El precioso rincón de Extremadura que guardan una decena de habitantes en pleno Parque Nacional de Monfragüe: lo mandó construir Carlos III y está en una Reserva de la Biosfera
Villarreal de San Carlos fue mandado construir en el siglo XVIII por Carlos III para vigilar un camino estratégico que comunicaba Plasencia con Trujillo.

En el interior del Parque Nacional de Monfragüe hay un pequeño núcleo de población que apenas alcanza la decena de vecinos. Se llama Villarreal de San Carlos y es el único asentamiento urbano situado dentro del parque. Entre dehesas, roquedos y vuelos de buitres negros, un puñado de habitantes custodia uno de los enclaves más singulares de Extremadura.
No es una aldea medieval ni un pueblo que haya ido perdiendo población en picado con el tiempo. Su origen responde a una decisión concreta: fue mandado construir en el siglo XVIII por Carlos III para dar servicio y control a un camino estratégico que comunicaba Plasencia con Trujillo, entonces poco poblada y con problemas de seguridad por el bandolerismo, ya que los asaltos eran muy frecuentes.
Un pueblo del siglo XVIII en mitad de Monfragüe
Villarreal de San Carlos nació como una pequeña población planificada. Se levantaron viviendas, dependencias administrativas, una casa cuartel, fuentes de agua y una iglesia para dar servicio a viajeros y reforzar el control del territorio. En definitiva, nunca llegó a tener una gran población, por lo que se quedó como una pedanía de Serradilla.

Con el paso del tiempo, perdió su función estratégica, pero el núcleo permaneció. Cuando Monfragüe fue declarado Parque Natural en 1979 y posteriormente Parque Nacional en 2007, el pueblo quedó integrado en el espacio protegido.
Una decena de vecinos en una Reserva de la Biosfera
La población estable ronda actualmente la decena de habitantes, aunque llegó a los 38 habitantes en 2002. Son quienes mantienen abiertos alojamientos rurales y los servicios vinculados al turismo de naturaleza y a la gestión del parque.
Monfragüe fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2003, antes incluso de su declaración como Parque Nacional. Es uno de los enclaves más importantes de Europa para la observación de aves rapaces, con presencia destacada del buitre negro, el águila imperial ibérica y la cigüeña negra.

Muy cerca del núcleo se encuentra el Castillo de Monfragüe, fortaleza de origen andalusí situada en lo alto de un cerro desde el que se domina el paisaje del Tajo y el Tiétar.
Un enclave pequeño con actividad ligada al parque
Villarreal de San Carlos no funciona como un pueblo convencional. No tiene colegio ni servicios básicos permanentes más allá de los vinculados al visitante. Su actividad gira en torno al turismo de naturaleza y a eventos como la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO), que se celebra el último fin de semana de febrero en este enclave y reúne cada año a profesionales y aficionados a la observación de aves. Es más, es zona de especial protección para las aves (ZEPA).
Con apenas unos pocos habitantes y más de dos siglos de historia, Villarreal de San Carlos sigue siendo una rareza dentro del mapa extremeño: un pequeño núcleo fundado por orden real que hoy sobrevive en el interior de uno de los espacios naturales más protegidos de España.
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