Todos van al Caminito del Rey, pero pocos conocen las pasarelas del cañón aragonés declarado Geoparque: aguas turquesas y arte rupestre Patrimonio de la Humanidad
Descubrimos una de las mejores rutas de senderismo para hacer este verano, rodeada de un entorno lleno de encanto y de atmósfera relajada.

La ruta de senderismo que pasa por unas desconocidas pasarelas en Aragón / Istock / Eloi_Omella
Cuando pensamos en rutas de senderismo cuyo recorrido pasa por pasarelas enclavadas en las paredes de un cañón, lo que suele venirnos a la cabeza es el Caminito del Rey. Tampoco es de extrañar, pues esta ruta malagueña se ha ganado de manera más que justa el puesto a la ruta más impresionante de todo el territorio; un magnífico enclave declarado Paraje Natural y Zona de Especial Protección para las Aves, con un trazado que atraviesa el Desfiladero de los Gaitanes y que lleva hasta enclaves arqueológicos únicos. Por suerte, repartidos por el territorio español podemos encontrar muchísimos otros caminos de pasarelas, los cuales ofrecen a los visitantes una experiencia repleta de aventura y encanto.

Las pasarelas metálicas del cañón del río Vero / Istock / Unaihuiziphotography
Una de estas rutas, de igual belleza al Caminito del Rey pero que pasa prácticamente desapercibida, la encontramos en el municipio aragonés de Alquézar, en el corazón de la provincia de Huesca. Se trata de la ruta de las pasarelas del río Vero, que se extiende dentro de los límites del magnífico Parque Natural de la Sierra de los Cañones de Guara y del Geoparque de Sobarbe-Pirineos. Extendiéndose por el último tramo del río Vero, la ruta permite descubrir algunos de los rincones más bonitos y desconocidos del entorno, así como la oportunidad de darse un baño en las aguas turquesa del río.

Adriana Fernández
Descubriendo el recorrido
Partiendo del bonito pueblo medieval de Alquézar, perteneciente desde 2015 a la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España, la ruta del río Vero tiene un trazado circular la mar de sencillo, el cual es perfecto para hacer con los más pequeños de la casa. Perfectamente señalizada en todo momento, la ruta se adentra al cañón formado por el cauce del río y recorre los rincones naturales a los que éste ha ido dando forma a lo largo del tiempo.

La cueva de Picamartillo / Istock / fotografo
Avanzando por el camino se pueden observar la parte posterior de la Colegiata de Santa María la Mayor y las ruinas de la iglesia de Santa María Magdalena, ubicada en el extremo sureste del pueblo; el abrigo de Regacens, ideal para darse un baño bien fresquito; o la cueva de Picamartillo, un abrigo de grandes dimensiones producto de la erosión kárstica, cuya playa de cantos rodados es ideal para sentarse y observar las aves que vuelan por el entorno.
En total, se trata de un recorrido que no alcanza los 6 kilómetros de longitud, con un trazado circular que permite descubrir a fondo el entorno por el que se extiende. El camino se divide en tres tramos diferentes: el descenso desde el pueblo, las pasarelas (separadas entre el tramo antiguo y el tramo nuevo), y el camino de regreso. La ruta es perfecta para hacer en cualquier época del año, aunque durante el verano hay que tomar las precauciones necesarias para combatir las altas temperaturas que alcanza el lugar.

Las pasarelas metálicas del cañón / Istock / Eloi_Omella
Un pueblo con mucha historia
Antes o después de realizar la ruta por las pasarelas, descubrir la belleza del pueblo de Alquézar es uno de los imprescindibles. Alzándose en lo alto de una loma al margen del río vero, el pueblo conserva prácticamente intacta su esencia de origen medieval, con un precioso casco antiguo compuesto por casas de arquitectura tradicional y coronado por el magnífico castillo-colegiata de Santa María la Mayor.

Vista aérea de pueblo medieval de Alquézar / Istock / Eloi_Omella
Pero el rincón más interesante en los alrededores de la villa, declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1998, es la cueva Fuente del Trucho. Incluida dentro del conjunto Arte rupestre del arco mediterráneo de la Península Ibérica, la cueva guarda en su interior más de 100 pinturas rupestres en paredes y techo, así como diversos grabados rupestres en el suelo. Las pinturas encontradas varían desde animales como caballos, osos, cérvidos y cabras, a manos negativas y signos trilobulados de rojo y negro, los cuales se calcula que tienen más de 25.000 años.
En definitiva, visitar Alquézar supone una de las experiencias más completas y redondas que se pueden hacer en verano, pues no es solo una visita cultural para descubrir uno de los pueblos medievales más coquetos de la región. También incluye la oportunidad de disfrutar del entorno natural del cañón del río y aprender un poco más acerca de la historia del lugar gracias a los grabados rupestres.
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