Parece Islandia, pero está en España: el paisaje volcánico más surrealista de Canarias tiene viñedos cultivados sobre ceniza negra y forma parte de una isla declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO
Este lugar conserva uno de los paisajes agrícolas más singulares de Europa, con viñedos excavados sobre lapilli volcánico y kilómetros de terreno cubierto por lava y ceniza negra.

Viñedos en La Geria, Lanzarote / Istock
En algunas zonas de La Geria te va a costar recordar que sigues en España. El paisaje, extraño incluso para quienes ya conocen otras zonas volcánicas de Canarias, está cubierto por ceniza volcánica negra, con carreteras que atraviesan antiguas coladas y cientos de viñas plantadas en hoyos circulares que forman una imagen completamente distinta a la de cualquier otra zona vinícola europea.

Vista aérea aérea de viñedos en ceniza volcánica / Istock
Esta parte de Lanzarote nació tras las grandes erupciones volcánicas del siglo XVIII y hoy se ha convertido en uno de los lugares más reconocibles de Canarias gracias a esta mezcla tan poco habitual de naturaleza extrema y agricultura tradicional.

Un territorio transformado por las erupciones del siglo XVIII
El aspecto actual de La Geria está directamente relacionado con las erupciones del Timafaya que afectaron a Lanzarote entre 1730 y 1736. Durante esos seis años, una serie de erupciones alteró completamente buena parte de la isla y pueblos enteros quedaron sepultados. Con ello, enormes superficies agrícolas desaparecieron bajo la lava y el paisaje cambió para siempre en distintas zonas del centro y oeste de Lanzarote.
Buena parte de La Geria quedó cubierta por una gruesa capa de lapilli volcánico (conocido localmente como picón o rofe) formada por pequeños fragmentos negros expulsados durante las erupciones.

Viñedos en el valle vinícola de La Geria, Lanzarote / Istock / Photographer: rusmor@gmail.com
Y, ante la adversidad, los agricultores descubrieron además algo fundamental en este territorio con muy pocas lluvias y fuerte exposición al viento: esa ceniza volcánica ayudaba a conservar la humedad del suelo durante más tiempo y protegía los cultivos de la evaporación.
A partir de ahí comenzó a desarrollarse un sistema agrícola completamente adaptado al nuevo paisaje volcánico. Los campesinos excavaron hoyos en el picón hasta alcanzar la tierra fértil inferior y plantaron las viñas en el interior de esos agujeros. Después levantaron pequeños muros semicirculares de piedra volcánica para proteger las plantas del viento atlántico y el resultado son estas formas tan singulares que ves hoy y que no vas a encontrar en otro lado.

Bodega de La Geria / Istock / t
La variedad predominante es la malvasía volcánica, muy ligada históricamente a Lanzarote y utilizada para elaborar algunos de los vinos más conocidos de Canarias. Muchas bodegas de la zona siguen trabajando además con sistemas bastante tradicionales y aprovechando las características particulares del terreno volcánico.
Una de las carreteras más impresionantes de Canarias
Una de las maneras que tienes de descubrir La Geria es recorriendo la carretera LZ-30, que atraviesa el corazón de la zona vitivinícola. El trayecto es muy popular porque, además de que la postal es espectacular, conecta varios de los paisajes volcánicos más conocidos del interior de Lanzarote y puedes ir viendo continuamente campos de viñas, coladas de lava y antiguos conos volcánicos.

La carretera LZ-30 de Lanzarote / Istock / 5
A lo largo del recorrido encontrarás también numerosas bodegas abiertas al público donde podrás probar vinos elaborados con uva malvasía volcánica. Algunas tienen la arquitectura tradicional lanzaroteña de color blanco que tanto destaca con el paisaje, y también pequeños lagares (donde se pisa la uva) históricos.
Lanzarote, César Manrique y la protección del paisaje volcánico
La imagen tan característica de La Geria también tiene bastante relación con la forma en que Lanzarote protegió históricamente su territorio.
Durante el siglo XX, el artista y arquitecto César Manrique defendió un modelo turístico muy ligado a la conservación del paisaje volcánico y de la arquitectura tradicional de la isla.
Esa influencia sigue bastante visible hoy y buena parte de Lanzarote mantiene construcciones bajas, fachadas blancas y limitaciones urbanísticas que evitaron transformaciones masivas en muchas zonas del territorio.
Precisamente esa relación entre paisaje natural, actividad agrícola y desarrollo urbano fue uno de los aspectos más valorados cuando la UNESCO declaró Lanzarote Reserva de la Biosfera en 1993.
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