Todos van a Pampaneira, pero pocos conocen el pueblo de Granada con pasarelas de madera: tiene un castillo sobre un cañón y está al lado de un Parque Natural
Todo el mundo debería visitar algunos de los pueblos más bonitos de Granada al menos una vez en la vida para saber lo que es la belleza de verdad.

Es uno de los pueblos más desconocidos y bonitos de Granada / Istock
De tanto querer conocer los lugares más famosos, muchos otros sitios igual o incluso más impresionantes caen en el olvido y pasan a ser destinos secundarios con todo lo que eso conlleva. La parte positiva es que no están tan masificados -al menos todavía- y que pueden conocerse desde su esencia más pura. Pampaneira es uno de los pueblos más conocidos de Granada, pero eso no significa que haya que dejar de visitar otros tan espectaculares como Castril.

El pueblo granadino de Pampaneira / Istock / saiko3p
Desde el Neolítico, la peña de Castril ha sido vista como un punto defensivo estratégico, como sucedió con las luchas entre cristianos y musulmanes. En aquella época fue un lugar muy importante, ya que desde ahí controlaban los pasos hacia Murcia y Cazorla. Con el tiempo, se fue dando forma en su ladera al pueblo que conocemos hoy, encastrado en la sierra de Castril y limitando por el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas.

Adriana Fernández
El castillo que se convirtió en cementerio
En el año 1488, los Reyes Católicos se hicieron con el control definitivo del pueblo, otorgando el castillo erigido por los almohades en el siglo XI a don Hernando de Zafra. El recinto tuvo funciones militares hasta que terminó el señorío y, en 1838, se le dejó de dar uso oficial. A partir de ese momento, los vecinos lo usaron como cementerio y cantera, y fue deteriorándose poco a poco hasta quedar prácticamente en ruinas.

Los restos del castillo de Castril en Granada / Istock / Miguel Perfectti
Lo que queda hoy del castillo es el aljibe y unas escaleras que conducían a la torre del Homenaje y pudieron recuperarse en 1998. Además de la imagen del Sagrado Corazón en el punto más alto. Más tarde, llegaron otras labores de rehabilitación. Entre 2011 y 2013 llegaron a sacar más de mil tumbas. Antonio Martín Muñoz, arquitecto y director de las obras, dijo que "se fueron localizando importantes tramos de estructuras y fábricas, y terminaron saliendo a la luz torres, murallas, escaleras, estancias, aljibes, patios, pavimentos...".

El castillo de Castril en lo alto de la peña visto desde las calles del pueblo / Istock / Miguel Perfectti
Una de las cosas más curiosas de la fortaleza es que está perfectamente acoplada a la forma de la montaña. La roca natural hace de sustento y la piedra forma parte de ella. La restauración que se realizó quiso conservar aquella esencia, "de modo que cuando crecen los lienzos conservan la referencia de la base y no la ocultan en su totalidad", explicó el experto. Actualmente se pueden realizar visitas guiadas para conocer más acerca de su historia.
Un centro histórico de color blanco
El casco antiguo de Castril está reconocido como Conjunto de Interés Histórico-Artístico desde 1982. En sus calles empedradas se suceden casas de paredes blancas con balcones de metal ornamentados con flores multicolores. La calle Carmen es una de las más emblemáticas, así como la plaza del Cantón, donde se puede contemplar el paso del embalse El Portillo. La iglesia de la Virgen de los Ángeles, del siglo XVI, también es digna de visitar.

Entrada a la iglesia de la Virgen de los Ángeles en Castril / Istock / Miguel Perfectti
El edificio del Ayuntamiento acoge en su interior el centro del Vidrio de Castril, para enseñar el oficio de soplador de vidrio artístico. Se trata de una tradición muy arraigada que se lleva a cabo con el vidrio que se hace con las arenas de sílice de la zona. Tiene un característico tono verdoso casi transparente. Un jarrón o cualquier elemento decorativo elaborado por algún artesano del pueblo es uno de los mejores recuerdos que se pueden tener del viaje.
El hijo adoptivo enamorado de la zona
Una curiosidad acerca de Castril es que el escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998, es hijo adoptivo del pueblo porque se casó con una castrileña. "Yo solo soy ese portugués callado y discreto que un día apareció por allí de la mano de la persona que más quiero en el mundo (...), honrado algún tiempo después con el título de hijo adoptivo de la tierra (...)", declaró cuando se le otorgó aquel título.

La pasarela de madera sobre el río Castril / Istock / Miguel Perfectti
Una de las cosas que más llamaban la atención de Saramago era el privilegiado entorno natural: "Del pueblo al río y del río al pueblo, paseo a lo largo de las orillas y por senderos arcaicos que aún conservan la memoria de los pies descalzos que los pisaron". Una de las rutas de senderismo más famosas a día de hoy es la Cerrada del río Castril, con solo 2,2 kilómetros de pasarelas de madera que atraviesan túneles, un puente colgante y miradores espectaculares.
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