El "pequeño Vaticano" de Castilla: un pueblo de menos de 1.000 habitantes que guarda los tesoros de los Médici, momias reales y una arquitectura que te traslada a la Roma del Renacimiento
Viajar al Renacimiento romano es tan fácil como ir hasta este pueblo castellano repleto de obras artísticas de gran relevancia.

Es uno de los pueblos más bonitos e impresionantes del centro de España / Istock / marisa Arregui
El Vaticano esconde una de las colecciones más extensas e importantes de todo el mundo, destacando las corrientes del Renacimiento y el Barroco, y artistas tan reconocidos como Miguel Ángel, Rafael o Bernini. Allí se unen historia, fe y mecenazgo papal en lugares como los Museos Vaticanos, la Basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina. Es curioso porque es el país independiente más pequeño del mundo, con solo 44 hectáreas de extensión, o lo que es lo mismo, 0,44 kilómetros cuadrados. Y en ese pequeño espacio hay casi 100.000 obras.
Comparar el Vaticano con cualquier otro lugar es algo muy arriesgado, sobre todo para los amantes del arte. Lo que sí podemos encontrar es un "pequeño Vaticano" oculto en un pueblo castellano de menos de mil habitantes. Guarda los tesoros de los Médici, momias reales y una arquitectura que te traslada a la Roma del Renacimiento. Quien haya tenido oportunidad de descubrirlo, rápidamente sabrá que se trata de Pastrana, en Guadalajara, uno de los pueblos más bonitos de todo el país, donde la tranquilidad se encuentra con la historia.

Adriana Fernández
Un paseo por épocas pasadas
Es un auténtico oasis entre cultura, patrimonio, entorno y gastronomía y, aunque se encuentra Castilla-La Mancha, los guadalajareños saben y defienden que sus tierras son más castellanas que manchegas. Para conocer sus orígenes, hay que remontarse al siglo II a.C., cuando los romanos fundaron una población que bautizaron como Paternina. Poco tiempo después, quedó totalmente destruida y posteriormente volvió a levantarse sobre sus propios cimientos. Pero su auge llegó entre los siglos XVI y XVIII.

Vista exterior de la Colegiata de la Asunción en Pastrana. / Istock / JJFarquitectos
Antes de aquello, el rey Alfonso VIII de Castilla concedió a Pastrana la Orden de Calatrava, otorgándole unos privilegios sin precedentes. En 1541 llega doña Ana de la Cerca, abuela de la princesa de Éboli, que adquiere la villa que, años más tarde, vería a su nieta morir lentamente encerrada en una alcoba y acusada de loca. Aquel Palacio Ducal y los conventos que fundó junto a Santa Teresa, cuentan con un aire renacentista que trasladan al viajero a la Roma de la época, con muy poco que envidiar a las calles abarrotadas de la capital italiana.
Palacios, momias y gastronomía
El Palacio Ducal es donde encierran a Ana de Mendoza y es donde pasa sus últimos años hasta su muerte en 1592. Le fueron quitando la libertad poco a poco hasta que, al final, solo podía asomarse al balcón de su celda durante una hora. De ahí que esa plazoleta que contemplaba con tristeza hoy se llame Plaza de la Hora. Es la misma plaza que pisó siglos después Camilo José Cela en sus andaduras por tierras alcarreñas para escribir 'Viaje a la Alcarria' y 'Nuevo Viaje a la Alcarria'. Al igual que todo viajero, quedó cautivado por cada rincón.

El callejón de Los Toros en el casco antiguo de Pastrana / Istock / Emysi
En la cripta se dice que están los cuerpos momificados de miembros de la familia de los duques de Pastrana y Mendoza. Más allá del palacio, destaca la iglesia colegiata de la Asunción, un templo católico que alberga una impresionante colección de tapices góticos que pertenecieron a Alfonso V de Portugal. Así como importantes obras de arte relacionadas con grandes familias nobiliarias y el Renacimiento italiano, desde cuadros hasta altares, orfebrería o relicarios. Los Médici hubieran querido la colección completa.

Fuente del casco antiguo de Pastrana / Istock / Antonio Lopez Velasco
Y como no puede ser de otra manera, todo pueblo castellano y alcarreño que se precie, tiene una oferta gastronómica de calidad y deliciosa. El Restaurante Mesón Castilla, el Convento San Francisco, el Restaurante César o el Abrasador Laurea son algunos de los mejores lugares donde probar platos típicos como migas, gachas, carnes o dulces elaborados con miel de la zona, con Denominación de Origen Protegida (DOP), como bizcochos borrachos, yemas de Santa Teresa y dobladillo. El colofón para una escapada perfecta.
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