El paseo marítimo perfecto para comer los mejores pintxos de España: más de 6 kilómetros junto a la bahía más bonita de Europa y una barandilla blanca que ya es icono mundial
Seis kilómetros de paseo junto al mar, una barandilla blanca centenaria y la mejor barra de pintxos de España: este es, para VIAJAR, el recorrido que mejor resume San Sebastián.

Un paseo marítimo que, además de bonito, tiene algunos de los mejores pintxos de España. / Istock
Pocas imágenes explican una ciudad tan bien como la curva de la bahía de la Concha vista desde el paseo, con la marea subiendo despacio sobre la arena dorada y esa línea blanca de hierro fundido que acompaña al paseante kilómetro tras kilómetro. No hace falta llegar muy lejos para entender por qué San Sebastián se ha convertido, sin proponérselo del todo, en una de las ciudades con más encanto de Europa: la mezcla de elegancia de principios del siglo XX, mar Cantábrico siempre presente y una cultura gastronómica que ha terminado definiendo a toda una región se nota en cada esquina, desde los edificios señoriales del Centro hasta las barras abarrotadas de la Parte Vieja.

Un precioso paseo alrededor de una de las bahías mas bonitas de España. / Istock
En VIAJAR lo decimos sin rodeos: la bahía de la Concha es la más bonita de Europa. Y lo es, sobre todo, porque se puede recorrer entera a pie, con el mar a un lado y la ciudad al otro, sin perder de vista en ningún momento esa barandilla blanca que ya forma parte del imaginario colectivo de cualquiera que haya visitado Donosti alguna vez. El paseo es la mejor forma de entender la ciudad, y la barandilla, su hilo conductor.

Adriana Fernández
La barandilla que no se acaba nunca
El tramo de playa de La Concha, el que va del Club Náutico al Pico del Loro, mide unos 1.350 metros, pero quedarse ahí sería quedarse a medias. El verdadero paseo arranca en la Zurriola, rodea el monte Urgull por el Paseo Nuevo, atraviesa todo el frente de La Concha y continúa por Ondarreta hasta el Peine del Viento, formando un recorrido continuo de unos seis kilómetros junto al mar, sin perder de vista el agua en ningún momento.

Farola en el paseo de La Concha de San Sebastián. / Istock
La barandilla blanca acompaña buena parte de ese trayecto desde 1910, cuando el arquitecto municipal Juan Rafael Alday la diseñó como parte de la gran reforma del paseo, financiada en parte con los beneficios del casino de la ciudad. No se inauguró oficialmente hasta 1916, cuando el rey Alfonso XIII descubrió el conjunto, y desde entonces no ha dejado de fotografiarse. Las farolas son obra del mismo Alday, y una de ellas, la que ilumina la primera rampa de acceso a la playa, dio forma al Premio Donostia, el galardón honorífico del Festival de Cine de San Sebastián que han recibido nombres como Robert De Niro, Bette Davis o Penélope Cruz.
A lo largo del paseo, la isla de Santa Clara cierra la bahía como un rompeolas natural, mientras los montes Igueldo y Urgull vigilan cada extremo. Caminar de un lado a otro, con la barandilla siempre cerca, es la mejor manera de tomarle el pulso a la ciudad antes de meterse en faena.

Paseo marítimo de La Concha en San Sebastián. / Istock / TONO BALAGUER
De bar en bar, pintxo a pintxo
Y la faena, en Donosti, tiene nombre propio: el txikiteo. Ir de pintxos no es sentarse a comer, sino moverse, pedir uno o dos bocados en cada barra, beber algo pequeño y seguir caminando hasta el siguiente bar. La Parte Vieja y el barrio de Gros son el epicentro de este ritual, con barras que cambian de aspecto varias veces al día según entra y sale género de cocina.
Aquí nació, en una taberna de la calle Reyes Católicos llamada Casa Vallés, uno de los pintxos más universales: la gilda, esa combinación de aceituna, anchoa y guindilla que, según cuenta la propia casa, surgió cuando un cliente habitual conocido como Txepetxa decidió pinchar los tres ingredientes en un palillo. El nombre llegó poco después, tomado de una película que se estrenaba esos días.

Pintxos en San Sebastián. / Istock
El txangurro, el bacalao en sus múltiples versiones, las kokotxas en salsa y la tarta de queso son otros clásicos imprescindibles de cualquier ruta. Esta última nació también en un bar de pintxos, La Viña, en la calle 31 de Agosto, donde Santiago Rivera empezó a probar recetas hasta dar con esa textura cremosa y esa superficie tostada que hoy se imita en medio mundo. En el propio local lo cuentan sin darle mucha importancia: "no llevamos ni la cuenta de las tartas que hacemos en un día", reconoce el encargado, Mikel Castellanos.
El propio Juan Mari Arzak, cuando habla de sus bares de cabecera en la Parte Vieja, no esconde sus preferencias: en uno de ellos, asegura, "se come la mejor merluza frita y el mejor changurro de Donosti". El txakoli, ligero y algo ácido, y la sidra son los acompañantes naturales de toda esta ruta.

De pintxos por San Sebastián: un plan irresistible. / Istock
Paradas obligatorias y mejor época
Para sacarle todo el partido a Donosti conviene combinar el paseo con un par de paradas obligadas. Subir al monte Igueldo en su funicular, inaugurado en 1912 y el más antiguo del País Vasco (uno de los tres más veteranos de toda España, junto a los de Tibidabo y Vallvidrera, en Barcelona), regala la vista más completa de la bahía. El Peine del Viento de Chillida, al final de Ondarreta, es la otra gran parada fotográfica, justo antes de adentrarse en el casco viejo y, ya cruzando el Urumea, en el Kursaal.
La mejor época para venir es la primavera o el principio del otoño, cuando el paseo está despejado y las barras de pintxos aún no han entrado en su ritmo más turístico. Para comer de verdad, conviene moverse a las horas locales: mediodía temprano o última hora de la tarde, antes de que las barras se llenen de bandejas recién salidas de cocina.
- El pueblo de 350 habitantes ideal para escapar del calor: en el corazón del Valle del Roncal, cerca de la frontera con Francia, está rodeado de infinidad de rutas de senderismo
- El refugio de Rosario Flores (62 años) es una pedanía gaditana de 480 habitantes: caminos de tierra, dunas vírgenes y el Faro de Trafalgar como único vecino en el horizonte
- El refugio de Sandra Barneda (50 años) es el pueblo de su padre, escondido en el Empordà: 'He pasado muchos veranos de mi vida aquí; le tengo un gran cariño
- El refugio de Rozalén (40 años) es el 'pueblo de las cascadas' al que ha vuelto a vivir tras frenar su carrera: 'Necesito estar en mi pueblo, con la gente que quiero
- El refugio de Juan del Val y Nuria Roca (55 y 54 años) es un pueblo abulense donde sueñan con envejecer: 'Esta casa es mi lugar favorito del mundo ahora mismo
- El pueblo de 800 habitantes en Asturias ideal para huir del calor extremo: conocido por su tradición quesera, conserva una iglesia de origen románico y sirve como puerta de entrada a los Picos de Europa
- El pueblo de Girona con una playa de agua dulce en plena montaña: casas de piedra, balcones de madera y uno de los rincones más refrescantes del Pirineo catalán
- Todos van al Mediterráneo en agosto, pero pocos suben a estas playas del norte donde el verano no pasa de 25 grados