Un paseo con los cinco sentidos por Ruzafa: estos son sus vecinos más molones
El barrio hípster, el SoHo valenciano… Ruzafa es quizá todo eso y nada de ello a la vez. Recorrerlo con los cinco sentidos ayuda a entender su idiosincrasia y disfrutar de su arte, su belleza y su gente.

El olor a buñuelos ralentiza el paso en la esquina entre la calle de San Valero y la de Russafa. La buñolería-chocolatería El Contraste del barrio valenciano de Ruzafa tiene la culpa. Ya con la bolsa llena, se puede intentar avanzar, pero solo 150 metros, hasta el histórico Horno San Valero, donde el aroma a pan y dulces recién hechos inunda la esquina.

Aromas de barrio
Es el olfato el primero que actúa de guía en este paseo con los cinco sentidos por Ruzafa, un lugar que en su origen fue finca de recreo con jardín (Rusāfa, en árabe) del príncipe omeya Abd Allah al-Balansi, más tarde huerto, municipio... y acabaría absorbido por Valencia en el último tercio del siglo XIX tras el derribo de las murallas cristianas. Ruzafa se convertiría así en uno de los barrios del Ensanche de la ciudad. Y si el olfato no nos falla, por aquí debe quedar alguna huella del centro histórico del antiguo Russafa. Efectivamente. Unos pasos desde el Horno San Valero y llegamos al Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, donde una placa recuerda: “En este lloc de Ruzafa estuvo situado el Real de Jaime I, donde el rey Zayyan firma la rendición de Valencia el 28 de septiembre de 1238”. Cerca del convento, el mercado y la iglesia (la de San Valero —el obispo— y San Vicente Mártir—su diácono), centros neurálgicos tanto del antiguo municipio como del nuevo barrio.

El mercado de Ruzafa se alza como un coloso de colores en la plaza del Baró de Cortés. Su construcción se decidió hace 70 años y lo diseñó, con su acertado anexo separado para la venta de pescado, Julio Bellot Senet. Clóchinas, chonetas, ostras y el codiciado tomate de El Perelló ocupan las repisas de algunos puestos. También productos ecológicos que desde hace años se venden en este mercado. Uno de esos puestos es Terra i Xufa, capitaneado por el agrónomo Enric Navarro, el hombre ideal para explicarnos que el producto de la huerta llega en menos de 24 horas a este mercado. Lo hace desde sus 30 hectáreas de terrenos hortícolas, de las que 22 corresponden al proyecto del recuperado Mas del Fondo, donde tienen el riurau (el secadero donde la uva se torna pasa) más grande del mundo.
“Cuando llegamos aquí hace 13 años esta parada del mercado la llevaba la cooperativa de El Perelló”, nos cuenta Enric. Ya había algún puesto de productos ecológicos, pero poco a poco “fuimos creando en este pasillo un pequeño núcleo de productores”. “Hay algunos restaurantes que vienen también a comprarnos, el mismo Ricard con el Canalla Bistro, Bego [La Salita] también ha venido alguna vez, algún restaurante más pequeñito de la línea vegetariana, algunos utilizan nuestra horchata para los postres…” Todo en este barrio está conectado.

A la salida del mercado otro olor monopoliza el olfato, el de café recién tostado de los múltiples tostaderos dispersos por el barrio, aunque en algunos lugares, como en la calle Matías Perelló, 14, optaron por tostar otro tipo de granos. Es Utopick una de esas tiendas ante cuya puerta se detienen los vecinos y preguntan: “Hoy estáis tostando, ¿no?”. El proceso de hacer el chocolate desde el grano no pasa inadvertido para las neuronas sensoriales olfativas de los transeúntes, a los que les encantan sus tabletas Bean to Bar y sus bombetas rellenas de licor. “Queríamos volver a traer la fábrica a la ciudad. Que huela a chocolate”, dice Juana Rojas, que conduce esta chocolatería artesanal junto al maestro Paco Llopis.
A ritmo de mascletá
Estas bombetas dulces que se lanzan a la boca y no al suelo recuerdan que estamos en territorio fallero. En Ruzafa las Fallas son un estilo de vida, además de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2016, y aunque no se visite el barrio en marzo, siempre hay posibilidad de hacerse con arsenal pirotécnico en varias tiendas que lo venden todo el año.
Con mucho gusto
La conexión entre olfato y gusto nos lleva a hablar de otro patrimonio valenciano, el esmorzaret, el almuerzo del lugar, el que empieza con los cacaus del collaret y sigue con las olives, el entrepà, el vi, la llimonà y el cremaet. Se puede disfrutar en muchos bares de Ruzafa. En La Cantina, lugar histórico donde se forjó la campaña por el referéndum de la OTAN, cuentan que lo sirven con la tradicional pataqueta, el pan ideal con forma de media luna para este bocadillo mañanero.

Más allá del almuerzo, el número de propuestas gastronómicas en Ruzafa es infinito. Los hay vegetarianos (el famoso Copenhagen con sus palomitas de coliflor), japoneses, con estrella Michelin, sin ella, libaneses, mexicanos, con nombres jocosos (La Birra de Brian, El horno de los borrachos)… Y los hay que constituyen “un oasis total” en pleno barrio. “Entras aquí y te olvidas de que estás en el centro”, explica Begoña Rodrigo sobre su restaurante, La Salita. Situado en una centenaria casa señorial, su lujo contenido y sus elementos naturales son el complemento perfecto para la cocina de esta estrella Michelin.

Begoña vivió en el barrio y sigue vinculada a él a través de este proyecto, que, aunque se nutre de las verduras de la huerta de Asier Rojo (Arat Natura), también utiliza productos del vecino mercado de Ruzafa: “En él compramos muchas veces las algas, quesos de Bertrand —de No sólo queso—, que trabaja con pequeños productores españoles de quesos con leche sin pasteurizar. Fue camarero mío durante muchos años y ahora le consumimos a él. También compramos encurtidos, productos mexicanos de La Despensa de Frida...”. La multipremiada chef, la mejor cocinera de verduras de Europa, nos habla de la transformación de Ruzafa: “Ha cambiado tanto... Los hijos que heredaron pisos de sus padres empezaron a instalarse aquí, reformaron los sitios con mucho gusto, empezaron a abrir locales más interesantes, vegetarianos, veganos, librerías donde puedes comer, sitios donde venden cómics, se volvió todo mucho más cosmopolita. Gente extranjera que vino a estudiar aquí encontró un barrio donde podías encontrar pisos económicos... ahora ya imposible”.
Al alcance de la mano
Las manos de los artesanos del barrio son responsables también de la riqueza cultural de Ruzafa. Abren sus talleres de par en par cada dos años por la bienal Russafart para mostrar su trabajo y proponen a sus habitantes y visitantes ejercitar el sentido del tacto a través de propuestas tan interesantes como el coworking de cerámica Fango: Pottery Gym o el primer estudio de arte y vino nacido en Valencia bajo el nombre de Salú Art and Wine. Pintar, beber y vivir es su lema. Amén. Otra tradición manual, vinculada a las Fallas, la atesoran artesanos joyeros como Daniel Bada, que, entre otras, modela el conjunto de joyas que portan las falleras, los aderezos, “casi todo reproducciones de joyería de la corte francesa del siglo XVIII”. También se pueden ejercitar las manos, y las piernas, alquilando una bici en algunos de los locales del barrio y deslizándose por estas calles valencianas tan benditamente llanas. En hoteles como el Petit Palace Ruzafa ofrecen a sus clientes bicis gratis.

Salta a la vista
Ya sobre las dos ruedas recorriendo las calles del barrio, la vista se detiene en los hipnóticos colores de los edificios señoriales y modernistas, en las manzanas achaflanadas, en sus tiendas de ropa vintage... Y de vez en cuando, fachadas como la de la tienda Gnomo obligan a pararse, bajarse de la bici, aparcarla en su interior y bucear dentro en busca del regalo ideal. Por ejemplo, una Fallera Trooper, una postal plantable... Si el producto lleva el sello naranja Fet a València con la figura de la icónica barraca, “es que están diseñados y producidos en Valencia”, explican Esther y Álvaro, sus responsables, que acaban de dar el salto al barrio del Carmen con su segunda tienda Gnomo.

No se pueden cerrar aún los ojos. Aún hay mucho verde que ver en el pulmón de Ruzafa, el que lo unirá a sus orígenes como jardín árabe, en la zona suroeste. Es el llamado, y anhelado, Parc Central, que, aunque solo terminado en un 40%, le da esplendor a la capitalidad verde europea que ostenta este año Valencia. Entre los jardines y estanques diseñados por Kathryn Gustafson también hay mucha agua, deslizándose por senderos, brotando de fuentes... el proyecto está inspirado en el verso Aigua plena de seny (Agua llena de sabiduría), de Ausiàs March. De sabiduría están llenas también las dos naves gemelas diseñadas por Demetrio Ribes a principios del siglo XX frente al estanque de la Garrat. En su día eran almacenes de la Estación del Norte de Valencia y hoy albergan espacios culturales. La Nave 3 Ribes ya ha echado a andar como laboratorio de cultura comunitaria, con exposiciones, talleres, obras de teatro... ¿Acaso no es el barrio de Ruzafa otro gran laboratorio de cultura comunitaria?
Vecinos de Ruzafa
Begoña Rodrigo, chef de La Salita
“Yo vivía aquí en Ruzafa y pasaba todos los días por la puerta de este palacio y me decía: ‘Un día aquí estará La Salita.” No se equivocaba. Hace ya cuatro años que la propuesta gastronómica de Begoña Rodrigo, con una estrella Michelin y reciente Tres Soles de la Guía Repsol 2024, recaló en esta antigua casa del siglo XVIII en la calle Pere III el Gran, 11. Una casa que ella ha sabido conservar, cuidar y restaurar sin alterar el original y desde la que hoy presenta su magnífica propuesta mayoritariamente vegetal con los productos de la huerta valenciana como seña de identidad. Begoña considera Ruzafa “un barrio muy atractivo, pero muy barrio barrio, lleno de vida”. La Salita contribuye a ese atractivo y ahora lo hará añadiendo un extra de I+D, ya que Begoña va a inaugurar junto a su restaurante un laboratorio desde el que seguirá investigando y documentando sus originales vinagres, su vuelta de tuerca al concepto del arroz en los postres...

Enric Navarro y Emilio Plomer, productos ecológicos Terra i Xufa
Acercar el producto ecológico al consumidor. Era uno de los objetivos de Enric Navarro, creador de la empresa Terra i Xufa, cuando abrió un puesto en el mercado de Ruzafa (tienen otro en Rojas Clemente). Desde él Emilio ofrece los productos de la Huerta valenciana que cultivan en 30 hectáreas, donde hay cítricos, cacahuetes, zanahorias, puerros, patatas, cebollas... y chufa. Fueron los primeros en cultivar chufa ecológica certificada por la Denominación de Origen Chufa de Valencia: “La vendemos a granel, pero también tenemos horchata concentrada, una líquida en brick con azúcar de caña también ecológico y una bebida de chufa que no lleva azúcar”. Pero ahí no acaba su abanico de productos: producen harina de chufa, aceite de chufa (“la chufa tiene un 70 % de ácido oleico, ¡tiene más ácido oleico que algunas variedades nuestras de aceituna!”) y cerveza de chufa (Antara). Con tal abanico de oferta, desestacionalizar el consumo de este superalimento es cosa hecha.

Esther Martín y Álvaro Zarzuela, responsables de la tienda Gnomo
“La impresión cuando abrimos en Ruzafa en 2010 era que estábamos en la cúspide”, dice Álvaro, responsable, junto a Esther, de la tienda Gnomo. Estaba en una ubicación distinta a la actual y, más tarde, comprobaron que aquel no fue el momento álgido del barrio, pero desde su genial tienda de regalos y diseño han sido testigos de su transformación.

En 2016 se mudaron a la calle de Cuba, 32, a un local diseñado por Masquespacio lleno de diversión y orden. En cuanto al tipo de productos a la venta, Esther explica: “Hacemos una selección superecléctica, pero intentando alinear lo que tenemos con los valores que queremos representar. El sentido del humor lo impregna todo, pero también hay feminismo, medioambiente, comercio local...”. Todos estos valores los transmiten como nadie a través de sus redes sociales, que recomendamos seguir a todos los que necesiten un chute diario de alegría (@gnomo.eu).
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