Parece Barcelona, pero es Badajoz: el edificio repleto de mosaicos y colores inspirado en Gaudí que es perfecto para visitar en invierno

Este monumento nos recuerda que, con talento y esfuerzo, todos podemos hacer grandes cosas.

Un curioso monumento que ya deberías conocer.
Un curioso monumento que ya deberías conocer. / Wikicommons

En invierno apetece viajar de otra forma, y más con este tiempo... Y, como siempre, en Viajar os traemos un destino perfecto para disfrutar del frío sin perder la esencia. Hablamos de Los Santos de Maimona, en pleno sur de Extremadura, donde hay un edificio que es parada obligatoria. No porque sea grande ni porque tenga siglos de historia, sino porque rompe todos los esquemas. Ahí encontrarás fachadas cubiertas de mosaicos, colores hipnotizantes y formas que recuerdan inevitablemente a Barcelona. Pero no, esto es Badajoz, y lo que tienes delante se llama El Capricho de Cotrina.

Adriana Fernández

Un “capricho” levantado sin planos ni escuela

El Capricho de Cotrina no nació de un arquitecto famoso ni de un encargo institucional., pues es la obra personal de Francisco González Gragera, un vecino del pueblo, que empezó a construirla a finales de los años 80. Lo hizo poco a poco, sin formación académica en arquitectura y guiándose por la intuición, el reciclaje de materiales y una obsesión clara por el color. Cuando lo visité, no me podía creer que lo hubiese creado un vecino cualquiera. ¡Cuánto talento hay esparcido por España!

La rareza hecha monumento.

La rareza hecha monumento.

/ Wikicommons

Gaudí está en el aire

Las comparaciones con Gaudí son inevitables y, en parte, comprensibles. El uso del trencadís, las formas curvas, la ausencia de líneas rectas y esa sensación de movimiento constante remiten al modernismo catalán. Pero conviene aclarar que no es una réplica ni un homenaje al uso. El Capricho de Cotrina se encuadra más bien dentro del arte outsider o naïf, una creación personalísima que bebe de muchas fuentes sin pertenecer del todo a ninguna.

Y es que, queridos lectores, cada fachada es un pequeño universo; fragmentos de azulejos, platos rotos, botellas, espejos y piezas de cerámica reutilizadas componen murales donde aparecen soles, animales, ojos, figuras humanas y formas abstractas. Nada está puesto al azar, pero también te da una sensación de expontaneidad nunca. Y, creo, que parte de la gracia está en mirar, interpretar y dejar que el edificio te lleve de una esquina a otra. En días fríos de invierno, cuando el sol extremeño cae bajo y la luz es más limpia, los colores destacan todavía más.

Visitas en invierno sin agobios

Se que a esta altura ya querréis ir a visitarlo, por eso conviene recordaros que Capricho de Cotrina no es un museo convencional ni un edificio de acceso libre. Las visitas se realizan de forma concertada, normalmente a través del ayuntamiento o de la oficina de turismo local. El invierno es un momento especialmente agradecido para hacerlo porque hay menos visitantes y tiempo para recorrerlo con calma, pero siempre puede haber gente y conviene tenerlo en cuenta.

Si ya has hecho el viaje, conviene aprovechar la visita y visitar lugares que merezcan la pena. Pero no os preocupéis, porque los Santos de Maimona es una localidad ligada históricamente al vino y al aceite, rodeada de dehesas y viñedos. El centro conserva iglesias, plazas tranquilas y bares donde comer unas buenas migas y beber vinos de la Tierra de Barros.

Un edificio único

A pesar de su parecido con el Capricho de Gaudí, este monumento extremeño es único en su especie; raro, personal y algo excéntrico. Y justo ahí está su encanto. En un país lleno de monumentos históricos y grandes personalidades, este edificio nos recuerda que la creatividad también puede surgir en un pueblo pequeño, lejos de los focos, y convertirse en motivo de viaje ¿A qué esperas para visitarlo?

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