"Todo el mundo debería verla una vez en la vida": la gran muralla europea está en España, no es la de Ávila y te dejará con la boca abierta
Esta impresionante muralla se encuentra en una de las ciudades más infravaloradas de España y no te la puedes perder.

Las murallas tienen un encanto muy singular que dejan prendado a todo aquel que las visita. Puede ser por su magnificencia, por el hecho de saber que muchos siglos atrás sirvieron para defender un pueblo entero o por sentirse un caballero o una dama medieval paseando sobre ellas. Hay algunas que gozan de gran popularidad, como las de Ávila, Lugo o Tarragona, pero hay otras que sobrepasan récords europeos y no son tan laureadas, a pesar de ser un gran símbolo de riqueza histórica de la ciudad en la que se encuentran.
La gran muralla europea, la más extensa del continente, cuenta con una longitud de 6.541 metros y su construcción se culminó en el siglo XII como fortaleza musulmana. Para conocerla y recorrerla -gratis- de principio a fin hay que viajar hasta la ciudad de Badajoz. Entre sus coquetas callejuelas del casco antiguo y junto a la Plaza Alta se encuentra la Alcazaba. Esta gran fortificación fue testigo de la creación de la urbe tal y como la conocemos de la mano de Ibn Marwan en el siglo IX y de posteriores modificaciones y añadidos a lo largo de tres siglos.
La muralla más extensa de Europa y su gran historia
Sus primeros muros eran de argamasa, pero ya marcaron el carácter y el poder de Badajoz como bastión militar de la época. Con el paso del tiempo tuvo que ir haciéndose a las nuevas tecnologías, como la llegada de la pólvora. La Alcazaba es un gran ejemplo de evolución de ingeniería militar adaptada a ese momento de la historia. Hasta el siglo XIX no hizo más que fortalecerse ante los conflictos que reinaban en su vecino Portugal y Badajoz se consolidó como símbolo de resistencia ante los sucesos históricos que acontecían en su entorno.

Uno de esos episodios que resistió fue el asedio de 1812, durante la Guerra de la Independencia, liderado por el que posteriormente sería el duque de Wellington. En la historia, tanto de la ciudad como militar, es una muralla muy firme ante cualquier situación de peligro, siempre resurgiendo de sus cenizas como un ave fénix. Ante los ojos de la actualidad, es única por su tamaño, sin olvidar la importancia que tuvo hace siglos. A día de hoy pueden visitarse diversos puntos de la misma como sus cuatro puertas: del Alpéndiz, del Capitel, de Yelves y de la Coraxa.

También cabe destacar la Torre del Espantaperros, que sirvió de inspiración para la famosa Torre del Oro de Sevilla; así como el resto de sus torres flanqueantes, la de los Acevedos, la de la Horca, la del Alpéndiz, la del Pendón y la de Santa María. En su interior el Palacio de los Condes de Roca, que es la sede del Museo Arqueológico de la provincia Badajoz; además de sus jardines, los restos de la iglesia que se construyó sobre las ruinas de la antigua mezquita mayor, la Torre del Palacio Episcopal o la sede de la Biblioteca de Extremadura.

Un paseo por Badajoz
El atardecer desde allí es una auténtica maravilla, contemplando las vistas sobre la parte antigua bien diferenciada de la parte más moderna de la ciudad. La gran muralla pacense no tiene nada que envidiar a la de Ávila, como tampoco lo tiene la propia ciudad. Muchas veces eclipsada por Cáceres o Mérida, Badajoz deja de ser una actriz secundaria para pasar a ser la protagonista de los viajes de aquellos que se lanzan a visitarla. Pasear por sus calles antes y después de visitar la Alcazaba al atardecer es un viaje por diferentes épocas que no deja a nadie indiferente.

La Plaza Alta es una de las plazas principales más bonitas de entre todas las ciudades de España, con unas curiosas fachadas que son la muestra de la excelente arquitectura de estilo mudéjar que se plasma en sus fachadas blancas y rojas. Es un buen punto de partida para explorar las calles aledañas que el primer sábado de cada mes se llenan de puestos de antigüedades y artesanía repartidos por la misma plaza y las calles San Juan y Moreno Zancudo en lo que se llama Rastro de Artesanías y Antigüedades.

Si bajamos por la calle Francisco Pizarro nos topamos con otras dos joyas pacenses: la Giralda, replica de la sevillana, y Las tres campanas, una antigua juguetería reconvertida en gastrobar. En San Juan se abre paso la catedral de San Juan Bautista que se acerca más a un castillo medieval que a un templo religioso y que conserva en su interior el primer libro de gramática castellana. Al otro lado de la Alcazaba está la Puerta de Palmas con el escudo imperial de Carlos V en lo alto y el puente homónimo que cruza sobre el río Guadiana.

Pero si por algo -más- destaca Badajoz, es por sus impresionantes carnavales. Quien no haya tenido la suerte de vivirlos en primera persona, puede conocer más sobre ellos en el Museo del Carnaval. Y, por supuesto, degustar la deliciosa gastronomía extremeña, muy tradicional y con algunos toques modernos. Si bien son recomendables todos sus platos y productos, desde las migas hasta la Torta del Casar, nadie debería abandonar la ciudad sin catar sus desayunos. Porque sí, son los mejores de España y quienes los hemos probado no aceptamos discusión.
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