El primer pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico de España: una joya medieval de calles empedradas, fuentes y balcones repletos de flores
Han pasado casi cien años desde su nombramiento y sigue siendo toda una sorpresa para quienes lo descubren.

Mucho antes de la era de las redes sociales, los influencer y la publicidad de bombones de chocolate recubiertos de papel dorado, hubo una época en España en la que catalogar oficialmente un pueblo como bonito y auténtico lo convertía, automáticamente, en intocable (que no instagrameable). Era la manera de protegerlo frente al paso del tiempo y hacer que su legado perdurara durante el futuro. No eran precisamente tiempos de turismo de masas, sino las guerras.
Fue justo después de la Guerra Civil, en 1940, cuando se declaró el primer Conjunto Histórico-Artístico del país. Han pasado casi cien años de aquel momentazo que marcaría el inicio de una figura de protección nacional que a día de hoy cuenta con más de 500 conjuntos históricos declarados como patrimonio (ya sea total o parcial).
Lo cierto es que la figura de Conjunto Histórico-Artístico ya no existe como tal. Ha evolucionado hacia otras catalogaciones como el Bien de Interés Cultural (BIC) pero la distinción no se la quita nadie y solo uno puede presumir de haber sido el primer pueblo en recibirla.

Cuál es el primer pueblo de España declarado Conjunto Histórico-Artístico
Se trata de un pueblo medieval cuya estética y trazado representa uno de los mejores ejemplos de pueblo tradicional serrano. Un lugar de apenas mil habitantes que tienen la suerte de vivir en un pueblo de calles empedradas con cantos rodados, fachadas revestidas de adobe, tramoneras de madera y balcones en voladizo adornados con flores de vivos colores.

Las tramoneras son esas vigas de madera que dibujan figuras geométricas en las fachadas. Medievalismo en estado puro y, en este caso, muy influenciado por la arquitectura popular de regiones como la Bretaña francesa. Dicen que de allí vinieron los primeros habitantes que repoblaron este rincón perdido en la comarca de la Sierra de Francia (de ahí el nombre), en el corazón de la provincia de Salamanca.

Ahí está La Alberca, el precioso pueblo medieval que ha sabido mantener casi intacto su legado hasta hoy. Sobra decir que también es, oficialmente, uno de los pueblos más bonitos de España, y motivos no le faltan.
Qué ver en este precioso pueblo medieval
El nombre La Alberca deriva directamente del árabe (Al-Bereka, que traducido significa ‘El Estanque’ o lugar de aguas) y su legado islámico es más que evidente en la cantidad de fuentes que salpican todo el entramando de callejuelas. Su encanto en primavera es total.

Pero hay un lugar que se lleva todas miradas, y esa es la plaza Mayor, uno de los rincones más singulares de La Alberca. De forma rectangular, pero irregular, se trata de una plaza porticada, donde las columnas de granito van creando soportales bajo los balcones. Su encanto arquitectónico es sencillamente cautivador.
Y luego está la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, una joya neoclásica levantada en 1730 por Manuel de Larra Churriguera, el mismo arquitecto que intervino en lugares tan emblemáticos como la catedral nueva de Salamanca y la biblioteca de la Universidad, o la iglesia nueva del monasterio de Guadalupe, una de las obras cumbre del gótico mudéjar en Extremadura, o el arco de la Estrella, el acceso principal al recinto amurallado de Cáceres. Bonita casualidad.
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