La muralla medieval más increíble de España está en un pueblo de 18 habitantes conocido como la joya del interior de Cataluña
Este pequeño pueblo esconde un secreto en forma de muralla medieval que lo convierte en uno de los más atractivos de Cataluña.

Una muralla era el principal elemento de un pueblo próspero en la Edad Media, pues cumplía funciones tanto defensivas como económicas al cobrar aranceles a quienes querían acceder al territorio delimitado por ella. Estas grandes construcciones que antaño no se erigían con el objetivo de que fueran más o menos bonitas, hoy se han convertido en monumentos que todo viajero busca conocer cuando viaja a ciudades como Ávila o pueblos como Palazuelos en Guadalajara. Pero no todas se mantienen en buenas condiciones.
En algunos lugares solo se conservan algunas piedras, mientras que en otros son las puertas las que quedan en pie, pero existe un pueblo cuyo censo no llega a registrar las 20 personas que se extiende en el interior de una fortaleza intacta. Se encuentra en el municipio Les Olugues, en la comarca leridana de la Segarra, y recibe el nombre de Montfalcó Murallat. Solo tiene dos calles en las que se reparten las quince viviendas que lo conforman y parece que no crecerá en breves. Sin embargo, sus encantos superan estos números.
Recorre Montfalcó Murallat
Se trata de un enclave perfecto para conocer un poco más a fondo la Cataluña de interior, esa gran olvidada que cuenta con una belleza igual -e incluso a veces superior- a la de su querida costa. Montfalcó Murallat solo tiene una puerta de entrada, Portal Villa Closa, coronada con dos arcos adovelados y con acceso directo a la plaza principal. En el centro de la plaza aún se conserva la cisterna que nutre a los vecinos del agua necesaria para el día a día. Cerca está también el horno comunal, donde se amasaba la harina y se elaboraba el pan.

Desde aquí, si tomamos el ramal derecho llegamos a la iglesia Sant Pere de Montfalcó. Este imponente templo lo fundó Bernat de Berga en el siglo XI, tomando como referencia algunos elementos que ya estaban allí construidos con anterioridad. Así, la torre circular de defensa se utilizó para dar forma al ábside, al que más tarde se añadieron dos capillas anexas, el coro y la torre del campanario. Esto se sabe gracias a los documentos que han pervivido en el tiempo, pero actualmente solo se pueden ver el ábside y la puerta de entrada.

Desde lo alto de la torre se contemplan las vistas más espectaculares del valle en el que se enclava este precioso pueblo, por lo que, a pesar de parecer simples ruinas, ofrecen una enorme satisfacción al visitante que de verdad desea conocer todos sus entresijos. Regresando a la plaza, observamos otro camino que va hacia la izquierda. Si lo tomamos, llegamos a la zona habitada cuya senda va perfilando la muralla desde el interior. Las calles empedradas son ideales para pasear y, por qué no, llenar nuestro carrete de imágenes únicas.
Un entorno repleto de belleza y una gastronomía inigualable
En los alrededores de esta pequeña villa hay opciones para practicar senderismo. Una buena ruta es la de los castillos de Sió, un reflejo de cómo era el territorio durante los siglos X y XI y cuya peligrosidad explica el porqué de la muralla de Montfalcó. A unos pocos kilómetros se ubica el pueblo de Les Oluges, algo más grande que el anterior y enclavado en pleno valle alto de la ribera del río Sió. Aunque también cabe destacar la gastronomía de la comarca, repleta de delicias tradicionales que solo pueden degustarse aquí.

En Montfalcó de Murallat tan solo hay un restaurante, pero es más que suficiente para probar platos típicos que se basan en productos del mar y la montaña: calçots, romesco, setas, zarzuela, suquet de peix... Además, en la Segarra hay una potente tradición ganadera, por lo que también destacan carnes como el cordero al horno. Y por supuesto lo extraído de la tierra, que deriva en platos como las habas a la segarrense o las patatas viudas. Todo ello en un marco de tranquilidad como el que otorga estar en un pueblo amurallado.
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