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Ni Pedraza ni Frías: el pueblo medieval mejor conservado de España está en la provincia que casi nadie recorre: con una torre del homenaje, muralla y un castillo del siglo siglo XII

Mientras el turismo se agolpa en los clásicos de siempre, Soria guarda un secreto de piedra y sabina que muy pocos se han molestado en visitar.

Este pueblo cuenta con un impresionante castillo sobre sus colinas.

Este pueblo cuenta con un impresionante castillo sobre sus colinas. / Istock

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Soria es la provincia menos poblada de España y, casi por definición, la menos transitada. Los datos del padrón lo confirman año tras año: apenas roza los 9 habitantes por kilómetro cuadrado, una cifra que convierte a media provincia en un territorio casi vacío, de esos que en los mapas de despoblación se pintan del color más oscuro. Y sin embargo ahí, escondido entre pinares y páramos, sobrevive uno de los conjuntos medievales mejor conservados del país: Calatañazor, encaramado sobre un espolón de roca caliza que domina el valle del río Milanos, a apenas 31 kilómetros de la capital soriana.

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No hace falta comparar para valorar, pero conviene decirlo con claridad: Calatañazor no tiene nada que envidiar a los pueblos que suelen acaparar los rankings de belleza medieval. Tiene calles empedradas que suben en cuesta hacia el castillo, casas de piedra con entramados de madera y adobe, chimeneas cónicas que no se ven en ningún otro rincón de España y una historia que mezcla frontera, leyenda y cine. Pertenece a la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España y fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1962, mucho antes de que estas cosas se pusieran de moda.

Chimenea en el pueblo medieval de Calatanazor

Chimenea en el pueblo medieval de Calatanazor / Istock

Origen de al-Ándalus y una batalla que quizá nunca ocurrió

El origen del topónimo se remonta al árabe Qal'at an-Nusur, aunque aquí conviene ser prudente: ni los propios historiadores se ponen de acuerdo en la traducción exacta. Unas fuentes hablan de "castillo del buitre", otras de "nido de águilas", y ambas versiones conviven todavía hoy en la documentación especializada sin que ninguna se haya impuesto del todo. Lo que sí está claro es el papel que jugó esta fortaleza durante siglos: situada en plena frontera entre los reinos cristianos y al-Ándalus, primero como plaza musulmana y más tarde, tras la repoblación de Alfonso el Batallador en el siglo XII, como enclave defensivo cristiano.

Interior de Calatañazor

Interior de Calatañazor / Istock / Jose Arcos Aguilar

Y luego está la leyenda, la que todo el mundo repite sin comprobar: "en Calatañazor Almanzor perdió el tambor". Cuenta la tradición que aquí, en el año 1002, el caudillo andalusí sufrió una derrota tan aplastante que murió poco después camino de Medinaceli. Es una historia bonita, pero los historiadores llevan décadas señalando que tiene más de propaganda cristiana medieval que de hecho documentado, y que probablemente se construyó siglos después a través de las crónicas de Lucas de Tuy. Conviene, pues, disfrutarla como lo que es: tradición popular, no historia confirmada.

Interior del pueblo

Interior del pueblo / Istock / Jose Arcos Aguilar

Piedra, madera y sabina

Del castillo, levantado en el siglo XII y reformado por la familia Padilla más adelante, apenas queda en pie parte de la Torre del Homenaje, con restos de aparejo árabe y un ventanal ya gótico. La muralla medieval, también del XII, todavía envuelve buena parte del casco urbano, y caminar bajo ella con la calle Real como eje es la mejor manera de entender por qué a Welles le bastó una sola visita para decidir que ahí, y no en otro sitio, quería rodar su Falstaff. Fue en 1965 cuando el cineasta instaló su equipo en el pueblo para filmar varias secuencias de "Campanadas a medianoche", y todavía hoy una placa junto al castillo recuerda aquellas semanas en las que trescientos vecinos hicieron de extras sin saber muy bien en qué se habían metido.

Resplandor del atardecer en la torre sur del Castillo de Calatañazor

Resplandor del atardecer en la torre sur del Castillo de Calatañazor / Istock

Lo que de verdad distingue a Calatañazor, sin embargo, son las chimeneas pinariegas: estructuras cónicas de piedra que pueden alcanzar los tres metros de altura y que no se repiten con esa densidad en ningún otro pueblo soriano. Se levantan sobre tejados de teja árabe, entre casas de adobe y entramados de madera que en algunos tramos parecen a punto de ceder. La Iglesia de Nuestra Señora del Castillo completa el conjunto, con su portada gótica y su interior sobrio, castellano hasta el tuétano.

Bosque de enebro calatañazor en Soria al atardecer, Castilla y León

Bosque de enebro calatañazor en Soria al atardecer, Castilla y León / Istock

A las afueras, el Sabinar de Calatañazor añade otra capa al lugar: uno de los bosques de sabina albar mejor conservados de Europa, un paisaje casi lunar de troncos retorcidos que contrasta con la piedra del pueblo y que merece, por sí solo, una caminata aparte.

Cómo, cuándo y dónde

Para una visita de medio día basta con dejar el vehículo a la entrada del pueblo y subir a pie: el recorrido por la calle Real, el castillo, la muralla y la iglesia se hace cómodamente en dos o tres horas, dejando tiempo de sobra para perderse por las callejuelas laterales, que es donde de verdad se aprecian las chimeneas y los muros de adobe.

Accesibilidad

Llegar hasta aquí es sencillo desde Soria capital, por la carretera que atraviesa Abejar, o desde El Burgo de Osma en poco más de media hora de coche.

Para comer, el Restaurante Calatañazor, en plena calle Real, sigue siendo la referencia del pueblo: cordero lechal asado en horno de leña, migas pastoriles y sopa castellana en un comedor con chimenea que en temporada baja se llena igualmente de visitantes que reservan con tiempo. Quien prefiera algo más ligero puede optar por un revuelto de setas de temporada, otro clásico de la zona en los meses de otoño.