El primer monasterio cartujo de la Península Ibérica está escondido en Tarragona y es ideal para descubrir en verano: fundado en el siglo XII y rodeado de viñedos
Entre bancales de pizarra y la sombra de la sierra de Montsant, la primera cartuja de la Península lleva ocho siglos marcando el paisaje de una comarca que le debe hasta el nombre.

Se trata de un pedazo de historia en el corazón de Morera de Montsant / Istock
Se sube por una rambla estrecha, entre viñas que trepan en bancales de pizarra, y de pronto el valle se cierra sobre un conjunto de muros dorados que parece haber crecido de la misma sierra de Montsant. No hay pueblo alrededor, solo la mole rota de lo que fue un monasterio inmenso. Este verano, con la museografía renovada es el momento de subir hasta aquí.

Cartuja de Escaladei en el Priorat, Tarragona provincia, Cataluña / Istock
Lo que se visita hoy son las ruinas de la Cartuja de Escaladei, en el término de La Morera de Montsant, la primera fundación de la orden cartujana en toda la Península Ibérica. Durante siete siglos, los monjes que vivían tras estos muros gobernaron de facto la comarca entera, y de su nombre - el priorato de la cartuja - nació el nombre que hoy conocemos como El Priorat.

Adriana Fernández
De la Provenza a señores de toda la comarca
Corría el año 1194 cuando el rey Alfonso el Casto - Alfonso II de Aragón, Alfonso I como conde de Barcelona, la misma persona bajo dos títulos - donó estas tierras recién conquistadas a un grupo de monjes cartujos llegados desde la Provenza. Se instalaron primero junto a Santa Maria de Poboleda, en un antiguo eremitorio abandonado, porque no existía aún ningún edificio que los acogiera. No se conserva documento fundacional: la fecha se reconstruye por otras vías. En 1203 el rey Pedro el Católico les concedió un territorio más amplio y definitivo, y hacia 1215 el nuevo emplazamiento - el que hoy se visita - ya estaba en condiciones de habitarse. Fundación y traslado, dos momentos de una misma historia.

Cartuja de Escaladei en el Priorat, Tarragona provincia, Cataluña / Istock
La leyenda, que no el hecho, cuenta que el lugar exacto lo señaló un pastor: soñaba con ángeles que subían al cielo por una escalera apoyada en el tronco de un pino. De ahí el nombre, Escaladei, "escalera de Dios". Es relato posterior al asentamiento, transmitido de generación en generación, y así conviene tomarlo.
Lo que sí es hecho documentado es el poder que llegó a acumular la cartuja. Donaciones y compras sucesivas la convirtieron en señor feudal de facto sobre los términos de La Morera, Gratallops, Torroja, Porrera, Poboleda y La Vilella Alta - el territorio que hoy conocemos como Priorat lleva su huella en el propio nombre. Los monjes poblaron campos, levantaron molinos y extendieron el cultivo de la viña por las laderas de pizarra: el origen directo de la viticultura que hoy sostiene la DOQ Priorat.

Cartuja de Escaladei en el Priorat, Tarragona provincia, Cataluña / Istock / Josep Curto
En el siglo XVI se acometió una gran reforma que unificó siglos de estilos dispares en un lenguaje entre clasicista y barroco, y la cartuja se convirtió en centro artístico de primer orden con su propia escuela de pintura. En el siglo XVIII llegó a tener tres claustros y treinta celdas, y participó en la fundación de numerosas cartujas peninsulares posteriores. El final llegó de golpe: con la desamortización de Mendizábal, en 1835, los monjes abandonaron el monasterio. Vinieron el saqueo y el incendio, y buena parte de sus bienes se malvendió en subasta pública. Algunas piezas sobreviven hoy en el Museu Diocesà de Tarragona, entre ellas una María Magdalena del siglo XVI y una Santa Lucía del XIV.
Ruinas, celdas reconstruidas y una museografía que revive el silencio
Declaradas Bien Cultural de Interés Nacional en 1980, las ruinas pasaron a gestión de la Generalitat en 1989, que inició su restauración y las abrió a la visita. El recorrido arranca en el patio de entrada, cerrado por una muralla, donde antaño se atendía a visitantes y a quienes pedían caridad - quedan restos del edificio de servicios, la capilla de Sant Bru y la hospedería. Dos arcos marcan lo que fue la portería de acceso a la clausura. Sigue el patio del Ave María, llamado así porque los monjes saludaban allí a la Virgen, y desde ahí se accede a los restos de los claustros, parte de la iglesia y una celda reconstruida que permite entender la vida cartujana: soledad eremítica combinada con vida en comunidad, silencio y oración.

Cartuja de Escaladei en el Priorat, Tarragona provincia, Cataluña / Istock / Surfing the Planet
Desde finales de 2024 el conjunto cuenta con una intervención museográfica nueva, integrada en la propia arquitectura: una guía multimedia recorre la historia del monasterio desde su fundación hasta la disolución, hay una experiencia de realidad virtual - "Els ulls de la història" - que traslada al visitante a la cartuja del siglo XVII a través de la voz de Joaquim Juncosa, el artífice de la decoración de la iglesia, y en la sala del capítulo de los padres se proyecta "El silencio eterno", una instalación audiovisual sobre la cotidianidad de los monjes. Para quien prefiera algo más teatral, existe también una visita guiada ambientada a finales del siglo XVI, construida sobre textos de San Bruno y Guigó, que recorre el sendero por el que los monjes paseaban los domingos.
Cómo llegar, cuándo ir y qué combinar en el Priorat
La Cartuja de Escaladei está a menos de una hora de Tarragona capital y a poco más de cuarenta minutos de Reus, por la carretera que sube desde Falset hacia Cornudella de Montsant. El horario vigente es de 10.00 a 17.30 h de octubre a abril, de 10.00 a 19.00 h de mayo a septiembre, y de 10.00 a 15.00 h los domingos y festivos durante todo el año - la taquilla cierra media hora antes. Permanece cerrada los lunes no festivos y el 25, 26 de diciembre, 1 y 6 de enero. La entrada general ronda los 3,50 euros, con reducciones para mayores, menores de 25 años y familias; conviene confirmar el precio exacto en el teléfono del monumento antes de subir, porque las tarifas se revisan con cierta frecuencia.

Paisaje de viñedos del Priorat / Istock / TONO BALAGUER
En pleno verano, el valle no tiene sombra y el calor del Priorat aprieta desde media mañana: lo mejor es subir a primera hora, con agua y sombrero, y dejar la sobremesa para después. La visita se combina bien con un paseo por los pueblos del antiguo dominio - Gratallops, Torroja, Poboleda - o con una escapada a la sierra de Montsant, que rodea el monasterio como una muralla natural. El vino, que es consecuencia de los monjes y no al revés, tiene aquí mismo su testigo más antiguo: en Cellers de Scala Dei, adosada al propio pueblo de Escaladei, se elabora vino desde que los cartujos documentaron por escrito, en 1263, qué variedades resistían mejor "aquella tierra fría"; hoy ofrece visitas guiadas y catas por la antigua cava del procurador, del siglo XVII. Para comer, la Llesqueria La Plaça, en la plaza del pueblo, a menos de un kilómetro del monasterio, sirve raciones de cocina catalana casera que dejan buen sabor de boca a la salida - "nos ha encantado", resume una reseña reciente.
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