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Philip Johnson, el primer premio Pritzker de la historia, y el templo que le hacía llorar: "Lo que hacemos en la Tierra es embellecerla para que las futuras generaciones sientan la misma emoción que yo"

Filip Johnson fue el primer arquitecto en ganar el Pritzker de la historia, pero antes de morir, confesó que había un templo que le hacía llorar solo con mirarlo: un icónico templo de la Acrópolis de Atenas que sigue provocando asombro entre quienes lo contemplan por primera vez.

Las reveladoras declaraciones de Philip Johnson, el primer premio Pritzker de la historia, sobre el templo de Grecia que le hacía llorar

Las reveladoras declaraciones de Philip Johnson, el primer premio Pritzker de la historia, sobre el templo de Grecia que le hacía llorar / Istock / SHansche

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En lo alto de la Acrópolis de Atenas, a unos 156 metros sobre el nivel del mar, se percibe un templo que lleva casi 2.500 años dominando el perfil de la ciudad. Levantado en la Acrópolis entre los años 447 y 432 a.C., este templo dedicado a Atenea se convirtió en la gran obra de la Grecia clásica y, con el paso de los siglos, en una referencia universal para la arquitectura. Más de dos milenios después, aquella apuesta sigue sorprendiendo: sus columnas, sus proporciones y el equilibrio de sus formas.

El Partenón se levanta en la colina rocosa que domina el centro histórico de Atenas, visible desde el monte Licabeto, la colina de Filopapo o las terrazas del barrio de Plaka. Este año, además, se puede ver de una forma en la que ninguna generación reciente lo había visto: sin andamios cubriendo su fachada occidental. Según confirmó en junio de 2026 la ministra de Cultura griega, Lina Mendoni, es la primera vez en unos 220 años que esa cara del templo puede apreciarse por completo. "La vista es realmente impresionante", comentaba.

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Su construcción formó parte del ambicioso proyecto impulsado por Pericles para recuperar la Acrópolis después de la destrucción provocada por los persas. Durante el Renacimiento, figuras como Andrea Palladio y Leon Battista Alberti encontraron en la arquitectura antigua una fuente de inspiración fundamental. Mucho después, el Partenón se convirtió también en una referencia imprescindible para el Neoclasicismo y continuó ejerciendo influencia sobre la arquitectura occidental.

Las vistas de Atenas desde el Partenón

Las vistas de Atenas desde el Partenón / Istock / Marco_Piunti

El primer premio Pritzker de la historia, impresionado por su belleza

Que un templo pueda seguir generando titulares dos milenios y medio después de construirse dice mucho de lo que representa. El arquitecto estadounidense Philip Johnson, primer ganador del Premio Pritzker en 1979 y una de las figuras más influyentes de la arquitectura del siglo XX, lo explicó con una franqueza poco habitual en su gremio: "Me gusta pensar que lo que hacemos en la tierra es embellecerla para que las futuras generaciones puedan mirar las formas que les legamos y sientan la misma emoción que yo siento al mirar el Partenón, o la catedral de Chartres".

Johnson murió en 2005, pero esa idea, la de un edificio capaz de emocionar por su sola proporción, sigue siendo la mejor forma de entender por qué el Partenón continúa en el centro de cualquier conversación sobre arquitectura. En ese sentido, el Partenón ocupaba un lugar especial junto a otro edificio que marcó al arquitecto desde su juventud: la Catedral de Chartres. Ambos representaban para él esa capacidad excepcional de la arquitectura para continuar provocando asombro siglos después de su construcción.

El partenón de Atenas (Grecia)

El partenón de Atenas (Grecia) / Istock / Richmatts

La UNESCO declaró la Acrópolis de Atenas Patrimonio de la Humanidad en 1987, reconociendo el valor excepcional de un conjunto que continúa siendo uno de los grandes destinos culturales del Mediterráneo. Y es que todo el conjunto convierte la Acrópolis en mucho más que una sucesión de ruinas. Es un recorrido por algunas de las ideas que definieron la cultura europea: arquitectura, política, religión, filosofía, arte y teatro conviven sobre una misma colina.

De templo a iglesia, a mezquita, a polvorín

El Partenón cambió de función varias veces a lo largo de los siglos: fue iglesia cristiana en época bizantina y mezquita durante la ocupación otomana. En 1687, un bombardeo veneciano hizo explotar la pólvora que los otomanos almacenaban en su interior, y el templo perdió buena parte de su techumbre y de su estructura central. Décadas después, entre 1801 y 1802, el diplomático británico Lord Elgin retiró numerosas esculturas y relieves del friso, que hoy se conservan en el Museo Británico de Londres, en el centro de una disputa entre Grecia y Reino Unido sobre su devolución que continúa abierta.

Qué más ver en la Acrópolis

El recinto arqueológico incluye los Propileos, la monumental puerta de acceso; el Erecteion, con su célebre Pórtico de las Cariátides; y el templo de Atenea Niké, en el flanco suroeste de la colina. A los pies de la Acrópolis se encuentran también el Teatro de Dioniso, considerado el primer teatro del mundo, y el Odeón de Herodes Ático, todavía en uso para conciertos. El Museo de la Acrópolis, inaugurado en 2009, expone las piezas originales que sí permanecen en Grecia y deja deliberadamente vacíos los huecos correspondientes a las esculturas que se conservan en Londres.

Pórtico de las Cariátides (Atenas, Grecia)

Pórtico de las Cariátides (Atenas, Grecia) / Istock / iantfoto

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