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Paco es el último habitante de una pequeña aldea enclavada en la Sierra de Segura: “La gente como yo estamos en peligro de extinción. Esto va a desaparecer”

Después de más de 70 años, Paco no quiere dejar atrás el pueblo que le vio nacer.

El caserío de la Sierra de Segura con un solo habitante

El caserío de la Sierra de Segura con un solo habitante / Marczoutendijk

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Desafortunadamente, repartidos a lo largo del territorio español encontramos cada vez más pueblos al borde de desaparecer. Pueblos donde los vecinos de toda la vida se han ido marchando para ir a vivir a núcleos de población más grandes, en los que aquellos que se quedan se van haciendo mayores y no hay un relevo generacional. Esto es lo que ha sucedido en una pequeña aldea de la Sierra de Segura, en la provincia de Jaén, donde Paco es el único habitante permanente.

Paco vive solo en un caserío de la Sierra de Segura

Paco vive solo en un caserío de la Sierra de Segura / Istock / Flavio Vallenari

A unos 1.200 metros sobre el nivel del mar se asienta el caserío perteneciente al municipio de Santiago-Pontones donde vive Paco, que durante gran parte del año vive solo rodeado por las 14 casas que conforman el caserío. Esto llamó la atención del programa de TVE Comando Actualidad; cuando el reportero del programa le preguntaba “Eres el alcalde, eres el policía, eres el de mantenimiento. ¿El pueblo es tuyo?”, paso respondía con tono divertido: “Sí”. Esta simple respuesta resumía a la perfección la situación desesperante a la que muchas zonas de la España rural se enfrentan.

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Un vecino pluriempleado

Hace 70 años que Paco nació en este pequeño caserío de la provincia de Jaén, un lugar del que nunca ha querido irse. Paco es consciente de las dificultades que comporta el vivir prácticamente aislado y solo, pero asegura que no cambiaría su vida por nada en el mundo: “Porque amo la naturaleza, me gusta. Eso es lo que he vivido siempre”, responde cuando le preguntan por qué ha decidido quedarse allí. Aún así, sigue habiendo aquellos que no son capaces de comprender la decisión de Paco, preguntándole si “no tiene medo de que le pase algo y nadie se entere”. Ante esto, Paco admite de que efectivamente eso es algo que le preocupa, pero que este temor no es suficiente para alejarlo del lugar donde ha vivido toda su vida.

El día a día de Paco no tiene nada de aburrido. Al ser el único vecino que vive en el pueblo de manera permanente, Paco ha asumido las funciones de alcalde, policía, manitas, y cualquier trabajo que haga falta. Durante el invierno, cuando las casas permanecen cerradas, es Paco quien se encarga de comprobar que todo en el pueblo cumpla su función, que las calles estén limpias, que no pase nada en ninguna de las casas, etc. “La gente como yo estamos en peligro de extinción. Esto va a desaparecer”, asegura el hombre.

Paco recuerda perfectamente cómo era la vida en la aldea décadas atrás, cuando todas las casas estaban aún ocupadas de manera habitual y las calles estaban llenas de vida. En su tiempo hubo una escuela, una tienda, herrero, e incluso una modista. Había también un antiguo horno de leña ubicado junto a una de las viviendas, el cual servía como punto de encuentro para los vecinos, pero que tristemente hace tiempo que dejó de utilizarse.

La Sierra de Segura

La Sierra de Segura / Cardenasaaron

Volver a la vida durante unos meses

Cerca de la aldea de Paco se asienta otro de los caseríos pertenecientes al municipio de Santiago-Pontones, donde vive Justo, amigo de Paco. “Aquí hay mucha calidad de vida, pero muy poca variedad”, comenta Justo. Esta es quizás una de las razones por las que el pueblo permanece casi deshabitado gran parte del año, y es en verano o en épocas de vacaciones que las casas vuelven a abrirse.

Las casas del pueblo pertenecen a antiguos vecinos del pueblo que se mudaron a núcleos urbanos de mayores dimensiones, donde los servicios son mejores y donde hay más variedad en cuanto al ocio. Algunas de las casas pertenecen también a familias que, cuando el trabajo comenzó a escasear en la sierra, emigraron hacia Cataluña y la Comunidad Valenciana en busca de mejores oportunidades. Aún así, los descendientes de estos antiguos vecinos siguen regresando al pueblo de sus padres y abuelos, devolviendo la vida al caserío, aunque tan solo sea por unos pocos meses.