El precioso pueblo de Asturias construido en forma de anfiteatro frente al mar: una joya declarada Bien de Interés Cultural que te enamorará por sus casas de colores
Este pueblo de Asturias tiene un paisaje único y sus habitantes conviven en un anfiteatro de cara al mar en el que se respira paz.

Asturias, Patria querida: hay rincones en esta comunidad que parecen tan desconcertantes como poderosos. Desde la carretera apenas se adivina: un puñado de tejados inclinados que descienden por una ladera hasta besar el Cantábrico. Parece poco… Hasta que uno decide detenerse. El pueblo se abre como un anfiteatro natural donde las casas, apiladas y pintadas de colores intensos, ocupan el lugar de las gradas. Abajo, el puerto actúa como escenario permanente.

Con algo más de 5.000 habitantes, este rincón del occidente asturiano mantiene una identidad propia difícil de encontrar hoy en día. Aquí se habla pixueto, una lengua singular que no existe en ningún otro lugar del mundo y que los vecinos reivindican con orgullo cada 29 de junio durante L’Amuravela, la fiesta dedicada a San Pedro. Tradición, religión y mar se mezclan en un ritual que refuerza la sensación de estar en un lugar ajeno al mundo exterior. ¿Ya te haces una idea de qué lugar hablamos?
Cudillero es un pequeño municipio, considerado desde hace años uno de los más bellos de España. El concejo cuenta con 38 kilómetros de costa protegida, un litoral donde se alternan playas casi salvajes, acantilados, prados y bosques que llegan hasta el borde del mar. Gran parte de este territorio forma parte del Paisaje Protegido de la Costa Occidental.

El recóndito pueblo de Asturias con casas de colores que parece salido de un cuento
En el casco urbano se conservan edificios de gran valor, como una capilla gótica del siglo XIII (la más antigua de la localidad) y la iglesia de Santa María, testigos de siglos de vida marinera. A pocos kilómetros, el Conjunto Palaciego de los Selgas: jardines geométricos, esculturas y un palacio que guarda obras de grandes maestros como Goya, Tiziano o El Greco, motivo por el que se le conoce como el 'Versalles del Norte'... Una auténtica maravilla.

La vista del pueblo deja ver un puzzle de tejados rojos, azul marino y verde intenso de los montes que lo rodean. Desde arriba, el pueblo confirma su fama de postal, pero también su carácter reservado, casi tímido, como si solo quisiera ser observado por quien realmente se esfuerza en mirarlo. ¡Pero eso no es todo! La experiencia no estaría completa sin sentarse a la mesa. La cocina local es una declaración de principios: bugres, centollos, andaricas y percebes llegan directamente del mar a la cocina.

La magia de este paraíso asturiano está en la suma de pequeños detalles: el color de sus casitas, el sonido del mar, la vida tranquila de sus habitantes... ¿No dan ganas de quedarse a vivir?
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