Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Todos van a la Playa de las Catedrales, pero pocos conocen la de los arcos de piedra de Asturias: 125 metros de arena blanca donde se camina bajo arcos de caliza y sin reserva previa

En Galicia hace falta reservar cita para pisar la arena. En Asturias, a apenas dos horas de coche, hay una playa que ofrece el mismo espectáculo de arcos horadados por el mar y a la que se llega sin papeleo ni cupo diario.

Cuevas del Mar, en Asturias.

Cuevas del Mar, en Asturias. / Istock / Nando Lardi

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Se llama Cuevas del Mar y está en Nueva de Llanes, en la desembocadura del río Nueva. Mientras que en As Catedrais la reserva es obligatoria en Semana Santa y del 1 de julio al 30 de septiembre, con un aforo de unas 4.800 personas al día, aquí el acceso sigue siendo libre. Eso sí: la marea manda, y conviene saber cuándo ir.

La Playa de las Catedrales, en Galicia.

La Playa de las Catedrales, en Galicia. / Istock

Cuando el mar se retira, el agua deja al descubierto un entramado de túneles y pasadizos excavados durante milenios en la roca caliza. Es entonces cuando la playa cambia por completo: lo que unas horas antes era una cala más de la costa oriental asturiana se convierte en un laberinto de piedra por el que se puede caminar de un extremo a otro sin mojarse los pies.

Vista de las Cuevas del Mar en la Costa Verde de Asturias

Vista de las Cuevas del Mar en la Costa Verde de Asturias / Istock / Nando Lardi

Nueva de Llanes es un pueblo pequeño del concejo de Llanes, a unos 15 kilómetros de la villa y muy cerca de Ribadesella, en plena Costa Verde. Cuevas del Mar es su playa, y también una de las postales menos gastadas de una costa que suele resumirse en San Antolín o Torimbia. Aquí no hay grandes acantilados ni miradores instagrameables a la entrada: hay que llegar hasta la arena para entender por qué el nombre del lugar no es casualidad.

8 pueblos de Asturias preciosos hasta decir basta

Redacción Viajar

La caliza que el Cantábrico llevaba milenios trabajando

El paisaje de Cuevas del Mar es, ante todo, geología en movimiento. El oleaje del Cantábrico ha ido perforando durante siglos las paredes de piedra caliza que enmarcan la playa, abriendo cuevas, túneles y arcos que hoy forman parte de uno de los conjuntos kársticos más llamativos de Asturias. La zona está declarada Paisaje Protegido, una figura que reconoce el valor de un tramo de costa donde la erosión ha esculpido formas que, de tan irregulares, parecen trabajadas a mano.

Vista de las Cuevas del Mar en la Costa Verde de Asturias

Vista de las Cuevas del Mar en la Costa Verde de Asturias / Istock / Nando Lardi

La desembocadura del río Nueva marca el límite occidental de ese espacio protegido, y es precisamente ahí, en el punto donde el agua dulce se mezcla con el mar, donde se levanta la playa: forma triangular, unos 125 metros de longitud y algo más de 40 de anchura media, con arena blanca salpicada de bolos que el río va arrastrando desde el interior. El fondo rocoso hace que el agua sea especialmente cristalina, y las cuevas, además de atractivo turístico, funcionan como refugio de aves marinas y de la fauna intermareal que se mueve entre las rocas cuando baja la marea.

Cómo se recorre y qué se puede hacer, sin perder de vista la marea

La comparación con As Catedrais no es gratuita ni pretende restarle mérito a la playa gallega, que limita el acceso precisamente para proteger un espacio que llegó a recibir más de 16.000 visitantes en un solo día. Es, simplemente, un dato práctico: aquí no hace falta planificar la visita con semanas de antelación ni pelear una reserva online. Basta con mirar la tabla de mareas.

Estas cuevas marítimas son de las más espectaculares de Asturias.

Estas cuevas marítimas son de las más espectaculares de Asturias. / Istock / Nando Lardi

Con la marea baja, se puede caminar entre los arcos y adentrarse en algunos de los pasadizos, una experiencia que combina paseo y descubrimiento geológico sin necesidad de guía ni equipo especial. El resto del año, cuando el baño ya no es la prioridad, las paredes de roca se convierten en zona de escalada deportiva, y bajo el agua, el fondo rocoso hace de la zona un lugar apreciado para el snorkel. También hay un sendero que sube hasta una ermita con vistas sobre los acantilados, un buen remate para quienes quieran algo más que playa.

Conviene tomarse en serio algunas normas básicas antes de bajar a la arena:

  • Las cuevas y arcos solo son transitables con marea baja: hay que consultar la tabla de mareas antes de salir de casa.
  • Durante el recorrido, vigilar la subida del agua para no quedar atrapado entre las rocas.
  • Llevar calzado antideslizante o escarpines, porque la roca corta y resbala.
  • No trepar por las formaciones: son bonitas, pero no están pensadas para sostener a nadie.

Entre el 1 de junio y el 30 de septiembre, además, no se permite el acceso de animales domésticos a la playa.

Interior de las cuevas de Asturias.

Interior de las cuevas de Asturias. / Istock / Nando Lardi

Llegar, aparcar y no confundir "sin reserva" con "sin gente"

La forma más sencilla de llegar es en coche por la AS-263 desde Llanes, con conexión a la autovía a apenas dos kilómetros. Eso sí, que no haga falta reservar no significa que la playa esté vacía: es una de las más frecuentadas de la zona en temporada alta, y el aparcamiento —amplio, pero limitado— suele llenarse pronto en los días de más calor. Madrugar sigue siendo la mejor estrategia, tanto para encontrar sitio como para ver las cuevas con la luz de la mañana.

Atardecer en las Cuevas del Mar.

Atardecer en las Cuevas del Mar. / Istock / Nando Lardi

La playa cuenta con duchas, aseos y servicio de socorrismo en temporada, además de un chiringuito en la propia arena para quien no quiera moverse en todo el día. Fuera de esos meses de más afluencia, la zona recupera el aire tranquilo de un rincón rural: praderías, algún caballo suelto junto al camino de la ermita y el sonido del mar entrando y saliendo de las cuevas.

Quien se anime a hacer noche en la zona tiene cerca Llanes, con su puerto y sus casonas indianas, y Ribadesella, a apenas 15 kilómetros, con la cueva de Tito Bustillo como parada obligada. Y muy cerca, otra rareza geológica de la costa: la playa de Gulpiyuri, un arenal que se formó tierra adentro y que completa, junto a Cuevas del Mar, una de las rutas de playas más singulares de todo el norte de España.

Al final del día, cuando el sol empieza a bajar y la marea vuelve a subir, los arcos de Cuevas del Mar se cierran otra vez al paso, como si el mar quisiera recordar que ese paisaje nunca es del todo suyo ni del todo nuestro: solo se presta, unas horas al día, a quien sepa llegar en el momento justo.