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Maaike y su pareja compraron un pueblo burgalés abandonado desde los 70 y lo están convirtiendo en ecoaldea: "Nos va mucho mejor de lo esperado"

Esta pareja neerlandesa se ha propuesto rescatar del olvido a este pequeño pueblo de Burgos, con el objetivo de convertirlo en una villa autosuficiente.

El pueblo de Burgos que una pareja de Ámsterdam está devolviendo a la vida

El pueblo de Burgos que una pareja de Ámsterdam está devolviendo a la vida / Tomukas | Wikicommons

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Repartidos por el territorio español, son cada vez más los pueblos y aldeas que, tristemente, van perdiendo población hasta quedar abandonados. Pueblos fantasma donde, tiempo atrás, las calles rebosaban de vida, la gente iba arriba y abajo, ya fuera para trabajar en el campo o en el mismo pueblo, y habitantes de localidades vecinas se acercaban para encontrarse con amigos y familiares. Por suerte, hoy día hay gente valiente que se atreve a plantar cara a la “España Vaciada”, regresando a la vida rural y evitando a toda costa que más pueblos sigan desapareciendo.

Cuando la pareja visitó por primera vez Bárcena, quedaron completamente enamorados

Cuando la pareja visitó por primera vez Bárcena, quedaron completamente enamorados / Tomukas

En la provincia de Burgos, los neerlandeses Maaike Geurts y Tibor Strausz compraron hace unos años el pueblo abandonado de Bárcena de Bureba, una aldea que llevaba abandonada desde hace más de 50 años. Aunque comenzaron esta aventura solos, la pareja busca atraer a familias y colaboradores interesados en ayudarles, pues el objetivo es convertir el pueblo en una comunidad autosuficiente en la que poder vivir en contacto con la naturaleza.

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Adriana Fernández

Devolver un pueblo a la vida

Cuando visitaron la provincia de Burgos por primera vez, Maaike y Tibor (una pareja de informáticos procedentes de Ámsterdam) quedaron inmediatamente enamorados de las colinas y el entorno natural. En su viaje se acercaron a la villa de Bárcena de Bureba, la cual estaba abandonada desde la década de 1970 debido a la falta de electricidad y oportunidades económicas. Compuesto por unas 60 viviendas, muchas de ellas en estado de ruinas, el pueblo se vendía por unos 350.000 euros. Al ver el precio, y queriendo dar un giro a su vida desde hacía tiempo, la pareja no lo dudó un momento y compraron el pueblo.

La pareja y sus dos hijas viven ya permanentemente en Burgos. “Ya estamos aquí para quedarnos para siempre,” contaba Maaike en una entrevista a El Periódico, “Estamos muy contentos, y las niñas también”. Pero aunque su hogar actual se encuentra en la localidad de Birviesca, la pareja sigue trabajando en la recuperación del pueblo, todo con el objetivo de implementar un modelo de convivencia alejado de las grandes ciudades. La voluntad es levantar una ecoaldea sostenible, donde “las cosas se puedan hacer de otra manera”, según afirman la pareja.

Este ambicioso plan ha sido bautizado con el nombre de “Arbdol”, que mezcla la palabra castellana “árbol” y “tierra” en holandés. Esto se debe a que una de las maneras en que esperan que el pueblo sea autosuficiente es a través del bosque frutal que han empezado a plantar en dos enormes parcelas junto a la iglesia, y el cual ya comienza a dar frutos. Siguiendo en la vena autosuficiente, el agua con el que se riega este bosque procede del río que se extiende a poca distancia y se potabiliza.

Un proyecto que crece

En el año y medio aproximadamente que ha pasado desde que Maaike y Tibor compraron el pueblo, los trabajos de recuperación han avanzado a una velocidad impresionante. “Ya somos cuatro familias viviendo en Bárcena”, comenta Maaike, “La verdad es que nos está yendo mucho mejor de lo que esperábamos”. Actualmente, quienes viven en el pueblo son esta familia de cuatro, un matrimonio también holandés con una niña pequeña, una familia con un bebé, y Carlos, un jubilado con antepasados del pueblo que se vino a vivir cuando supo de la iniciativa de Maaike y Tibor.

Según relataba también Maaike, el pueblo cuenta con una muy buena cobertura, por lo que el teletrabajo será una opción muy viable para aquellas familias que se decidan a mudarse al pueblo. Pero actualmente se lo están tomando con calma; necesitan tiempo para dar forma al huerto y el bosque frutal, todo con la esperanza de atraer a más familias, “quizás algunas españolas también”, añaden. Y es que el pueblo no está todavía para vivir al 100%: mientras acondicionan las casas de piedra donde vivirán, una de las familias vive en una furgoneta y otra en una yurta.

El suministro de energía está asegurado gracias a las decenas de placas solares que la pareja instaló por el pueblo los primeros meses después de comprarlo, con lo que, aunque no sea en el interior de una casa, la vida es más que llevadera. Además, la comunidad comparte los avances y actividades que van haciendo a través de su cuenta de Instagram (@barcenadebureba), donde comparten los encuentros culturales, festivales de poesía y actividades artísticas que organizan, con el objetivo de atraer visitantes y ampliar la red de participantes.