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Nadie la visita, pero esta aldea tiene dos premios europeos de arquitectura: está a más de 1.000 metros de altitud, hay solo 15 habitantes y es una de las aldeas rurales mejor conservadas de España

A 1.180 metros de altitud, en el rincón más remoto de toda la Comunidad Valenciana, sobrevive una aldea de apenas 15 vecinos que ha conseguido algo insólito en España: con su tamaño, guarda dos premios Europa Nostra, el máximo reconocimiento patrimonial de la Unión Europea.

La aldea despoblada con dos premios de arquitectura que está a más de 1.000 metros de altitud y es una de las mejor conservadas de España

La aldea despoblada con dos premios de arquitectura que está a más de 1.000 metros de altitud y es una de las mejor conservadas de España / Wikimedia Commons

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En las montañas de la Comunidad Valenciana, la arquitectura tradicional se ha convertido en una auténtica lección de conservación. La aldea ha encontrado una forma auténtica de aparecer en el mapa: recibir un reconocimiento que le hace único en todo el continente, y eso ha sido gracias a la intención de sus propios habitantes de conservar con mimo el patrimonio de la aldea. Algo que habla mucho de su ambiente vecinal y el valor de la identidad que sobrevive incluso frente a la despoblación de un pequeño pueblo a más de 1.000 metros de altitud.

Sesga, dependiente del municipio de Ademuz, es una pequeña comunidad de montaña situada en las faldas de la sierra de Tortajada. Lo que hace especial a este lugar es un casco histórico que se mantiene prácticamente intacto desde hace siglos. La aldea llegó a contar con 250 habitantes en el siglo XIX, para casi despoblarse por completo a mediados del siglo XX, víctima del mismo éxodo rural que vació media España.

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El reconocimiento por su primitiva identidad rural

Ha recibido dos premios europeos de Europa Nostra por la restauración de una vivienda tradicional y de su antigua escuela. Detrás de ambas intervenciones están los arquitectos y profesores de la Universidad Politécnica de Valencia Camilla Mileto y Fernando Vegas. Su trabajo partía de una idea sencilla: los edificios tradicionales esconden conocimientos que merecen la pena recuperar antes de que desaparezcan para siempre.

La arquitectura vernacular de Sesga

La arquitectura vernacular de Sesga / Wikimedia Commons

La historia comenzó en 1996, cuando ambos empezaron a organizar talleres con estudiantes en el Rincón de Ademuz. Por aquel entonces preocupaba la falta de conservación de los edificios tradicionales y la pérdida progresiva de las técnicas de construcción que durante generaciones habían definido la arquitectura de la zona. Surgió la idea de disponer de una vivienda donde poder experimentar, y ahí recibieron el primer premio Europa Nostra. Sobre los 2000, encontraron en Sesga una casa prácticamente en ruinas con un cartel de 'se vende'. El precio fue sorprendentemente bajo: apenas 600 euros.

Allí todavía no disponían de luz ni agua y la vivienda se encontraba en un estado muy inicial. La casa se convirtió en un laboratorio personal. El trabajo no se quedó entre las paredes de aquella casa. Durante el proceso publicaron el manual Renovar conservando, pensado para acercar sus conocimientos a los habitantes. Poco a poco, el proyecto también despertó el interés de otras instituciones y vecinos de la comarca, por lo que llegaron nuevas intervenciones, y consigo, el segundo premio Europa Nostra.

Las casas de Sesga (Comunidad Valenciana)

Las casas de Sesga (Comunidad Valenciana) / Wikimedia Commons

Entre ellas, la antigua escuela de Sesga, una obra especialmente importante, además del horno del cementerio y el lavadero. El objetivo era recuperar los conocimientos propios de la arquitectura local. Uno de los ejemplos más llamativos apareció al estudiar el uso del yeso. En la zona, algunos pilares tradicionales estaban construidos con este material. La investigación y las conversaciones con personas mayores que todavía conocían la técnica permitieron descubrir que la clave estaba en utilizar mucha menos agua de la habitual al preparar el yeso, consiguiendo así una resistencia muy superior.

La antigua escuela de Sesga

La antigua escuela de Sesga / Wikimedia Commons

Lo que se puede visitar hoy

La vieja escuela de Sesga se mantiene tal y como quedó el día que cerró sus puertas en 1964, con el globo terráqueo todavía sobre la mesa del profesor, convertida en una auténtica cápsula del tiempo. Sin olvidar que, muy cerca, se encuentra la barbería del cirujano-barbero del pueblo, que a su vez hace las funciones de Ayuntamiento y calabozo. Junto a este edificio, la aldea conserva un completo conjunto hidráulico formado por una fuente con pilón cubierto y abrevaderos, un lavadero público, y una antigua tejería en el extremo sur de la aldea, donde en el pasado se elaboraban tejas y ladrillos.

El conjunto hidráulico de Sesga

El conjunto hidráulico de Sesga / Wikimedia Commons

También merece la visita la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, del siglo XVIII, con torre y una cúpula decorada con pinturas de temática mariana. Junto al templo, los propios vecinos colocaron en 1993 un monolito en homenaje al párroco que impulsó su restauración. Para aquellos que buscan conectar con la naturaleza, aprovechando su entorno privilegiado, este destino se convierte en una joya para senderistas, ya que conecta con el Parque Natural de la Puebla de San Miguel. También se puede hacer el descenso por la Ruta del río Bohílgues en Ademuz.