No, no es el Pirineo: estos pueblos del Vallès se han hecho virales por conservar sus casas centenarias de piedra
No hace falta pegarse un tute con el coche para soltar decenas de "què maco!" por minuto. En redes sociales están repescando pueblos de las cercanías de Barcelona que preservan su pasado arquitectónico en entornos muy urbanizados.

Cuando las guías hacen recomendaciones de “los pueblos medievales más bonitos de Catalunya” y sucedáneos pasan de puntillas por Barcelona. Incluso los vídeos de ‘influencers’ con recomendaciones rurales obvian la provincia, apuntando la mayoría de las recomendaciones entre Girona y Lleida. Por eso, cada vez hay más gente dispuesta a hacer arqueología municipal y buscar rincones fuera de los circuitos más turísticos, incluso en las urbanas cercanías de Barcelona. Porque sí, a veces los ‘pixapins’ quieren gritar ‘què maco! sin tener que pegarse dos horas de coche.
Un ejemplo es el barrio de Gallicant, situado entre La Garriga y Figaró-Montmany. Es una zona minúscula −literalmente un par de calles− que ha obtenido cierto reconocimiento en redes. La cuenta @medievalismes (el alias de Gabriel, un historiador del arte) recomendaba este barrio en un vídeo con más de 171 mil visitas en Instagram. “El Vallès no siempre ha sido un territorio eminentemente urbano. Todavía quedan algunos reductos rurales casi sin alteraciones urbanísticas”, explicaba, paseando por sus calles de piedra.
Otra recomendación con tirón digital es Bigues i Riells, en concreto, Riells del Fai. La zona que rodea la iglesia todavía conserva el espíritu de pueblo antiguo. Casas centenarias, fachadas de piedra, mucha teja y calles peatonales. Además, al municipio lo rodean rutas montañeras muy recomendables, como las que cruzan el espacio natural dels Cingles de Bertí (con despeñaderos con vistas impresionantes) o el ascenso hasta Sant Miquel del Fai, un monasterio que se originó siendo tallado en la roca.
Última recomendación vallesana: Caldes de Montbui. Este pueblo es el epicentro del ‘wellness’ barcelonés. Gracias a sus aguas termales tiene spas, centros de relajación y hasta unos baños termales públicos (con entradas a menos de 10 euros). Pero más allá de toda la cultura de la piscina, su centro es una joya a la vista. Calles estrechas, monumentos de piedra y edificios históricos componen un casco antiguo muy fotográfico. Además, son famosos sus ‘carquinyolis’, perfecto para acabar el día poniéndose las botas.
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