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El paseo marítimo más famoso de España guarda un secreto bajo su icónica barandilla de 1910: una flor puesta al revés y unos vestidores subterráneos de la Belle Époque

Un icono que nos lleva de viaje hasta una época en la que los baños de sol se pusieron de moda entre las clases sociales más altas y pudientes.

Los secretos mejor guardados de la playa más bonita y elegante de España

Los secretos mejor guardados de la playa más bonita y elegante de España / Istock / TONO BALAGUER

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Es una de las playas urbanas más bonitas de España y su paseo marítimo siempre lidera la lista de los más elegantes del país. No es para menos, teniendo en cuenta que se trata de un destino icónico cuya fisionomía, neoclásica y sofisticada, se remonta a los tiempos de la Belle Époque, una época en la que San Sebastián se convirtió en el lugar de veraneo favorito de la realeza y de las clases sociales más altas. 

Su paseo marítimo siempre lidera la lista de los más elegantes del país

Su paseo marítimo siempre lidera la lista de los más elegantes del país / Istock / Thomas Dutour

Fue en 1910 cuando se instaló el que posiblemente es su elemento urbano más conocido: la barandilla modernista que separa el paseo marítimo de la playa de La Concha. Un entramado de hierro pintado en blanco que tiene como símbolo principal una corona de laurel decorada con una flor en la parte superior.

Conecta palacios reales con jardines que miran al mar y a orillas del Cantábrico: entramos en el paseo marítimo más elegante de España, una joya de la Belle Époque

Adriana Fernández

La barandilla de La Concha en datos

La longitud total de la barandilla es de aproximadamente 1250 metros. Es decir, más de un kilómetro de hierro forjado, que va desde las inmediaciones del Club Náutico hasta el túnel del Antiguo. Y en total, suma hasta 271 módulos principales, tal y como aparece en la documentación histórica de su construcción, diseñada por el arquitecto Juan Rafael Alday como parte de la gran transformación del paseo marítimo durante la Belle Époque donostiarra.

Más de un kilómetro de hierro forjado.

Más de un kilómetro de hierro forjado. / Istock

Cada módulo suma hasta cuatro coronas de laurel, por lo que, en total, la barandilla de La Concha muestra 1084 coronas en todo el paseo marítimo. Y uno de los detalles más curiosos, considerado por muchos donostiarras como el "secreto mejor guardado" de la barandilla, es que una sola de sus más de mil flores (o florones, como se conoce a estos adornos florales) está colocada al revés

Si no te apetece ir una por una para localizarla, la propia Oficina de Turismo de Euskadi nos dice dónde está: se encuentra aproximadamente entre los dos históricos relojes monumentales que hay en el paseo. Sin embargo, aunque su ubicación es más que precisa y fácil de comprobar, lo que nadie sabe con certeza es por qué hay una corona colocada al revés. Y solo una. 

El tramo donde se encuentra la flor al revés de la barandilla de La Concha.

El tramo donde se encuentra la flor al revés de la barandilla de La Concha. / Istock

No existe documentación del arquitecto Alday que explique si fue un error de montaje o, por qué no, un guiño deliberado en el momento de su instalación. Es por eso que los historiadores, que son (junto con el arquitecto) los que más saben del asunto, manejan varias hipótesis: que un operario instalara ese módulo invertido por error hace más de un siglo; o que se decidió dejarlo como una especie de "firma" del taller; o, incluso, que durante alguna restauración, se recolocara así accidentalmente. Aunque lo cierto es que ninguna teoría ha podido demostrarse.

La barandilla es el gran símbolo de la playa de La Concha.

La barandilla es el gran símbolo de la playa de La Concha. / Istock

El otro secreto mejor guardado del paseo marítimo más elegante

Poca gente sabe que, bajo el paseo marítimo de La Concha se esconde un tramo que oculta una completa estructura construida hace más de un siglo para dar servicio a los bañistas. Son los vestidores subterráneos

Son de mediados del siglo XIX, de este momento en el que la moral de la época exigía una estricta separación entre hombres y mujeres y, sobre todo, mucha privacidad en los entornos públicos. Es decir, aunque los baños de mar se pusieron de moda, no era nada habitual cambiarse en la playa, de ahí que se construyeran grandes instalaciones de vestuarios junto al mar. 

San Sebastián fue el gran destino de veraneo durnante la Belle Éqoque.

San Sebastián fue el gran destino de veraneo durnante la Belle Éqoque. / Istock / Alberto Pomares

Y sí, son obra del arquitecto de la barandilla, Juan Rafael Alday. Se trataba de un gran paseo en voladizo, sostenido en la época por casi un centenar de pilares sobre la arena, que permitía alojar en su parte interior cientos de cabinas individuales, vestuarios, almacenes, duchas y servicios… 

Hoy ya no cumple con esa función (este laberinto bajo el paseo sirve de apoyo municipal para el mantenimiento de la playa, pero no como espacios públicos). Sea como sea, esta construcción fue una obra de ingeniería muy avanzada para comienzos del siglo XX y contribuyó a consolidar la imagen de la Belle Époque donostiarra.