Este precioso pueblo de Cáceres no tiene habitantes pero recibe miles de turistas todos los días
Un impresionante recinto medieval en el norte de Extremadura lleva 70 años sin una sola persona en sus calles, lo que no impide que sea uno de los destinos turísticos más interesantes de la provincia de Cáceres.

No es el pueblo más antiguo, ni el más grande. Desde luego, no es en el que mejor se come, pero nada de eso importa. Cientos de personas visitan cada día este recinto amurallado, considerada una de las mejores restauraciones de un pueblo medieval que existe en España. El hecho de que exista un lugar así, abandonado, pero nunca olvidado, suscita la curiosidad de muchos de sus visitantes, que vienen atraídos por el encanto medieval de sus murallas y sus construcciones centenarias.
Su ubicación única también es motivo de curiosidad. Se encuentra en una península artificial, en medio del embalse de Gabriel y Galán, al que solo se puede llegar por una pequeña carretera ubicada al noroeste. Pero no siempre fue así. Durante mucho tiempo, este lugar prosperaba como una fortaleza indispensable para el control fronterizo entre España y Portugal y su importancia se consolidó por estar en medio de la antigua Vía de la Plata. Fue su valor histórico y el recuerdo de los vecinos de la zona lo que hizo que no cayera en el olvido. Hoy, lo descubrimos, desentrañando uno a uno todos los porqués que suscita este lugar único.
La fortaleza milenaria inundada
La historia de Granadilla se remonta al siglo IX, fundado como baluarte estratégico del Califato de Córdoba con el objetivo de establecer control militar en la zona e impedir el avance cristiano. Pese a ello, en el año 1160 fue invadida por el Rey Fernando de León, quien la transformó en una villa cristiana amurallada más parecida a lo que podemos ver hoy en día. Por entonces, el lugar se continuaba llamando Granada y no fue hasta la expulsión total de los musulmanes que los Reyes Católicos cambiaron su nombre a Granadilla para evitar confusiones.

Durante siglos, el lugar pasó por los vaivenes históricos clásicos. Es reconocida como villa por Fernando II, pasa a formar parte de la orden de Santiago para luego volver a los dominios de la corona. En 1310 la villa tuvo voto en las Cortes, lo que demuestra su importancia y más de un siglo después, su concesión a los Duques de Alba por parte de Juan II de Castilla servirá para transformarla, dando lugar a lugares de interés turístico e histórico que hoy forman parte indivisible de la identidad del lugar.
Son muchas las historias que hay recogidas entre los muros de Granadilla y, con sus más y sus menos, se podría deducir por lo contado que sería una villa próspera, llena de vida y un pueblo importante en la comarca de Tierras de Granadilla. Pero entonces, en la mitad del siglo XX, ocurre algo que cambiaría el destino de este lugar para siempre.

Era el año 1955. Las fronteras ya están afianzadas con Portugal y España se encuentra totalmente unificada (que no unida), por lo que el lugar, aunque conservase su encanto medieval, hacía mucho que había perdido su relevancia estratégica. Es entonces cuando el gobierno franquista decide aprovechar la ubicación única del lugar, cercano al río Alagón, para crear un embalse, expropiando la zona que incluye el casco histórico de Granadilla. Para 1964, el pueblo estaba completamente desierto.
Una nueva vida para Granadilla
Los años fueron pasando. El control del municipio se repartió por los pueblos colindantes y el recinto, aunque notablemente bien conservado, había perdido la luz que lo caracterizaba años atrás. Sin embargo, en 1980, el gobierno de Adolfo Suárez lo declaró Conjunto Histórico-Artístico y comenzaron los trabajos de restauración de monumentos como el castillo o la iglesia, así como las partes de la muralla más deterioradas por el paso del tiempo. Los vecinos nunca volvieron, pero sí recuperaron con el tiempo la propiedad de las casas de sus antepasados. A día de hoy, se siguen reuniendo en el lugar 2 veces al año: durante la romería de la Virgen de Agosto y el 1 de noviembre.
De villa medieval a atracción turística
Todo el esfuerzo y dedicación puestos en el pueblo no fueron en balde. Los muros volvieron a levantarse y lugares en peligro de derrumbamiento como el castillo fueron apuntalados y restaurados. Hoy en día, el lugar se encuentra bajo el Programa Interministerial de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados. Dicho programa convirtió al pueblo en un destino turístico relevante, que puede ser visitado mediante horarios durante todos los días del año, a excepción de los lunes.

Durante una visita, no se puede dejar de visitar el castillo, construido en el siglo XV por los Duques de Alba, así como la iglesia parroquial de La Asunción que fue levantada 100 años después. Por supuesto, otro lugar imperdible es su muralla, que después de su restauración en 1980 se encuentra en buen estado de conservación, permitiendo recorrer el perímetro de la villa mientras se disfrutan de las vistas del embalse.
Las visitas son gratuitas y están sometidas a horarios de mañana y tarde. Puedes llevar a mascotas, siempre que estén atadas y las vallas que hay en la zona delimitan los lugares que se encuentran en restauración (negras) o aquellos que sí está permitido visitar (verdes), pero que tienen que cerrarse tras su paso. Toda la información se encuentra en la web del lugar, donde podrás consultar el resto de normas, así como toda la información referente a una de las villas medievales más espectaculares, un pequeño pueblo abandonado en el norte de Cáceres.
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