El primer monasterio románico de España está en Cataluña: una abadía entre montañas donde nació el arte medieval catalán
Entre el Mediterráneo y los Pirineos, Sant Pere de Rodes no solo marcó un antes y un después en la arquitectura medieval, explicó cómo empezó todo.

Antes de que el románico se extendiera por media Europa, antes de que los monasterios se convirtieran en centros de poder cultural y espiritual, hubo un lugar que lo ensayó todo por primera vez. Está en el Alt Empordà, colgado sobre el golfo de León, y no se parece a ningún otro., os lo garantizo. Y es que, Sant Pere de Rodes impresiona profundamente porque es ahí donde nació una manera nueva de construir, de rezar y de entender el paisaje.
Llegar hasta la abadía no es tan fácil como puede parecer, pues el camino se retuerce entre montañas secas, con la desventaja de un fuerte viento, pero con la alegría de unas impresionantes vistas abiertas al mar. Cuando aparece el monasterio, la sorpresa está asegurada.
Pionero en el románico europeo
Este espectacular monasterio está considerado el primer gran monasterio románico de Cataluña y uno de los más tempranos de la península ibérica, construido nada más ni nada menos que hace once siglos, entre los siglos X y XI. Su iglesia rompió con todo lo anterior e introdujo bóvedas de cañón, pilares compuestos, arcos torales y una concepción espacial completamente románica, cuando todavía convivían estilos anteriores. Es un ejemplo claro de la experimentación. Y lo que se construyó sirvió de modelo para otros monasterios catalanes posteriores.

¿El resultado? Una iglesia monumental, sobria, elevada, con una verticalidad poco habitual en su tiempo y con el románico.
Una abadía poderosa en plena Edad Media
Pero este monasterio no es solo bonito, pues durante los siglos XI y XII, Sant Pere de Rodes fue uno de los monasterios más influyentes del noreste peninsular. Dependía directamente de Roma, lo que le otorgaba independencia frente a obispos y señores locales. Esa autonomía se tradujo, para sorpresa de nadie, en poder económico, control territorial y prestigio religioso. Fue también un importante centro de peregrinación, especialmente por la veneración de reliquias, algo habitual en la Edad Media para atraer fieles y rentas. La comunidad monástica gestionaba tierras, caminos y relaciones comerciales en un enclave clave entre el interior y la costa.

Fusión de arquitectura y paisaje
Uno de los grandes aciertos de Sant Pere de Rodes es su relación con el entorno. Parece como si su destino hubiese sido el de emplazarse ahí; todo fusiona de una forma sorprendente. Desde ahí arriba, la vista alcanza el Cap de Creus, el Mediterráneo y los valles del Empordà. La orientación del templo, la disposición del claustro y la elección del emplazamiento responden tanto a criterios simbólicos como prácticos. Pero cuando uno está ahí solo puede pensar que responde a una lógica humana; la de construir monumentos increíbles en lugares espectaculares.

Del abandono a la recuperación
Pero no todo iba a ser bonito, y es que a partir del siglo XVII comenzó su decadencia. El traslado de la comunidad, los saqueos y el abandono convirtieron el monasterio en una ruina progresiva. Durante décadas fue cantera de piedra y refugio ocasional. La recuperación llegó en el siglo XX, con campañas de restauración que permitieron leer el edificio sin demasiados añadidos. ¡Y menos mal! El trabajo que hicieron es francamente admirable.

Sant Pere de Rodes es una maravilla que solo se comprende del todo cuando se visita. Un lugar en el que el románico dejó de ser una transición y se convierte en lenguaje propio. Puede que no sea el monasterio más visitado de España, pero sí uno de los más importantes para comprender cómo empezó el arte medieval en Cataluña. Y un lugar maravilloso para conectar con la naturaleza y, más importante, contigo mismo.
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