El palacete de Gaudí escondido en el norte de España: fue una de sus primeras obras y cuenta con una fachada llena de azulejos con forma de girasoles
Esta obra temprana de Gaudí, diseñada teniendo en cuenta la orientación del sol, combina ladrillo, cerámica y motivos naturales en una fachada reconocible.

El Capricho de Gaudí, proyectado entre 1883 y 1885 / Istock / Carlos Soler Martinez (KarSol Photo)
Entre las primeras obras de Antoni Gaudí hay una que no suele aparecer en el top de las listas, en parte porque queda lejos de Barcelona. El Capricho de Gaudí está en Comillas, en una zona donde predominan las casas de piedra, por lo que llama mucho la atención pese a estar algo apartado y prácticamente escondido.

El Capricho de Gaudí se encuentra en Comillas / Istock / CHRISTIAN
El edificio no es especialmente grande, pero sí muy reconocible. El color, la cerámica y la forma en que se combinan los materiales hacen que destaque desde el primer momento en el que lo descubren los viajeros que no necesitan conocer su historia para darse cuenta de que hay algo distinto en este edificio.

Redacción Viajar
Una de las primeras obras de Gaudí
El Capricho de Gaudí se construyó entre 1883 y 1885 por encargo del cuñado del marqués de Comillas, Máximo Díaz de Quijano, quien está detrás del nombre oficial del edificio, Villa Quijano.
A finales del siglo XIX, la localidad vivía un momento de crecimiento ligado a la burguesía y a los indianos que regresaban con dinero, lo que se tradujo en la construcción de edificios singulares y en una cierta apertura a proyectos arquitectónicos distintos.
En ese momento, Gaudí estaba empezando a definir su manera de trabajar, y es que es una de sus obras más antiguas junto a la Casa Vicens de Barcelona.

El capricho de Gaudí (Comillas) / Istock / chekyfoto
Todavía estaba lejos de obras como la Sagrada Familia, pero ya tenía algunas ideas bastante claras que han formado parte de su creatividad, como la presencia constante de referencias naturales, el cuidado por los detalles y una atención especial a cómo entra la luz en el interior.
Aunque si hay un elemento que define el Capricho de Gaudí es su fachada. Los azulejos de cerámica con forma de girasoles se repiten a lo largo del edificio y generan una imagen muy fácil de recordar.

'El Capricho de Gaudí' en la localidad de Comillas (Cantabria) / Istock / chekyfoto
Más allá de lo decorativo, los girasoles encajan con una idea que atraviesa toda la obra: la relación con la naturaleza plasmada en una combinación de materiales que incluyen el ladrillo, la piedra y la cerámica.
Una vez dentro, puedes percibir que la distribución no es casual. Las estancias se organizan teniendo en cuenta la orientación y la entrada de luz natural, algo poco habitual en una vivienda de finales del siglo XIX.
Qué tener en cuenta antes de la visita
Desde 2010, es un museo dedicado a explicar la genialidad del artista. El Capricho de Gaudí se puede visitar durante todo el año. El recorrido permite ver tanto el exterior como el interior, y ayuda a entender cómo está planteado el edificio. La entrada general cuesta 7 euros, mientras que las visitas guiadas valen 10 euros.
No es una visita larga, pero sí es recomendable hacerla sin prisa. Muchos de los detalles no son evidentes a primera vista, y parte del interés está precisamente en fijarse en ellos. Si puedes (y no encuentras mucha gente como suele ocurrir en verano), merece la pena rodearlo antes de entrar, para ver cómo cambia según el ángulo.
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