberca es la esencia más pura de la Sierra de Francia.
Un paseo por uno de los pueblos más bonitos de España
Cuenta con unos mil habitantes, la misma cantidad de visitantes que puede llegar a recibir cada día en temporada alta. Su arquitectura, sus tradiciones y sus vecinos son lo que lo hace tan especial, aunque no albergue ningún gran monumento, pero aun así, la belleza es tal, que no hay persona que quiera volver más de una y más de dos veces. No es eso lo que el viajero busca en su visita, sino una inmersión completa, sentirse parte de este lugar que linda con la frontera con Cáceres.

A pesar de no tener monumentos impresionantes, lo que sí tiene son grandes símbolos del pueblo, empezando por la Plaza Mayor porticada gobernada con un crucero de granito del siglo XVIII. Es el centro neurálgico de La Alberca, como de todo buen pueblo que se precie, y aquí es donde más se puede apreciar la influencia castellana en las fachadas balconadas. Entre los edificios que se asoman a la plaza destacan el Ayuntamiento que fue cárcel y la Casa Ducal.

Cabe mencionar la iglesia neoclásica de Nuestra Señora de la Asunción del siglo XVIII, que tiene una curiosa hornacina con dos calaveras en lo alto. En el ámbito religioso también están las tres ermitas: la de San Antonio, la del Humilladero y la de San Blas -de todas ellas, la única que está en el casco antiguo es la segunda-. Si seguimos paseando por sus callejuelas, nos encontramos con casas de piedra cuyas fachadas están repletas de detalles como escudos labrados de hace cientos de años.

Tradiciones y gastronomía muy ligadas al cerdo
Por esas mismas calles se pasea todos los años un cerdo que se conoce como Marrano de San Antón. Desde el 13 de junio, que se celebra San Antonio de Padua, hasta el 17 de enero, cuando se celebra San Antón, es criado por todos los vecinos para después hacer la matanza en una suerte de ritual tradicional. En su honor existe una escultura en piedra junto a la iglesia. Esta es una de sus tradiciones más arraigadas y queridas que, en cierta parte, marca su gastronomía.

La Alberca cuenta con lo mejor de dos mundos a nivel gastronómico: tiene parte del campo charro y otra parte del extremeño. En la zona se crían varias especies ganaderas -vacas, cabras, ovejas y cerdos- y de ahí se extraen platos tan típicos como el cabrito cuchifrito, los hornazos, los embutidos, las empanadas o el limón serrano, un dulce al que se añade chorizo. También tienen un hueco los vinos y los dulces, destacando los turrones, las obleas, la miel y las perrunillas.
Síguele la pista
Lo último