Parece Madeira, pero está en Galicia: la increíble playa de arena blanca donde puedes ver el fin del mundo
Esta playa es uno de los destinos favorito de muchos peregrinos del Camino de Santiago

Pocos recorridos son más conocidos y transitados como el Camino de Santiago. Esta ruta de peregrinación con siglos de antigüedad, atrae cada año a miles de turistas que acuden a Galicia para visitar al santo.
A pesar de los kilómetros recorridos hasta la capital gallega, algunos deciden extender su viaje y llegas hasta Fisterra, un tramo que los lleva a conocer la Costa da Morte, su naturaleza salvaje y una estampa del Atlántico incomparable.
Esta etapa final hasta el fin del mundo, discurre por acantilados, bosques costeros y playas solitarias. Cuando los peregrinos llegan a Muxía, muchos deciden hacer una parada al descubrir un rincón de paz en el que coger fuerzas antes de terminar su camino. Este remanso a los pies del camino es una increíble playa de arena blanca donde puedes ver el fin del mundo.
Una parada para ver el fin del mundo
El sendero de Muxía bordea un pequeño arenal que llama la atención por las sensaciones que transmite. En un rincón del mundo donde la naturaleza parece desbocarse y el mar se subleva contra las rocas, la playa de Lourido es un oasis de calma en el que descolgar la mochila de la espalda, descalzarse y perderse ante la vista del océano.
Este espacio que se abre al horizonte, es el lugar perfecto, seas peregrino o no, para sumergirte en el agua salada y disfrutar de la belleza tan particular de la Costa da Morte. Entre acantilados, faros, calas escondidas y pueblos marineros, la playa de Lourido es una parada obligada si quieres experimentar de verdad la zona.
Este arenal que precede al pueblo, dibuja un paisaje hermoso con sus dunas y las vistas del cabo Vilán. Aunque el litoral gallego se caracteriza por su abundancia de playas, hay un momento del día en el que ésta puede mirar de frente a las consideradas como las más hermosas.
Cuando atardece en Costa da Morte no lo hace como en el resto de lugares y la playa de Lourido es uno de los mejores ejemplos. Desde la arena, los largos atardeceres gallegos ganan una nueva dimensión, con el cielo tiñéndose de colores naranjas y violetas, mientras el sol se sumerge en las aguas profundas del Atlántico, donde parece que se termina el mundo.
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