Hay vida en Ibiza más allá de Ushuaia: esta es la desconocida zona de la Isla Pitiusa donde reinan la calma, los mercadillos de pueblo y las calas secretas
Recorremos el norte de la Isla Pitiusa para descubrir la zona donde el ambiente bohemio, la paz y la tranquilidad reinan sobre el Mediterráneo.

Antes de que abrieran las discotecas más famosas de Europa, antes de que se popularizasen los hoteles con DJ, antes de que la Isla Blanca se convirtiera en la que no duerme en seis meses, antes de todo ello, ya existía Ibiza.
Hace apenas 100 años Ibiza era tierra rural y ganadera. Sus calas de agua transparente solo las conocían los oriundos baleares o, como mucho, los afortunados de clase alta que podían permitirse un barco en el que veranear recorriendo el Mediterráneo.
La primera ola de popularidad le llegó en los años 50. Durante 20 años, los bohemios de la península encontraron en la zona norte de Ibiza un refugio del mundo. El movimiento hippie asentó allí campamento y nunca terminó de marcharse, transformando la isla en el refugio de los espíritus inquietos y en busca de otro ritmo.
Hoy la isla es otra. La fama ha provocado que en temporada alta se encuentre muy masificada, y buena parte de su turismo va en busca de sol, fiesta y playa. Pero el secreto mejor guardado de Baleares es que el norte de Ibiza sigue manteniendo su magia intacta.

Qué ver en el norte de Ibiza
El área más inexplorada de la isla tiene algunos de sus tesoros más impresionantes. Además de numerosas rutas de senderismo que recorren su orografía, como las que se dirigen a la torre de Balansat o al pueblo de Balàfia, la zona está salpicada de pueblos llenos de encanto y calas de ensueño.

Pongamos por ejemplo el pueblo de San Carlos, el gran destino hippie de los 60. En él todavía sigue vivo el Bar Anita, lugar de encuentro de la época de la paz y el amor donde todavía se conserva una pared plagada de buzones donde los habitantes recibían la correspondencia en una zona donde el servicio de correos no llegaba a todas las viviendas. Cerca está el famoso Mercadillo de las Dalias,en el que los artesanos de la zona se juntan desde 1985.
También podemos visitar el pueblecito interior de Sant Joan de Labritja, una localidad pequeña y acogedora que parece salida de cuento. Cuenta con una iglesia del siglo XVIII, el famoso estanco Can Vidal donde comprar hierbas ibicencas y su mercadillo artesanal y ecológico de domingo.

Dónde dormir en el norte de Ibiza
A tiro de piedra de Sant Joan de Labritja, pero lo bastante apartado para cambiar el ritmo de los pasos, se encuentra el resort Six Senses de Ibiza. La cadena ha entrado por la puerta grande en Baleares apostando por un complejo con suites de lujo, gastronomía de producto, bienestar y una conexión total con el entorno. Cuenta con 137 alojamientos entre resdiencias, mansiones y suites de lujo.

Recorrer el resort es bucear en una mini ciudad de arquitectura rosada mediterránea y un paisajismo que crea estructura sin moverse un ápice de la vegetación autóctona. Entre estos edificios se encuentran alojamientos, la piscina infinita, tiendas de moda artesanal, el club infantil y las cinco propuestas de restauración: Partal, su última incorporación que bebe de la tradición española y árabe; Farmacy Bar, la coctelería; Beach Caves, su restaurante junto al mar de comida latinoamericana; Orchard, el italiano; y Farmer's Market, donde se sirve el desayuno. Todos ellos se abastecen de una granja privada, ubicada a escasos kilómetros del resort y practican cocina de mercado con producto impecable y elaboraciones frescas.


Bajo tierra, el spa es el centro neurálgico del resort. Haciendo honor a la cadena, Six Senses Ibiza tiene un gran foco en el bienestar, que se traduce en una amplia carta de tratamientos y un pequeño pero completo circuito de aguas.
Las calas en el norte de Ibiza
Desde el hotel podemos visitar su playa rocosa privada, en Cala Xarraca, casi un bocado dado por el agua transparente a la isla.

Los enamorados del mar querrán desplazarse a visitar Cala San Vicente, un arenal casi virgen debido a que permaneció aislada del resto de las poblaciones, sin acceso por carretera, hasta 1930.
Pero, si realmente queremos respirar la verdadera esencia del norte de Ibiza, nos tendremos que desplazar hasta Cala d'en Serra. En ella, un acantilado poblado de verdísimos pinos se recorta ante un mar turquesa. Hay una zona de arena y otra de piedras, y las casetas de pescadores le dan un aire todavía más auténtico. No muy lejos hay un antiguo proyecto de hotel en ruinas que hoy se visita por la calidad de los graffiti que se pintaron sobre sus paredes.

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