El increíble palacio de Guadalajara que está forrado con papel pintado chino hecho a mano: tiene mobiliario inspirado en Versalles con exotismo oriental y un salón de té
Construido en el siglo XVI, su rareza le otorga un valor excepcional en el conjunto patrimonial del país.

La transición de la Edad Media a la modernidad vino marcada por el surgimiento del Renacimiento, un movimiento tanto cultural como artístico surgido en la Italia del siglo XIV y que se caracterizaba por un restablecido interés en la ciencia, la filosofía y las artes de la antigüedad clásica. A diferencia del resto de Europa, cuando llegó a España en el siglo XV, el Renacimiento español se entrelazó y adaptó a las tradiciones y estilos locales, fusionándose con los elementos góticos y mudéjares que ya existían para dar lugar a una expresión artística única.

Uno de los palacetes más representativos de la arquitectura civil renacentista de los siglos XVI y XVII que aún hoy se conservan en España lo encontramos en la ciudad de Guadalajara: el Palacio de la Cotilla, una edificación que fusiona de manera exquisita la estética barroca con los cánones de la tradición de la ciudad.
Una casa muy noble
Construido entre finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII sobre las casas de Inés de la Cotilla, terrateniente de Guadalajara por aquellos tiempos, este palacete destaca por su portada blasonada de piedra caliza blanca y una fachada de ladrillo a vista, siguiendo los modelos arquitectónicos que se utilizaban en la época.
Siguiendo también las tendencias de la época, el interior del palacete se organiza alrededor de un patio central que actúa como vertebrador de las distintas estancias. De este patio, además de su destacada función intercomunicadora entre los varios espacios del edificio, el elemento más importante es la galería que se extiende en los lados sur y oriental, apoyada en tres columnas de piedra caliza coronadas por hermosos capiteles tallados.
(In)fusión china
A finales del siglo XIX, los propietarios del Palacio de la Cotilla eran Ignacio Figueroa y Ana de Torres, marqueses de Villamejor, los cuales encargaron al arquitecto Manuel Medrano de Miguel unas obras de ampliación del palacete hacia la huerta a la que daba la fachada posterior.
Pero la estancia de mayor valor que se añadió en esa época al inmueble, el cual fue declarado Bien de Interés Cultural en el 2013, es el Salón Chino que todavía se conserva. Llamado también Salón de té, este espacio destaca por su singular tapicería de papel de arroz pintado a mano, el cual procedía de los talleres de la China de la dinastía Qing y en el que se pueden observar más de trescientas figuras en distintas escenas de la China feudal.
Este impresionante tapiz, que otorga un excepcional valor artístico al palacio ya que es de los pocos que se conservan en países occidentales, presenta una longitud de más de 24 metros y una altura de casi 4 metros, cubriendo así todo el salón a excepción del rincón del escenario reservado para representaciones de teatro y conciertos.
Otro elemento que hace que el Salón Chino sea una estancia tan especial es la manera en que se entremezclaban los elementos orientales, tanto del tapiz como otros elementos de ornamentación, con el mobiliario de estilo versallesco que completaba la decoración del salón.
La visita al palacio
Ubicado en la Plaza del Marqués de Villamejor, en el corazón de Guadalajara, en la actualidad el sirve como escuela municipal de artes. Pero eso no significa que no se pueda visitar. De hecho, por tan sólo 1€, el palacio abre sus puertas a aquellos que lo quieran visitar los viernes a domingo y festivos, con ligeras variaciones de horario dependiendo de la época del año.
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