Nadie lo conoce, pero el primer geoparque de España está en Teruel: 43 municipios, seis comarcas y cuarto puesto en la lista general de geoparques mundiales
Nació en el año 2000 en un pueblo de 200 vecinos y hoy reúne 2.622 km² de patrimonio geológico turolense.

El Maestrazgo se presenta como uno de los cuatro "padres fundadores" de los geoparques en España. / Istock
El Geoparque del Maestrazgo ocupa 2.622 kilómetros cuadrados en la provincia de Teruel, repartidos entre 43 municipios de seis comarcas: Andorra-Sierra de Arcos, Maestrazgo, Bajo Aragón, Cuencas Mineras, Comunidad de Teruel y Gúdar-Javalambre. Se llega a él en poco más de una hora desde la capital turolense —91 kilómetros hasta Cantavieja, una de sus localidades de referencia— y en algo menos de dos horas desde Zaragoza, a 172 kilómetros. Con apenas 14.000 habitantes repartidos por todo el territorio, es una de las zonas menos pobladas del interior peninsular y, al mismo tiempo, uno de los archivos geológicos más completos de España: acumula 67 Lugares de Interés Geológico y dos entornos reconocidos de relevancia internacional.

Adriana Fernández
Ser geoparque no es lo mismo que ser parque natural. La figura, impulsada por la Unesco, no protege el territorio del uso humano: lo convierte en motor de desarrollo económico a partir de su patrimonio geológico, combinando investigación científica, educación ambiental y turismo sostenible. El Maestrazgo fue el primero de España en conseguirlo, aunque su camino no ha sido lineal —es también el único geoparque español que ha sido expulsado de la red internacional—, y esa historia de ida y vuelta explica buena parte de la posición que ocupa hoy.

Geoparque del Maestrazgo, Teruel / Istock
El origen: cuatro países y una reunión en un pueblo de 200 vecinos
En junio de 2000, representantes de cuatro territorios europeos se reunieron en Molinos, un municipio turolense de apenas 200 habitantes, para formalizar el nacimiento de la Red Europea de Geoparques. Los socios fundadores fueron la Reserva Geológica de Haute-Provence (Francia), el bosque petrificado de Lesbos (Grecia), el Geopark Gerolstein/Vulkaneifel (Alemania) y el entonces Parque Cultural del Maestrazgo (España). El concepto era nuevo en aquel momento: usar el patrimonio geológico como palanca de desarrollo para comunidades rurales, en lugar de limitarse a protegerlo.

Maestrazgo, Teruel / Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural. Departamento de Presidencia, Justicia, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón.
El paso siguiente llegó el 20 de abril de 2001, cuando se firmó en Almería el convenio de cooperación entre la Red Europea de Geoparques y la División de Ciencias de la Tierra de la Unesco. En febrero de 2004, en una reunión celebrada en la sede parisina de la organización, nació la Red Global de Geoparques, que ya integraba entonces 21 geoparques en 9 países, incluida China.

"Pasarelas de Valloré" en el Maestrazgo. Teruel / Istock
El episodio menos amable de esta historia llegó en 2016: el Maestrazgo perdió el respaldo institucional del Estado español, uno de los requisitos que la red exige de forma obligatoria a sus miembros, y esa carencia derivó en problemas administrativos que provocaron su expulsión. Fue, y sigue siendo, el único geoparque español que ha corrido esa suerte. La candidatura de vuelta se presentó en noviembre de 2019, una comisión de expertos de la Unesco llegados de Grecia y Japón evaluó el territorio durante una visita de cinco días en junio, y la reincorporación se formalizó el 10 de julio de 2020, tras el visto bueno del Consejo Ejecutivo en su 209ª sesión. En reconocimiento a su condición de socio fundador, recuperó el número cuatro que ya tenía antes de la expulsión —una posición que responde al orden de incorporación a la red, no a ningún criterio de calidad—. Hoy la Red Mundial de Geoparques de la Unesco suma 241 sitios en 51 países, una cifra que crece cada año con nuevas designaciones.
Un microcontinente propio: la geología explicada sin tecnicismos
El Maestrazgo se sitúa justo donde entran en contacto dos de las grandes unidades geológicas de la península ibérica: la depresión del Ebro, rellenada por sedimentos de la era cenozoica, y la cordillera Ibérica, cuyos depósitos mesozoicos forman parte de uno de los grandes contextos geológicos de España. Su registro rocoso cuenta una historia que empieza mucho antes de que existiera la propia península: durante millones de años, este territorio formó parte de un microcontinente independiente que después sufrió sucesivas deformaciones tectónicas, hasta que los ríos actuales fueron encajando su curso en el relieve que hoy se puede recorrer.

Ruinas del convento en Las cuevas de Cañart, Maestrazgo de Teruel / Istock / Carlos Puertolas
Esa historia se lee al aire libre en el Parque Geológico de Aliaga, el primero de su tipo en España, donde dos itinerarios señalizados suman 26 kilómetros y permiten repasar hasta 200 millones de años de procesos geológicos. Uno, de carácter científico, reúne 11 puntos explicados con placas cerámicas y paneles; el otro, pensado para todo tipo de público, agrupa 9 paradas más accesibles. Las visitas guiadas se ofrecen todo el año a las 10:30 horas, con reserva previa en el ayuntamiento y un mínimo de cinco personas por grupo; el precio de la visita no aparece publicado y conviene confirmarlo directamente con el consistorio.

Parque Geológico de Aliaga / @ 2022 Ayuntamiento de Aliaga
A menos de una hora de distancia, en Molinos, las Grutas de Cristal ofrecen otra ventana al subsuelo: un sistema kárstico declarado Monumento Natural en 2006, con 126 hectáreas de extensión, donde estalactitas, estalagmitas y formaciones excéntricas se visitan en un recorrido guiado de entre 40 y 60 minutos por la Sala de los Cristales y la Sala Marina. La entrada cuesta 9 euros para adultos, entre 5 y 6 euros para jubilados y niños, y es gratuita para menores de 6 años. En su interior se localizaron los restos humanos más antiguos documentados en Aragón, con unos 25.000 años de antigüedad.

Parque Geológico de Aliaga / @ 2022 Ayuntamiento de Aliaga
El tercer gran capítulo es paleontológico. El territorio conserva yacimientos con miles de huesos y huellas fósiles que han permitido describir nuevas especies de dinosaurio, entre ellas el primer dinosaurio definido formalmente en España, el Aragosaurus ischiaticus. Galve concentra buena parte de ese patrimonio, con un museo paleontológico abierto desde 1993 y el yacimiento de Las Cerradicas, valorado por conservar algunas de las huellas cuadrúpedas de iguanodóntidos más antiguas y pequeñas descritas hasta la fecha. Varios de estos puntos están conectados por la Carretera de las Huellas de Dinosaurio, una ruta señalizada de unos 50 kilómetros que enlaza los principales yacimientos de icnitas de la zona.

Parque Geológico de Aliaga / @ 2022 Ayuntamiento de Aliaga
El geoparque completa su patrimonio natural con cuatro Monumentos Naturales: las propias Grutas de Cristal, el Puente de Fonseca, el Nacimiento del río Pitarque y los Órganos de Montoro.
Cómo organizar la visita, por comarcas y con margen de tiempo
El punto de partida lógico depende del origen del viaje: desde Teruel capital, Cantavieja —91 kilómetros, poco más de una hora por la A-226— funciona bien como base para la zona sur del geoparque; desde Zaragoza, Aliaga queda a 143 kilómetros, aproximadamente 1 hora y 48 minutos. Dado el tamaño del territorio, lo razonable es dividir la visita por comarcas en lugar de intentar recorrerlo todo en un solo día: una jornada para Aliaga y su parque geológico, otra para Molinos y las Grutas de Cristal, y una tercera para el eje paleontológico de Galve y alrededores.

Vista de la plaza de Cristo Rey en Cantavieja con arcos de piedra y una torre histórica bajo un cielo azul en el Alto Maestrazgo / Istock
La mejor época para visitarlo es la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves para el senderismo y las rutas geológicas al aire libre. El verano permite ampliar horarios en algunos puntos, como las Grutas de Cristal, que en agosto abren de forma continuada de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 19:00 horas. Conviene tener en cuenta que se trata de territorio de montaña: los pueblos son pequeños, los servicios escasean fuera de los núcleos principales, la cobertura móvil es irregular en varios tramos y el contraste térmico entre estaciones —e incluso entre el día y la noche— puede ser notable.
Para dormir y comer, Cantavieja, Mirambel y La Iglesuela del Cid son los tres pueblos de referencia del geoparque, con la oferta hostelera más consolidada de la zona. En Cantavieja, el restaurante Cuatro Vientos trabaja con producto de proximidad —queso de Tronchón, jamón de Teruel, cuajada casera— y tiene el ternasco como plato recomendado. La gastronomía general del territorio gira en torno al Ternasco de Aragón, los embutidos derivados de la matacía, la caza menor y una repostería tradicional que incluye almendrados, tortas de alma y sequillos.
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