Ni Mura, ni Rupit: el pueblo más especial de Cataluña es medieval, tiene 200 habitantes y te sorprenderá con sus calles
Cataluña guarda todavía muchos secretos entre preciosos pueblos medievales como este.

Los pueblos medievales catalanes destacan por su tranquilidad, su arquitectura de piedra, su ubicación en mitad de la montaña, sus bosques y muchas otras características que suelen repetirse. Algunas de estas joyas más populares son Mura, un precioso pueblo enclavado en medio de la naturaleza, o Rupit i Pruit, una pintoresca aldea que se alza sobre un desfiladero.
Pero son muchas más las que se esconden en Cataluña y donde se pueden descubrir cientos de historias y secretos que no todo el mundo conoce. Este encanto singular que deja prendado a todos los visitantes lo tiene una villa de 212 habitantes ubicada en la sierra de Rossinyol, concretamente en el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt y L'Obac, a tan solo una hora y media de Barcelona.
Un pueblo que se recorre paseando
En la cima de una colina se encuentra Talamanca, una auténtica maravilla escondida en el Bages. Son varios los monumentos que pueden visitarse allí, pero lo que verdaderamente merece la pena es pasearse por sus laberínticas calles empedradas. Entre ellas nos topamos con edificios como la iglesia de Santa María de Talamanca, cuyos cimientos se pusieron en el año 1038, pero la construcción actual es de la época románica.

Desde ella surgen dos posibles caminos. Si se sigue por la parte de arriba, se alcanza el monumento que honra la Batalla de Talamanca que sucedió en el año 1714. En ella combatieron el ejército de Cataluña contra las tropas borbónicas de Felipe V. Además, funciona como una suerte de mirador desde donde contemplar el entorno y los diferentes puntos estratégicos que sirvieron para librar esta guerra.

Hacia el otro lado está la calle de la Font, con la Fuente de Talamanca del año 1638 situada en el centro. Esta zona era una de las más concurridas por los antiguos vecinos, pues el lugar de donde brota el agua se convertía automáticamente en punto de encuentro para lavar la ropa, rellenar bidones y conversar mientras tanto. Aquí mismo se erige un acero negundo, árbol centenario declarado Bien Cultural de Interés Local.
Entre castillos y edificios antiguos
Detrás del monumento se encuentra el castillo, que durante años estuvo habitado por la familia Talamanca. La fortaleza que vemos hoy es del siglo XVIII, posterior a la batalla, pero realmente existió desde mucho antes. En su interior, en la sala de armas, está también el Centro de Interpretación de la Batalla de Talamanca, donde podemos acercarnos más a los sucesos acaecidos en este pueblo.

Si continuamos con nuestro paseo, llegamos a la calle Nueva y descubrimos la Tina de Ca la Jana que, como muchas otras de la zona, se creó entre los siglos XVIII y XIX. Después vemos la plaza de los Saldoners, un espectacular mirador hacia la montaña de Montserrat. Entre la calle Mura y la avenida de la Quintana, no podemos dejar de visitar el Roble de Quintana, otro árbol centenario de Talamanca.

A las afueras se ubican la masía más antigua, del siglo IX, Mas el Molí del Menut, y la ermita románica de Santa Magdalena. Y antes de abandonar Talamanca, todo visitantes debería degustar sus productos locales, sobre todo la carne a la brasa, el aceite, el vino y por supuesto la miel ecológica y sus derivados. Es el pueblo perfecto para descubrir en cualquier época del año, sobre todo para quien vive en los alrededores de Barcelona.
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