Nadie lo visita, pero dicen que es "el mar Muerto de Aragón", perfecto para ir en octubre: tiene propiedades medicinales, se puede flotar en su agua salada y está en plena naturaleza
Cuenta con mayor salinidad que el mar Muerto pero es mucho más desconocido.

El mar muerto de España se esconde en un pueblo de Aragón. / Istock / Lubo Ivanko
Al pensar en aguas saladas donde flotar y dejarse llevar es lógico que se venga a la cabeza el mar Muerto, ubicado en las fronteras de Jordania, Israel y Cisjordania. A casi 4.000 kilómetros encuentra un hermano, en pleno corazón natural de la comarca de Somontano de Barbastro, en Huesca, en un paisaje tan distinto que pareciera mentira que está ahí "el mar Muerto de Aragón", oficialmente conocido como El Salinar de Naval.

Las salinas de un pueblo de menos de 300 habitantes son el mar Muerto de Huesca / Istock / Meynuit
Este pueblo de menos de 300 habitantes esconde cinco piscinas de sal donde es posible flotar sin hundirse ni hacer ningún tipo de esfuerzo. Son de distintos tamaños y, aunque la más profunda mide dos metros, es prácticamente imposible tocar el fondo porque su concentración de sal es mayor que la del famoso mar. Pero, a pesar de que hoy se le conozca con ese sobrenombre, no se creó con el objetivo de hacer un mar Muerto en miniatura.

Martín Álvarez
Una actividad económica con 10 siglos de historia
Su historia está muy ligada a la sal y la alfarería, la actividad artesanal que mantiene económicamente a Naval -además de las piscinas- y define su identidad. Por otro lado, la sal es uno de los minerales que más negocio han generado siempre, desde los albores del comercio, junto al pimentón o al azúcar. No solo para aderezar las comidas, sino como conservante de materias que viajaban de unos puntos del mundo a otros, como el bacalao.

El Salinar de Naval en pleno Somontano de Barbastro / Istock / Manuel Milan
El momento más álgido de la comercialización de este mineral fue durante la Edad Media. Según los documentos de la época, en Naval ya había actividad salinera en el año 1094, durante el reinado de Sancho Ramírez, padre del rey Pedro I de Aragón. Así se mantuvo hasta que dejó de ser la manera principal para conservar alimentos, pero sin olvidar su importancia. En 1845, Pascual Madoz escribió que “son indisputablemente las mejores que se conocen en España”.
La sal como reclamo turístico
A partir del siglo XIX aproximadamente, la sal de Naval dejó de emplearse tanto como conservante y pasó a explotarse para la gastronomía, la cosmética y el turismo. Ahora la sal aparece por todas partes cuando se hace una visita al pueblo: te bañas en ella, comes en su restaurante con ella en cada plato, te dan un masaje con ella y puedes llevarte a casa diferentes tipos para cocinar e incluso sales de baño para cuidar la piel desde el hogar.

Las salinas con el pueblo de Naval al fondo / Istock / Meynuit
Y es que los beneficios de las aguas del mar Muerto de Aragón son múltiples, pues cuentan con propiedades minero-medicinales. Por eso, se aconsejan para personas con psoriasis, acné o cualquier tipo de afección dermatológica. Así como para combatir el estrés y los problemas de insomnio. Si se acude a las piscinas, lo mejor es dejar secar la piel al aire y luego eliminar los restos con ayuda de una toalla para lograr el efecto exfoliante.
De las salinas a la alfarería
El otro pilar de Naval es la alfarería, y así se refleja en cada rincón del pueblo, como en el Centro de Interpretación de la Alfarería, que anteriormente fue la casa de Pedro Salanova, un alfarero de gran renombre allí. En su interior se conservan el obrador, el horno, las balsas de decantación y todas las herramientas necesarias para entender esta tradición que se remonta a la época en la que habitaban y compartían el territorio moriscos y cristianos.

Las casas del pueblo de Naval en la provincia de Huesca / Wikicommons. Basotxerri
Dejando a un lado la sal y la alfarería, en un paseo por aquí no debería faltar una parada en la colegiata de Santa María del siglo XVI. Se levantó sobre los restos de una antigua mezquita y se considera un buen ejemplo del estilo gótico aragonés. En ese mismo recinto están los restos del castillo feudalque hablan del gran poder del que gozaba Naval en aquella época, cuando, igual que hoy, salud, gastronomía y patrimonio se unían para hacer un lugar de retiro ideal para escaparse en octubre.
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